“Quiero sustituir las bolsas de plástico por una talega en los comercios de La Palma”

La socióloga Isabel Schwinge es doctora en Innovación Empresarial.

Esther R. Medina

Santa Cruz de La Palma —

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Cuando compra un producto, la socióloga Isabel Schwinge, doctora en Innovación Empresarial, visualiza su ciclo completo de uso y cuál será su impacto en el medio ambiente. Esta alemana afincada en la Isla ha puesto en marcha la iniciativa Somos La Palma con la que pretende un objetivo ambicioso: sustituir las bolsas de plástico por talegas en el comercio local, generando un valor añadido a su economía.

-¿Qué es Somos La Palma?

SOMOS LA PALMA es el eslogan que sale en la bolsa de tela responsable de una iniciativa de tALLER DE fUTURO para impulsar la sustitución de bolsas de plástico por bolsas sostenibles en el comercio local de La Palma. El eslogan tiene el objetivo de crear comunidad entre los residentes de La Palma y ser solidarios con su patrimonio natural, igual que con los comerciantes locales que venden esta bolsa, que es un ejemplo simple de cómo funciona el consumo responsable. 

-¿Cuándo nació esta iniciativa?

La idea surgió el verano pasado, cuando estaba pensando en qué quería enfocar mi trabajo como autónoma. De hecho, me interesa trabajar en ofrecer soluciones factibles para la gente, empresas o administraciones. Usar una bolsa de tela con certificado ecológico y de comercio justo es algo razonable, con un efecto notable porque la sustitución de bolsas de plástico por la bolsa SOMOS LA PALMA puede ahorrar hasta 1.142.850 euros anuales en La Palma tomando los datos de consumo de 2018/19. 

 -¿Con qué apoyos cuenta?

La iniciativa la desarrollo a través de mi tALLER DE fUTURO junto con la empresa social ISONORTE, en colaboración con su centro de día y las personas de diversidad funcional que se ocupan de la producción e impresión de la bolsa de tela. Además, la distribución de la bolsa SOMOS LA PALMA se lleva a cabo exclusivamente en comercios locales. De momento, se han incorporado 14 tiendas, desde un establecimiento de bicicletas pasando por otro de ropa infantil, librerías y hasta supermercados en los municipios de Breña Baja, El Paso, Fuencaliente, Los Llanos de Aridane, Puntagorda y Santa Cruz de La Palma. La Federación de Empresarios de La Palma (FEDEPALMA) y la Asociación de Comerciantes de la Zona Comercial Abierta (ACZA) apoyan la iniciativa en la difusión de información para llegar a las y los comerciantes y invitarles a colaborar. 

-¿Cuál es su labor?

Soy la impulsadora y realizadora de la iniciativa. Quiero que todas y todos que colaboren en ella se benefician de su participación. Además del desarrollo de la campaña, el eslogan, el diseño y el estudio del mercado, ofrezco información en los establecimientos, e intercambio opiniones con las y los minoristas y entrego las bolsas a las tiendas. Es un trabajo que requiere mucho tiempo, pero estoy haciendo muchos contactos y recibo mucha información sobre la economía local de La Palma. A partir de mi responsabilidad como consumidora usando una bolsa de tela, veo mi responsabilidad como empresaria en los recursos que uso hasta los servicios y productos que estoy ofreciendo. Siempre intento mirar los materiales y productos en su ciclo completo de uso y su impacto medioambiental o social, favoreciendo colaboraciones con otras empresas sociales y responsables para crear valor añadido en la economía local. 

-¿Cómo surge la idea de la talega?

