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Justicia

Michael A. Galascio / Michael A. Galascio

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Me gustaría pensar que existe un equilibrio en todos los ámbitos que afectan al ser humano. Quisiera creer que existe un balance, cuya raíz se nutre de la imparcialidad, el desinterés, la objetividad y todos esos elementos que dan forma al concepto de la venerada justicia.

No obstante, ¿qué es Justicia? ¿Qué nos exige como ciudadanos? ¿Qué exige de nuestros líderes y de nuestra sociedad en general? ¿Cuál es la manera más adecuada para distribuir las riquezas y los recursos de todos? De ahí, el cuestionamiento de nuestros valores y estándares éticos, ya que no se trata de benevolencia, generosidad o compasión sino de garantizar la igualdad, a través del cumplimiento de una serie de deberes que a su vez se transforman en méritos, que nos hacen en mayor o en menor medida, dignos de ciertos derechos.

Hay que romper con la mezquindad reinante y rasgar el velo de la ignorancia, las imágenes recientes de ciudadanos españoles de tercera edad, recogiendo sobras de los contenedores de basura, no refleja un estado de justicia. Se deben garantizar unas condiciones de vida dignas para todos y cada uno de los miembros de nuestra sociedad. Acaso, ¿no es esa la función del Estado?

El Gobierno que niega a sus ciudadanos el bienestar, le mata y a la vez destruye la armonía social, su consciencia, su humanidad y la felicidad. De alguna manera, asfixia los ánimos y mutila la ilusión.

No somos un ganado que hoy pasta aquí o allá dependiendo de la abundancia de la hierba, ni de la promesa de prados más verdes al otro lado de la cerca, sino que somos fruto de unas ideas, sueños, pensamientos que nos impulsan hacia la búsqueda de la libertad y el bienestar, aunque a veces, éste solo sea interior.

Los ciudadanos deben ser conscientes de que éste es el momento de pasar factura y que no podemos ser rebajados a la animalidad. Los líderes no son, ni nuestros amos, ni verdugos, son servidores y es el momento de poner las cosas en su sitio según la consciencia de cada individuo.

Hay que hacer oídos sordos a la demagogia, a las palabras convincentes y desbordantes y preguntarse, ¿cómo ha cambiado mi vida en los últimos años? ¿Qué ha hecho éste líder por mí? ¿Qué líder puede garantizar las condiciones idóneas para que pueda forjar una vida más digna?

La respuesta está en la consciencia de cada uno de ustedes y es nuestra responsabilidad como ciudadanos salir a las urnas y expresar a través del sufragio, lo que en la profundidad de nuestro ser consideramos, que es lo mejor para nosotros y los que nos rodean. El votante es como un mudo al que se le concede el don del lenguaje cada cuatro años. ¡No lo desperdiciemos!

Michael A. Galascio

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