Anatomía de otro desahucio más
Lo que no se suele ver ni contar detrás de un lanzamiento judicial. Este artículo pretende explicar cómo se vive desde la plataforma Derecho Al Techo un desahucio cualquiera tras la caída del escudo social. Pondremos por ejemplo el último desahucio que hemos vivido: el del miércoles 11 de marzo, en la C/Montevideo 14: Una familia vulnerable de 7 miembros, con 4 menores, desahuciada por impago del alquiler.
Martes 10 de marzo. 9 horas. El día anterior podría ser un día cualquiera. En el grupo de coordinación de Derecho al Techo se pasa el borrador del comunicado de prensa pidiendo al Ministerio de Consumo que investigue las prácticas abusivas en el mercado del alquiler. Varios medios de comunicación nos han contactado para pedirnos una valoración sobre el nuevo Decreto de Acceso a la Vivienda pública del Gobierno de Canarias. Dependiendo de la disponibilidad nos repartimos la atención a los medios y se escribe un borrador de comunicado para difundir que empieza diciendo: “Consideramos que esta medida es ilegal y discriminatoria, porque un decreto no puede limitar derechos reconocidos en el Estatuto de Canarias y en la Constitución…” Se atiende a varias radios y televisiones, incluso un medio alemán. Se recuerda por el grupo que a las 19h hay prevista una proyección del ciclo de cine sobre vivienda en Canarias de la película “Precaristas”, en la Plaza del Pueblo, en la Isleta.
15 horas. Alguien del grupo de coordinación escribe: “Hola compas, parece que María (nombre ficticio) y su familia pueden tener mañana desalojo al no tener aún la paralización hasta que entren en la vivienda de Visocan a finales de mes. Dicho esto, y una vez que hemos hablado con la familia, entiendo que ahora toca convocar a la gente y a los medios para lograr esa paralización. El desahucio es mañana a las 12 en calle Montevideo, ¿quién puede venir?”. Alguien pregunta si el juez ha pedido policía y cerrajero. Nadie responde a las preguntas. Pero de forma espontánea se hace un cartel convocando a la gente y a los medios al desahucio. Lo subimos a redes, y lo tenemos que borrar, porque la familia no está segura si quiere hacer público su desahucio. María, la madre, no quiere que la reconozcan por miedo a que hagan bullying a sus 5 hijos por haber sido desahuciados y porque la dificultaría aún más, encontrar una vivienda de alquiler para su familia.
Finalmente a las 18h la familia decide que hará público su desahucio y nos pide que su cara y su nombre real no salga en los medios. Sacamos el cartel en redes sociales convocando a la gente y a medios para parar el desahucio mañana a las 9:30. A las 21h desde Servicios Sociales nos comunican que “se hará traslado a Visocan para la firma del contrato y llaves. Pero faltaría el alta de suministros, el agua no tiene el boletín renovado”. Es decir, la familia tiene apalabrado un alquiler social, pero no podrá trasladarse mañana si es desahuciada. Es cuestión de días o semanas, y algunos estamos confiados con que podrán permanecer en su casa hasta que tengan la vivienda de Visocan. Otras advierten que es un caso complejo y quizá se ejecute el desahucio. A esa hora sale publicado el primer artículo de prensa haciéndose eco del desahucio de mañana. Pasadas las 22h sacamos un comunicado para medios y en redes sociales convocando al desahucio del día siguiente. Hay dudas en el colectivo sobre el desahucio: “Si no quieren salir, quizá no sea buena idea convocar”. “¿Quizá mañana sea fácil parar el desalojo enseñando la documentación de servicios sociales en la que les conceden una vivienda de visocan para dentro de unas semanas? Se decide hacer un acompañamiento, pero no resistencia. No hay muchas fuerzas y el caso es complejo. El último mensaje en el grupo de coordinación es a las tres de la madrugada. En 9 horas, la familia habrá sido desahuciada.
Miércoles 11 de marzo. 7 horas. El primer mensaje en el grupo dice: “Buenos días. Servicios Sociales avisado. Creían que se había parado”. Las activistas avisan quién podrá pasarse por el desahucio y a qué hora aproximada. Muy pocas podremos acudir. Vamos con la idea de negociar con la comisión el aplazamiento de un mes porque sabemos que es muy difícil pararlo. Es el caso 22. A las 9:30 en la puerta del número 14 de la calle Montevideo, 5 periodistas esperan con sus cámaras y teléfonos en mano y una madre angustiada que fuma compulsivamente. Los 3 activistas que han llegado advierten a las periodistas que la madre no quiere dar la cara, y que se respete su voluntad. Sin cámaras ni micros encendidos, un portavoz de Derecho al Techo les explica con todo detalle el caso y María, la madre de la familia, les aclara todas las dudas que tiene. Las periodistas, son casi todas mujeres, jóvenes, durante ese corrillo con los activistas y la madre que será desahuciada, se reconocen precarias. También ellas tienen problemas para acceder a la vivienda. “El alquiler es imposible, y más en esta ciudad”. Algunas incluso comparten piso, otra confiesa que no tiene dinero para comprar una bonita casa que pertenece a la familia.