 Uso hace años bolsas de tela para mis compras. Me da pena ver en los supermercados o fruterías que todavía la gente usa demasiado bolsas de plástico por cualquier cosa, hasta para envolver cada manzana, que luego se coloca en otra bolsa de plástico más grande. Para mí, esto no tiene ningún sentido. Lo que me enseña esto es que falta conciencia sobre la energía y los recursos que se emplean para producir y transportar estas bolsas de plástico hasta su eliminación. Ocasiona mucho daño y terminan demasiadas veces en el medio ambiente, como es el caso del mar, donde llegan hasta el estomago de animales que mueren en agonía.  La gente en ese momento no tiene esto en su mente, no es su intención perjudicar el medio, le parece simplemente lo más obvio, aunque es una mala costumbre. Es muy importante tener en cuenta estos conceptos mentales y hábitos en cambio de conductas. Y sólo la concienciación tampoco es suficiente. En la mayoría de los casos sabemos que está mal, pero en vez de cambiar nuestra conducta, reducimos esta disonancia cognitiva entre nuestra conciencia y nuestra conducta por alguna excusa (‘hoy no tengo la cabeza para eso’ o ‘sólo una vez, la próxima llevo la talega’). Es decir, nos calmamos al nivel cognitivo en vez de reaccionar a nivel de comportamiento. La solución tiene que ser que las conductas sostenibles se conecten con algo positivo, con un entusiasmo por la vida y no sólo en su función de sostenibilidad o renuncia. Por ejemplo, una bolsa de plástico no tiene el valor añadido de una bolsa de compra para identificarme con mi isla y la comunidad que la protege, usando una talega con símbolos alegres del patrimonio natural de La Palma. Necesitamos más conceptos en el consumo que ayuden a convertir modelos de conducta sostenible en algo naturalmente, algo que da felicidad, satisfacción y que sea factible. 

-La pandemia de la Covid-19 está incrementando el uso del plástico, pero ¿confía en que, por otro lado, impulse hábitos de consumo más responsables?

No, no confío en eso. Como socióloga, tengo una perspectiva muy compleja de la realidad y los procesos de cambio. Normalmente no son lineales, a veces son muy lentos y al mismo tiempo pueden cambiar muy rápido como nos enseña el cambio de ciertas conductas cotidianas durante la crisis de la COVID-19. Es un momento para cuestionarnos nuestras condiciones de vida, la sobrecarga de informaciones en los medios y redes sociales, así que la típica respuesta a disonancias cognitivas entre miedos y nuevas vulnerabilidades, me lleva a la conclusión, de momento, que muchas personas se retiran o se sienten saturadas. No sólo tengo que adaptarme a nuevas normas de sanidad, también debo pensar en mis hijos, cómo va el trabajo y ahora, además, cómo consumir de forma responsable. Por eso me gusta el acercamiento de empezar con cosas fáciles, factibles, que están conectadas con más beneficios como ahorrar dinero o tiempo para incorporar lo más fácil en la vida cotidiana, de bajo umbral o de otra manera atractiva conectando con valores importantes como independencia, justicia, libertad, amistad. El marketing de la industria intenta aprovechar estos valores y conectar sentimientos correspondientes con sus productos porque saben que la gente tiene estas necesidades básicas, universales. Pero al final un producto está limitado a darnos estos sentimientos. En la famosa pirámide de Maslow que describe la jerarquía de necesidades humanas, las necesidades básicas como respirar, dormir, alimentarse, forman las condiciones previas para satisfacer luego las necesidades individuales. Así, se puede observar en la crisis de la COVID-19 que la demanda por alimentos sanos y ecológicos creció porque esta crisis nos enseñó las vulnerabilidades y límites del proceso de producción actual en un mercado globalizado. Aunque esta observación se limita a un grupo social que puede permitirse esa alimentación más cara a primera vista. Los alimentos industriales de cadenas grandes externalizan muchos de sus costes a expensas de trabajadores y del medioambiente. No reflejan el precio real del esfuerzo y recursos necesarios en todo su ciclo de producción hasta el desecho del producto como se aplica en el consumo responsable. Además, me enteré de casos, y no solo excepcionalmente, de gente que volvió a cultivar en su huerta. Creo que esa forma de autoconsumo la vamos a ver más frecuentemente en el futuro, una forma de consumo de nuevo.

-¿Qué perfil tienen los palmeros como consumidores?

