Científicos del SETI descubren que llevamos décadas haciendo mal la búsqueda de vida inteligente en el espacio
“¿Hay alguien ahí?”. Si alguna civilización extraterrestre ha estado enviando esta pregunta en dirección a la Tierra en los últimos 70 años es posible que se nos haya ido a la carpeta de spam. La razón, según acaban de descubrir dos científicos del Instituto SETI, es que estamos buscando un tipo de señal de radio o “tecnofirma” de banda estrecha sin tener en cuenta la perturbación electromagnética que producen las estrellas en estas señales.
En el artículo, que se publica en el Astrophysical journal, Vishal Gajjar y Grayce C. Brown revelan cómo el “ensanchamiento espectral” producido por muchas estrellas deforma las posibles señales emitidas desde los planetas próximos hasta hacerlas irreconocibles para nuestros sistemas de rastreo. “Es muy posible que haya civilizaciones alienígenas ahí fuera transmitiendo señales y simplemente no las hemos captado porque se han ensanchado más allá del reconocimiento y no hemos sido capaces de verlas”, explica Brown a elDiario.es. “Y esa podría ser la repuesta a ese silencio cósmico, por el cual no hemos detectado nada en las últimas décadas”.
Una ‘niebla cósmica’
Desde 1959, el escaneo del cosmos en busca de otras civilizaciones se ha centrado en la búsqueda de señales de radio de banda estrecha (de menos de un hercio), que se diferencian del ruido de fondo y nos darían una pista sobre su posible origen artificial. “El espacio no está vacío y el gas ionizado interfiere con la luz y pueden hacer que las señales de banda estrecha se dispersen”, explica Brown. “Así que buscamos algo brillante y nítido, como una línea única en nuestros gráficos, pero en realidad, probablemente se parecerá más a un pico débil, e incluso, si se dispersa demasiado, puede que no lo veamos”.
Es muy posible que haya civilizaciones alienígenas ahí fuera transmitiendo señales y simplemente no las hemos captado porque se han ensanchado más allá del reconocimiento y no hemos sido capaces de verlas
Para entenderlo gráficamente, nuestros radiotelescopios han estado buscando una señal extraterrestre nítida, como si intentaran sintonizar un dial exacto en una emisora de radio o encontrar el haz de una linterna en la oscuridad, pero una espesa niebla cósmica aplasta y difumina cualquier posible señal, esparciendo su energía hacia los lados. En su trabajo, Gajjar y Brown calculan que si una civilización emitiera una señal de 1 hercio y el clima espacial la ensanchara hasta los 10 hercios, la fuerza máxima de esa señal se degradaría drásticamente, perdiendo hasta el 94% de su pico original. Esto significa que los filtros de detección estándar simplemente pasarían por alto la señal, confundiéndola con el ruido de fondo.
Este efecto de difuminado cobra especial importancia si tenemos en cuenta que las estrellas más afectadas son las enanas rojas, que representan cerca del 75% de la población estelar en nuestra galaxia y son los grandes objetivos para buscar vida debido a su abundancia y extrema longevidad. Los científicos simularon una búsqueda de radio a 1 GHz orientada hacia un millón de estas estrellas cercanas y descubrieron que, por sus condiciones de viento estelar, más del 30% de los sistemas deformarían la señal más de 10 hercios, haciéndolas virtualmente invisibles para nuestra tecnología actual.
Afecta a nuestros mensajes
Los autores también han analizado cómo afecta este efecto a los mensajes de radio enviados por la humanidad al cosmos. Según sus cálculos, debido a que la Tierra orbita a una distancia considerable de nuestra estrella, las señales que emitimos hacia el espacio exterior apenas sufren este “ensanchamiento” o difuminado, siempre y cuando no cometamos el error de transmitir apuntando directamente “a través” o muy cerca de la corona del Sol. De hecho, admiten, este es un aspecto que hasta ahora no se había tenido en cuenta.
“Nosotros, los humanos, creamos tecnofirmas, emitimos señales de radio y hemos tenido sondas que orbitan el Sol, y hemos notado el ensanchamiento espectral en sus señales de comunicación”, explica Brown. “Esto se ha notado desde que empezamos a enviar sondas al sistema solar, así que sabemos que puede causar problemas”. De hecho, las primeras pistas sobre la distorsión electromagnética que el viento solar puede ejercer sobre las señales de radio se obtuvieron cuando nuestras sondas más lejanas, las Voyager y las Pioneer, enviadas a las profundidades del espacio en la década de 1970, pasaron por detrás del Sol desde nuestra perspectiva y rozaron la corona solar.
“La idea en sí no es del todo nueva, pero es la primera vez que se describe con detalle”, explica a elDiario.es Vishal Gajjar, autor principal del artículo. “En 2021, durante discusiones internas, consideramos realizar un estudio en frecuencias de radio bajas (por debajo de 100 MHz) y pensábamos en la distancia a la que tendríamos que observar el Sol para minimizar sus efectos. Esto me llevó a considerar que, si el Sol ya provoca un ensanchamiento espectral de las señales, un efecto similar podría ocurrir también en planetas que orbitan otras estrellas, y necesitamos cuantificar este efecto”.