Después se procede al “canutazo” el término que utilizan los medios para tomar las declaraciones con las que elaboran sus piezas informativas. Sólo graban y hacen fotos de cuello para abajo, enseñando las manos de María y alguna camiseta del colectivo. El “canutazo” es largo. La lluvia lo interrumpe. Continúa pegado al edificio bajo una terraza, hasta que los periodistas se quedan sin preguntas. Un rato después vienen más medios. Hay al menos 3 cámaras de televisión.
12 del mediodía. Un portavoz del colectivo también responde a las preguntas de los medios. María les vuelve a explicar su caso sin cámaras ni micros, y después vuelve a dar declaraciones. Mientras, nos observan desde la acera de enfrente un grupo de policías municipales, y lo que creemos que puede ser la comitiva judicial. Son dos hombres y dos mujeres elegantemente vestidos. Dos activistas se acercan a hablar con ellos. Uno de ellos con gafas de sol increpa a la prensa cuando ve que le hacen una foto. La fotógrafa baja la cámara y le pide perdón, y en voz baja dice: “yo también estoy trabajando”. Cabizbajo, entre la policía municipal y el corrillo formado por los activistas y la comitiva judicial, espera un cerrajero con unas gafas especiales para hacer su trabajo, en la frente. No habla con nadie, sólo espera hacer su trabajo. Algunos coches curiosos que pasan por la calle preguntan qué pasa. Un hombre mayor en situación de calle rebusca en el container de la basura. Una mujer tropieza y cae al suelo cruzando la calle, un policía municipal la ayuda a levantarse. Otro policía local nos recuerda que si hay menores pueden llamar a una ambulancia. Pero el padre y los 4 hijos menores están pasando el día en un parque. El hijo mayor está en la casa haciendo bolsas y recogiendo a toda prisa por si ocurre lo peor. La madre responde preguntas de la prensa y fuma. Los activistas siguen negociando con la comitiva judicial. Hasta que uno de ellos camina hacia María y susurra a la prensa: “el desahucio sigue pa´lante”.
El resto, se puede ver en las distintas coberturas informativas. La policía se pone en la puerta del portal, y la prensa enfrente toma imágenes, hace conexiones en directo o se graban en el lugar de la noticia. Se está produciendo un desahucio. María, sube acompañada por un activista a su casa. Detrás sube la comitiva judicial y el cerrajero. Ese momento no se suele ver, pero hay llantos, indignación, a veces algún grito, pero no en esta ocasión. En cuestión de minutos María y su hijo mayor bajan al portal un montón de bolsas y bultos con casi todas sus cosas. El cerrajero cambia la cerradura. Y la comitiva judicial firma unos papeles. Después salen, primero la comitiva judicial. La policía permanece unos minutos y se van. La prensa graba y toma fotos de las pertenencias de la familia amontonadas en el portal. Poco a poco se van todos. Alguna periodista se solidariza con María a título personal, otros le dan su teléfono. Finalmente, quedan María, su hijo mayor, un joven adolescente que tranquiliza y ayuda a su madre, y tres activistas de Derecho al Techo desconcertados. Hablan con un responsable de servicios sociales que asegura que las ayudas están en marcha, pero no será hoy. Hoy no pueden dar ningún alojamiento a la familia, ni dinero para una pensión. Les aseguran que ya ayudaron a esta familia en varias ocasiones.
13 horas. Lo que ocurre tras un desahucio es algo muy delicado y por tanto muy desconocido. Si la familia reconoce que está totalmente desamparada, los servicios sociales pueden quitarle a sus hijos. Pero la realidad es que no tiene un lugar donde dormir, ni dónde llevar sus cosas, ni siquiera un vehículo con el que transportarlas. Aunque los servicios sociales se comunican con los activistas por teléfono, no han ido al desahucio, ni acude ningún trabajador social. Una cartera llama al telefonillo donde vivía la familia. María coge la carta en mano sin dar muchas explicaciones. Es un embargo de algo del ayuntamiento de 27 euros. María se traga las lágrimas y su hijo le abraza.
