La cava de raíces de helechos en el Bailadero, Garafía

Raíces de helechos.

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Desde el siglo XVI las helecheras de La Palma tuvieron un destacado protagonismo en el agro insular. Viendo tal cúmulo de referencias de propiedad de “helecheras” en los protocolos notariales no hacen dudar si realmente fueran en sus orígenes utilizados solo en tiempos de hambrunas o por el contrario era un alimento usual y cotidiano en la gastronomía de los campesinos menos pudientes.

El investigador palmero Luis Agustín Hernández Martín en su trabajo: “Protocolos de Blas Ximón, escribano de la villa de San Andrés y sus términos (1546-1573)”, publicado en 2014 por Cartas Diferentes Ediciones, recoge una infinidad de referencias de helecheras. Valgan estos tres ejemplos:

1551. “… un pedazo de tierras helecheras en el mismo término”.

1551. “… dio en dote la tercera parte de las helecheras”.

1551. “… por abajo con tierras asimismo de Marcos Roberto y por arriba con tierras helecheras”.

El primer relato extenso descriptivo que conocemos de la utilización de las raíces de helecheras para hacer harina y consecuente alimento en forma de pan o bollos lo aporta el palmero Antonio Lemos Smalley (1788-1867). La revista de antropología Eres publica en el año 1989, con introducción de Manuel Hernández González, “Usos y costumbres de los aldeanos de esta isla de La Palma escrita por Antonio Lemos Smalley, natural de la misma isla”. El profesor Hernández González apunta que el trabajo del palmero lo debió escribir entorno a 1846 y más tarde lo remite a José Agustín Álvarez Rixo en el Puerto de la Cruz. 

Antonio Lemos Smalley (1788-1867) desarrolla varios interesantes apartados de la vida cotidiana de los “aldeanos” palmeros, el erudito escritor “perteneció a los grupos sociales superiores de la capital palmera”. Posiblemente sería una de las pocas personas que sabían leer y escribir en esos tiempos de entre los siglos XVIII y XIX en La Palma.

Lemos recoge un apartado que titula “sus alimentos”, tanto para las personas ricas y pobres diciendo:

 “Sus alimentos son en los ricos gofio, pescado y algunos días carne; y en los pobres el pan que hacen con harina de raíz del helecho, que cavan, pican, secan y muelen, lo que suelen mezclar con salvado o afrechos de trigo, haciendo panes negros y correosos, pero de buen sabor; y los muy pobres nada le mezclan y lo llaman “bollo estreme”, que regularmente cocinan en un tostador, a lo que le suelen agregarles mojo de mucha pimienta o alguna cosa que llaman “conduto” y viene a ser pescado seco, fruta pasada, etc. Pues todo lo que puede valerles algo lo traen a vender a la ciudad para sus otras necesidades”.        

Continua Lemos: “El helecho de que hacen el pan lo cavan en los montes a larga distancia de sus pueblos, donde van en ranchos o caravanas, y están treinta o cuarenta días comiendo frutas solas y durmiendo en chozas, vienen los sábados a mitad del camino con sus haces al hombro, o a la cabeza, y allí van a descargarlos y llevarles de comer el resto de las familias quedadas  en las casas; y cuando vienen de retirada causa compasión verlos tan negros de la tierra y tan cargados, pero alegres, dando ajijides y cantando”.

En ningún momento Antonio Lemos Smalley se manifiesta en el sentido que el “pan que hacen con harina de raíz del helecho” responda a hambrunas y sequías extremas en la isla. En mi opinión era un alimento cotidiano, al menos en esos años de principios del siglo XIX, de los campesinos “pobres” y “muy pobres”. En opinión de Lemos Smalley, probamente nunca los comió, eran “panes negros y correosos, pero de buen sabor”.

Así mismo en la obra de Juan B. Lorenzo Rodríguez (1841-1908) “Noticias para la historia de La Palma” hay varias referencias al consumo de “pan de helechos” por parte de las clases sociales más humilde de La Palma y entre ellas una que nos llama la atención por aportar el “conduto” (complemento) en el momento de consumir “pan de helechos” (…) “el que acompañan para poderlo tragar con una cebolla, un ajo o un pimiento”, según recoge Lorenzo Rodríguez en el capitulo titulado, en el primer tomo de su obra, “Estado de la isla en 1803 y primeras contribuciones”.

Relato de cava de helechos en el Bailadero, Garafía, que atribuimos a Antonino Pestana (1859-1938)

El Archivo General de La Palma, dependiente del Cabildo, posee una copia digital del “Archivo Antonino Pestana” que se encuentra en el Museo Canario de Las Palmas. Este interesantísimo archivo que fuera del palmero Antonino Pestana Rodríguez (Santa Cruz de La Palma 1859-Las Palmas 1938), consta de unos 30.000 folios en su gran mayoría manuscritos, en formato digital como ya decíamos, según convenio que en su día se firmó entre el Cabildo de La Palma y el Museo Canario. En este archivo se encuentra el documento manuscrito que hemos titulado: Relato de cava de helechos en el Bailadero, Garafia.

El insigne palmero gran parte de su vida la dedicó a recopilar documentos con el fin de escribir lo que el llamaba: “Documentos, apuntes y otros interesantes para Historia de La Palma”. Nunca concluyó la obra y ahora somos otros curiosos e investigadores de la isla lo que vamos extrayendo de sus apuntes temas que vamos dando a conocer, muchos totalmente inéditos. De alguna manera la primogénita idea y proyecto de Pestana Rodríguez se está realizando por la pluma y estudios de otros historiadores.

