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The Guardian en español

El diario de guerra que nadie esperaba: las confesiones del hijo del presidente de Irán

El presidente de Irán, Masud Pezeskhian (centro), durante los actos de celebración por el 47º aniversario de la revolución el 11 de febrero.

Patrick Wintour

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En un diario, un iraní deja por escrito sus dudas sobre el desenlace de la guerra y hasta derrama una lágrima por el impacto que el conflicto está teniendo en su abuela. No tendría nada de extraordinario de no ser porque el autor es el hijo de Masud Pezeshkian, presidente de Irán.

Las reflexiones diarias en las redes sociales de Yusef Pezeshkian, de 45 años, demuestran una lealtad feroz a su padre, cirujano del corazón elegido presidente en 2024, al que dice no haber visto desde el inicio de la contienda. También ofrecen un panorama sobre el esfuerzo bélico, sobre el impacto que está teniendo en los iraníes de a pie y sobre las formas en que cree que la lucha podría ser más eficaz.

En las confesiones de Yusef Pezeshkian, profesor adjunto de física, no hay secretos oficiales de Estado (dice que no tiene acceso a ninguno) y se cuestiona el valor de conocer cierta información 48 horas antes que los demás. Él sostiene que se entera de lo que ocurre por televisión o por las redes sociales, pero en una sociedad sometida a una fuerte censura como la iraní, su diario es una ventana a las fluctuantes esperanzas y temores de un simpatizante del Gobierno que, además, lo conoce de cerca.

“Al mediodía se oyeron misiles, estaba lloviendo”, escribe en una entrada. “El tiempo en Teherán se había puesto agradable, casi de primavera; ojalá tuviera una cámara para fotografiar las hermosas vistas de la ciudad; ojalá no hubiera guerra y pudiera llevar a mi mujer y a mis hijos a pasear por las calles”.

Pezeshkian muestra su enfado por el bloqueo de Internet impuesto por el Gobierno iraní y por la censura informativa. También se posiciona sobre la disculpa que su padre ofreció a los países del Golfo, blanco de los misiles iraníes.

“Nadie se pone de acuerdo en cuánto tiempo debemos luchar”

En un parque sin gente, un amigo le contó que “unas noches antes había soñado que un misil caía cerca de su casa; al día siguiente, cogió lo imprescindible de la casa y mandó a sus hijos a casa de la abuela materna”. Luego añade: “Ayer su sueño se hizo realidad, la casa quedó destruida”. Después reflexiona: “Mientras contaba la historia, a mi amigo le temblaban las manos; nos reímos cuando le dije: 'Pregúntale mañana a tu sueño cómo acabará la guerra’; uno puede encontrar excusas para reírse incluso en medio de la preocupación”.

Imagen de los asistentes al funeral del jefe de Seguridad de Irán, Ali Larijani, el 18 de marzo.

Cuando escribe sobre las decisiones en torno a la guerra, Pezeshkian revela los debates que hay dentro de Irán: “En lo que nadie se pone de acuerdo es en cuánto tiempo debemos luchar. ¿Para siempre? ¿Hasta la destrucción total de Israel y la retirada de EEUU? ¿Hasta la destrucción total o la rendición de Irán? Debemos revisar cuáles son los escenarios para el fin de la guerra. ¿Cuál es el más probable? ¿Cuál es deseable para nosotros?”.

“Tomar las decisiones correctas requiere información”, escribe en otra entrada. “Debemos estimar nuestra capacidad de suministro de armas. 1- ¿Cuántos meses de combate pueden aguantar nuestras reservas de misiles y nuestra capacidad de producción de misiles? 2- ¿Cuántos meses lleva el enemigo preparándose para la guerra? En otras palabras: ¿será mayor nuestra resistencia o la del enemigo?”.

Sí, tenemos defectos, hemos cometido errores, no somos infalibles; pero nuestros errores no alcanzan un nivel que nos haga culpables o que dé la razón a Israel y EEUU en esta guerra

Yousef Pezeshkian

Convencido de que los líderes iraníes tienen razón, Pezeshkian se pregunta “cuál es el bando que miente”. “¿Buscaba Irán una bomba nuclear? ¿Quería Irán atacar a Estados Unidos? ¿Mató el Gobierno a 40.000 personas? [una aparente referencia a la cruenta represión del Gobierno iraní contra las protestas de enero, en la que la estimación del número de muertos oscila entre varios miles y más de 35.000]. Bueno, cuando una de las partes miente constantemente, ¿por qué confiar en ella?”.

“Sí, tenemos defectos, hemos cometido errores, no somos infalibles; pero nuestros errores no alcanzan un nivel que nos haga culpables o que dé la razón a Israel y EEUU en esta guerra”, escribe. “Afirmo con seguridad que Dios no está del lado de EEUU”, insiste.

Pezeshkian admite que, en ocasiones, escribir el diario le resulta difícil: “A veces, las palabras y los pensamientos que quiero expresar son como un mosquito zumbando alrededor de mi cabeza; se escapan volando cuando intento atraparlos; esto es lo que hace que escribir sea tan agotador”.

Consume las noticias como cualquiera. A veces, oye rumores. “Las noticias dicen que han atacado la isla de Jarg. Pero solo las instalaciones militares. Querían amenazar con que pueden atacar. Sí, pueden atacar”, escribe. “Entonces Irán ataca otros lugares. Luego ellos suben la apuesta y nosotros elevamos el nivel del conflicto con ellos. La pregunta es hasta dónde pueden elevarse las tensiones”.

“Nada es normal”

Algunas noticias lo conmueven: “A partir de las tres de la tarde, en las redes se difundió la noticia del martirio de Ali Larijani, de su hijo, de algunos de sus diputados y del comandante de los Basij [la milicia paramilitar]”. “Verdaderamente no quería creerlo. No debemos permitir que el enemigo culmine otro asesinato. Seremos derrotados si no podemos detener la maquinaria asesina de los sionistas”, vaticina.

Las publicaciones de Pezeshkian revelan que conoce las críticas contra el Gobierno de Irán y contra su padre, especialmente por la decisión del 7 de marzo de pedir perdón a los países del Golfo. “Un deber ético”, en su opinión. “Sé cuánto se esforzó mi padre por mejorar las relaciones con los vecinos y con los países musulmanes de la región. Es terrible que para defendernos tengamos que atacar bases estadounidenses en nuestros países amigos. No sé si entienden nuestra situación”. “Vamos a necesitar a nuestros vecinos”, plantea.

El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, en una imagen de archivo.

Escribe que la resistencia y la unidad nacional salvarán a Irán, un país que, insiste, no está a punto de caer en el desánimo y que tiene los medios para luchar varios meses más. Pero también incluye momentos más personales. “Tras 19 días de guerra, hoy por fin he llorado, en varias ocasiones”, escribe.

“Había ido a ver a mi abuela. En la primera semana de la guerra, ni siquiera le habían dicho que habían hecho mártir al líder. Ella no sabía nada de nada. Preguntó por qué en todas partes mostraban la foto del líder… Más tarde se enteró y lloró por todos los mártires”. “Cuando me vio, se echó a llorar, y yo la consolé y le sonreí, diciéndole que todo era normal, que no había pasado nada. Que era la guerra. Que nos atacan y nosotros respondemos, y así sucesivamente”, detalla. En cuanto salió de la casa de la abuela, se derrumbó entre lágrimas. “Nada es normal”, concluye.

Traducción de Francisco de Zárate

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