No es un muro insalvable
La buena noticia es que este hallazgo es reversible: se puede aplicar un filtro a partir de ahora para reconocer estas señales e incluso revisar las señales del archivo histórico y que pasaron como ruido de fondo. “Si se dispone de los datos originales, debería ser posible recuperar parte de la sensibilidad perdida mediante el desarrollo de algoritmos de búsqueda de señales mejor ajustados para detectar estas señales ensanchadas”, indica Gajjar. “También podríamos revisarlos y buscar señales que podrían haber pasado desapercibidas”.
Si se dispone de los datos originales, debería ser posible recuperar parte de la sensibilidad perdida mediante el desarrollo de algoritmos de búsqueda de señales mejor ajustados
Para remediar esta especie de ceguera cósmica, los científicos recomiendan actualizar las estrategias de rastreo del proyecto SETI. Piden que en las futuras instalaciones, como la red de telescopios de baja frecuencia SKA-Low, se utilicen algoritmos y filtros “conscientes del grosor”. “Siempre es posible que los alienígenas sean mucho más tecnológicamente conscientes que nosotros y sepan cómo evitar el ensanchamiento espectral”, admite Brown. “Pero definitivamente tendremos que cambiar y saber que estas señales que buscamos deberían estar dispersas, y que si vemos una señal perfectamente estrecha y nítida, es casi seguro que no proviene del espacio interestelar, sino que es interferencia terrestre (emitida desde la propia Tierra)”.
Mensajes de “alas ensanchadas”
Mike Garrett, presidente del Comité Permanente SETI de la Academia Internacional de Astronáutica (IAA), considera que este es un artículo interesante y valioso, y particularmente importante para los sistemas de enanas rojas, cuyo entorno es más denso y activo. “Para estrellas más brillantes de la secuencia principal, como nuestro Sol, los planetas en la zona habitable tienen que estar mucho más lejos de la estrella, por lo que estos efectos suelen ser menos severos”, asegura. A su juicio, el trabajo obliga a ir más allá de las señales de banda extremadamente estrecha y prestar mayor atención a señales de banda más ancha o más complejas. “Si los entornos estelares pueden difuminar las señales intrínsecamente estrechas, entonces las estrategias de búsqueda que dependen menos de suposiciones idealizadas de banda estrecha adquieren mucha más importancia”, afirma.
El astrónomo Jose Carlos Guirado cree que este fenómeno añade un escollo más a la búsqueda de vida alienígena, pero no elimina la necesidad ni la eficacia del SETI. “Buscábamos señales de banda estrecha y ahora habrá que buscar señales con las alas ensanchadas”, asegura. “Cuando empiece a funcionar el radiotelescopio SKA (Square Kilometre Array), tendrán que estar atentos no solo a los picos de frecuencias significativas, sino a los picos con extensiones”.
Esta investigación nos ayuda a refinar nuestras expectativas, mejorar nuestras estrategias de búsqueda e interpretar mejor lo que vemos —o no vemos
Fernando Ballesteros, astrofísico de la Universidad de Valencia, admite que los esfuerzos SETI pueden haberse visto emborronados por la actividad estelar, pero destaca que es un efecto que depende de la configuración geométrica y no se va a dar en todos los casos. “Cuando el exoplaneta esté más cerca de nosotros que de su estrella apenas se dará ensanchamiento por la turbulencia de su viento estelar, con lo cual puede ser un factor limitante pero no puede ser la explicación al gran silencio”, asegura.
Chenoa Tremblay, del Instituto SETI, cree que este es un paso crucial para el campo, ya que nos permite pasar de una búsqueda indiscriminada a una búsqueda más inteligente y fundamentada en la física. “Esto me resulta especialmente emocionante porque nos está ayudando a avanzar hacia una imagen más completa de cómo podría ser una verdadera tecnofirma después de viajar a través del espacio interplanetario e interestelar”, asegura. “Esta investigación nos ayuda a refinar nuestras expectativas, mejorar nuestras estrategias de búsqueda e interpretar mejor lo que vemos —o no vemos—. Comprender la propagación de las señales es tan importante como construir telescopios más sensibles, y juntos, estos esfuerzos están dando forma a la próxima generación de experimentos SETI”.
En opinión de Eva Villaver, astrofísica y subdirectora del IAC, siempre se puede argumentar que esto afecta en mayor medida a las posibles señales emitidas en planetas muy cercanos a estrellas pequeñas y que hay muchas dudas acerca de la posibilidad de vida en estos sistemas. “Pero, sobre todo, y más allá de los detalles específicos de los cambios que habrá que introducir en los rastreos de SETI, lo que este estudio viene a recordarnos es la dificultad de la aventura científica en la que estamos embarcados y que, en lo que respecta a la búsqueda de vida inteligente, vamos literalmente a ciegas”.
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