Antonino Pestana ya se encontraba residiendo en Garafía al menos desde 1895. El investigador Víctor J. Hernández Correa es autor de una extensa biografía de Pestana Rodríguez, la mejor que conocemos, en el N.º 1 de la colección “Legajos del Concejo” editado por el Cabildo de La Palma, Consejería de Cultura y Patrimonio, publicado en el año 2014. Hernández Correa presenta y desarrolla el romance “Historia del alma de Tacande en el año 1628”, cuyo original se encuentra actualmente en el archivo de Domingo Pestana, biznieto de Antonino, en Santa Cruz de La Palma.

Entre esos apuntes de Pestana, en AGLP, se encuentra un bello e interesante relato de cuando los vecinos de Tijarafe “venían a cavar helechos”. Atribuimos a Antonino Pestana (1859-1938) la autoria de este relato teniendo en cuenta que Pestana, al menos desde 1895, era secretario del Ayuntamiento de Garafía y debió conocer los hechos que relata al detalle. Emplea el verbo “venían” que da a entender que el autor del manuscrito se encontraba residiendo en tierras garafianas.

En el primer párrafo sitúa la cava de helechos en El Bailadero, entendemos que se debe tratar de este lugar “dónde moraban los tijaraferos cuando venían a cavar helechos. Guardaban sus posesiones en un hoyo en la misma choza”, en el barrio de Hoya Grande en el municipal de Garafía. Los tijaraferos “en ranchos o caravanas”, según decía Lemos, se instalaban en el lugar elegido y construían chozas que según otros estudios tenían una base de piedras secas y por cubierta material vegetal.

Estos “ranchos” de gente “Acostumbraban venir el 3 domingo de julio y se marchaban para el 8 de septiembre”. Algo más de dos meses empleaban en la zafra de la cava de raíces de helecheras y como buenos tijaraferos regresaban para los festejos patronales de N.S. de Candelaria, el 8 de septiembre.

En hábitat o campamento de chozas improvisadas en Garafía necesitaba apoyo externo y según Pestana “Venían a traerles de comer los lunes y los viernes y a llevar el helecho que tenían cavado”. La recolección de raíces era trasportada hacia Tijarafe, suponemos que en “bestias” o a la cabeza, para continuar con el proceso de preparación del picado, secado y más tarde obtener harina en un molino de mano.

Las noches de los lunes y los viernes, que eran los días que llegaban los que les traían “de comer” deberían dormir en el lugar, y aprovechando “esas noches hacían un baile en el cual se pintaban mucho, alumbrados por grandes hogueras, luchas, cantigas”. El regocijo propio de los trabajos comunales de los vecinos y se establecían en el lugar dos noches de cada semana.

Para esas labores y jolgorios “Nombraban un Alcalde que era el que gobernaba, tenía una vara en forma de Cruz y en esas noches la sacaban y todos los tijaraferos iban adornándola con frutas y hecho esto la remataban y el producto de este remate se destinaba como limosna a las ánimas o al señor”. Siempre la encomienda a “lo divino” estaba presente en señal de ruegos y gratitud.

Toda reunión humana, donde debía correr el buen tintillo tijarafero, conlleva conflictos y el alcalde imponía su autoridad: “Administraba justicia (…) sus querellas imponiéndoles multas (las almendras eran reales) que luego se reducían a dinero que era entregado a un tesorero y este luego las daba al Señor o a las Ánimas. El que no tenía almendras paga en rezar, imponiendo tantos padres nuestros”. El Alcalde no siempre era el mismo, según Pestana: “Esas noche se nombraba luego otro Alcalde para la noche siguiente”. Posiblemente en esa noche de bailes el Alcalde de turno guardaba abstinencia.

El relato de Antonino Pestana nos aporta un paso más para el conocimiento de la obtención de alimentos durante siglos de los palmeros, no falto de convivencia vecinal y de costumbres tradicionales. Aún con lo duro que debía ser esos trabajos en los montes la alegría y el jolgorio lo recogen los cronistas. Para Lemos Smalley “cuando vienen de retirada causa compasión verlos tan negros de la tierra y tan cargados, pero alegres, dando ajijides y cantando” y para Antonino Pestana “esas noches hacían un baile en el cual se pintaban mucho, alumbrados por grandes hogueras, luchas, cantigas”. Ajijides (gritos guturales de alegría), bailes, luchas y cantigas, orígenes del folclore de La Palma.

Circulan ciertas teorías, sin confirmar científicamente, que la raíz de los helechos era utilizada por los aborígenes prehispánicos palmeros como alimento, una suposición que merece ser estudiada en profundidad. Estos planteamientos especulativos deben basarse en crónicas tardías como es la del portugués Gaspar Frutuoso (1522-1591) quien refiriéndose a la isla de El Hierro recoge: “Dicen que también de las raíces de los helechos y gamones, asadas y cocidas con la carne, hacían comida y bebían leche”. Observamos que el cronista hace constar “dicen”, es decir que no lo confirma rotundamente.

En la posguerra de 1936-39 la pobreza y la escasez de alimentos hicieron que los palmeros volvieran a recoger raíces de helechos o helecheras en los montes de la isla canaria de La Palma con destino a la alimentación de las familias. Los testimonios orales lo confirman. 

María Victoria Hernández, cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)

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Publicado el
4 de diciembre de 2020 - 13:04 h

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