Sabemos lo difícil que es encontrar una vivienda de alquiler para una sola persona. Encontrarla para las 7 en cuestión de horas es imposible. Son una familia de 7 personas: la pareja, (él es un hombre racializado), con 4 hijos menores y uno mayor de edad. Durante meses la familia ha buscado vivienda, pero sin trabajo, con el dinero de la pensión y siendo 7, ha resultado imposible.
15 horas. María, su hijo y los activistas hacen llamadas a pensiones, hostales, hoteles, inmobiliarias, portales de vivienda, anuncios de internet, a conocidos, amigos… Nada. Alguien pasa los recursos que tiene Cáritas, otra recuerda la posibilidad de que vayan al centro de acogida municipal Gánigo. Pero otra asegura que es un lugar hasta peligroso con menores. Algunos activistas encuentran algún sitio, pero no para los 7. Y cuando todo está perdido, la red de Derecho al Techo se extiende.
Mientras María y su hijo llaman a algunos amigos para que se encarguen de algunas de sus cosas. Las activistas que les acompañan y muchos otros desde sus casas y sus lugares de trabajo empiezan a hacer llamadas y mandar mensajes. Alguien se acuerda que tienen un amigo, que conoce una tienda que está cerca, y tiene espacio para que les guarden algunos bultos durante unos días. Los amigos del hijo mayor les guardarán el ordenador, la tele, y otro un par de bolsas con cosas. Y de repente alguien se acuerda que otro alguien que cuando estaban desesperados les ayudó, y esta vez, aunque con menos recursos les vuelve a ayudar. Gracias. Algunos lo llaman solidaridad, otros, apoyo mutuo, pero es una cuestión de supervivencia. La familia tiene un sitio donde estar unos días.
16 horas. Ayudados por tres activistas, María y su hijo mayor trasladan lo que queda de sus cosas al lugar donde pasarán, al menos, la próxima noche. Tiene luz, está limpio y es acogedor. Además, estarán acompañados. Unos van andando, otros en guagua, y alguien paga dos taxis. Hay que volver al portal de la casa donde han sido desahuciados para que María intervenga en una conexión en directo de televisión. Ningún medio ha dicho el nombre real de María, ni ha sacado su cara. Y les estamos agradecidos por ello.
A las 18 horas, María hace la conexión en directo con Televisión Canaria. El reportero y el presentador piden ayuda a la audiencia para ayudar a la familia. María está cansada y se emociona en directo. Siente que no se ha podido expresar bien. Por el pinganillo escucha como uno de los tertulianos la juzga y criminaliza por no pagar el alquiler. Se indigna, pero ya no puede intervenir. Y está agotada, sólo quiere reunirse con su marido y sus hijos. Una activista llega con su pequeño coche que sorprendentemente tiene mucho espacio y caben todos los bultos de la familia. En 10 minutos toda la familia se reúne en un alojamiento provisional, algo precario pero imprescindible.
19 horas. La familia está junta y no dormirá en la calle. María y su pareja están agotados, muy agradecidos y aún algo nerviosos. Los hijos mayores ayudan a llevar bolsas en silencio, contentos, pero serios. Los pequeños ríen y juegan con un pequeño perro al que no le gusta que le acaricien. Tienen 6 camas, un techo, mantas y sábanas limpias. Quizá hayan pasado uno de los peores días de sus vidas. Uno de los activistas suspira, “otro desahucio más”. El día termina con la proyección en la Plaza del Pueblo de la Isleta del documental Precaristas. Una película de 2018. Con la caída del escudo social, la situación actual es casi idéntica. Un activista reflexiona: “Quizá entonces estábamos mejor organizados. Si hoy hubiésemos sido más en la puerta de la casa, el desahucio lo hubiéramos parado.
Hoy, 12 de marzo, algunas activistas siguen hablando con servicios sociales para que agilice la entrega de la vivienda social de Ingenio. Esa casa de Visocan que entregarán a María y su familia aún no tiene ni luz ni agua. Otras activistas de Derecho al Techo siguen recibiendo llamadas de medios de comunicación pidiendo que intervengan en su medio para valorar el decreto que exigirá de 12 a 15 años de empadronamiento a quienes quieran solicitar una vivienda social que aún no se ha construido. Y han llegado nuevos casos de familias en riesgo de desahucio… otros desahucios más.
Jonathan Mesa Cabrera, portavoz de Derecho al Techo, en representación del colectivo.
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