Los dragos ‘gemelos’ de la Catedral de La Laguna

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Plaza de la Catedral de La Laguna: en primer término el drago caído. Foto: Esperanza Beltrán (6.8.2026).

En el año relevante

de la visita papal,

se cayó en la Catedral

el drago más descollante.

Desde hoy en adelante,

se verá lo que suceda

y al otro drago que queda

le podemos predecir

que su destino es morir,

la eternidad no se hereda.

Jócamo, 20.VIII.2026

Nota: El pasado sábado 15 de agosto, la Virgen de Candelaria puso su mano para evitar guardar un mal recuerdo del día de su onomástica estival. Poco después del oscurecer, precisamente cuando el calor diurno se desvanece y la calle invita a disfrutar de la frescura vespertina, uno de los dos ejemplares de drago situados en la plaza de la Catedral de San Cristóbal de La Laguna, sin previo aviso se desplomó y quedó tendido sobre la calle frente al templo. Milagro para unos y suerte para otros, en esta ocasión no hubo que lamentar víctimas entre los muchos visitantes que transitan por esta zona peatonal de la ciudad.

Como se aprecia en la foto, entre otras especies arbóreas, los parterres de la plaza daban cobijo a los dos soberbios ejemplares “gemelos” de drago (Dracaena draco subsp. draco), plantados a mediados del siglo pasado y para los que se estima en la actualidad una edad en torno a los 80 años. De los dos ejemplares, fue el situado más próximo a la popular calle Carrera (C/ obispo Rey Redondo) el que arrancado de cuajo se espachurró en el suelo. Como suele ocurrir en estos casos, la sensibilidad de unos y el atrevimiento de muchos, inviste a la gente en consumados expertos en dendrología, que diagnostican las causas y culpabilizan del suceso a todo lo que se menea alrededor de la administración técnica y política responsable.

Se olvida que los árboles son seres vivos y como tales nacen, crecen, se reproducen y mueren. En el caso del medio urbano, concebido más para la gente que para los árboles, la cosa se complica, porque los mismos que demandamos espacios verdes y protección para las plantas, exigimos medidas de seguridad que nos defiendan de ellas. Debe asumirse que el riesgo existe y que la eternidad no está garantizada para ningún ser vivo. El drago caído no es el primero, ni será el último.

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