Es una buena pregunta. No puedo responderla con datos fiables. Lo investigan empresas de investigación de mercados que invierten mucho dinero. Me imagino que hay pocas empresas dispuestas a contratar a una entidad para investigar el mercado de La Palma porque es demasiado pequeño. Los datos más generales del INE o ISTAC se encuentran muchas veces al nivel municipal o provincial y requieren agregaciones de datos primero. Por de momento, supongo que hay varios perfiles entre personas solventes en la isla. En general, se puede asumir que, cuanto más renta tiene un consumidor, más grande es su huella ecológica. Por ejemplo, las personas que votan por el partido verde en Alemania son las que tienen la huella ecológica más grande, aunque igual consumen más productos sostenibles. La pregunta no es solo sustituir productos convencionales por ecológicos sino también reducir el consumo y alargar su tiempo de uso. Además, el número de personas extranjeras o de otras partes de España está creciendo en los últimos años en La Palma. Eso conlleva también otros hábitos de consumo, por ejemplo, de los dos más grandes grupos de Venezuela y de Alemania, que, por supuesto, tienen perfiles diferentes en su voluntad y disponibilidad de consumir de forma responsable. Personalmente, pude observar recientemente algunos casos de personas que se mudaron a La Palma después pasar el confinamiento en unas de las ciudades grandes para disfrutar de los privilegios de vivir en una isla menos poblada. Estas personas traen otros hábitos a la isla y muchas veces están adaptados a un contexto urbano donde los problemas y consecuencias del cambio climático son más evidentes. El grupo de personas de entre 14 y 60 años que viven en un hábitat urbano y que el uso de una bolsa de tela es lo más normal, es probablemente más alta que aquí en La Palma, por supuesto. Esto nos enseña también que iniciativas sobre consumo responsable deberían tener en cuenta aún más el grupo de consumidores más solventes o las personas en la unidad familiar que decide y realiza las compras. En todo caso esa pregunta merecería una investigación más profesional. 

-¿Faltan políticas que apuesten por la sostenibilidad del territorio insular?

Otra pregunta interesante y difícil de responder. Brevemente, creo que sí, seguro que faltan políticas para asegurar la existencia continua del territorio insular, que nada menos significa políticas por la “sostenibilidad del territorio insular”. La adaptación de políticas y su aplicación lo veo, desde la perspectiva de una socióloga, como un proceso que ha sido puesto en marcha hace poco tiempo en La Palma. Ese mundo institucional es rígido en general y necesita su tiempo hasta que se vea resultados. Igual es un proceso continuamente en cambio dado al sistema político y sus legislaturas de diferentes gobiernos insulares y sus intereses de acuerdo con políticas regionales, nacionales y europeas. Se pueden observar aprobaciones de medidas de políticas nuevas que se orientan a la tendencia a nivel nacional o europeo con respeto a la sostenibilidad. Pero queda todavía mucho potencial por mejorar y adaptar estos esfuerzos en particular con respeto a la planificación de prevenciones y visiones de futuro igual que sus implementaciones. La Palma tiene varias tareas por solventar urgentemente, asuntos de prioridad máxima como la gestión de agua, la energía o el modelo de agricultura sostenible, solo para dar unos ejemplos.  Empezando con políticas de contratación pública con criterios de sostenibilidad y aplicándolas sistemáticamente por inversiones en cualquier departamento y su realización consecuente. En todas las instituciones insulares, desde los ayuntamientos hasta el Cabildo, es un reto que va a ocupar a las administraciones públicas, igual que al resto de la sociedad,  en los próximos años, y hasta en las próximas décadas. Creo que empezar en su propio aparato público sirve como un buen catalizador para la economía y los ciudadanos en adaptar sus prácticas al uso responsable de los recursos de la isla. En tiempos de incertidumbres hacer políticas para el futuro en el siglo XXI requiere tener visiones interdisciplinares y probar caminos nuevos, es decir, necesitamos innovaciones igual en el ámbito de políticas. Los que está claro es que en este tiempo de incertidumbre la paralización de las políticas de sostenibilidad saldrá aún más caro.

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