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EL CRONISTA ACCIDENTAL

Moción de censura para ‘dummies’

La nueva concejala de Cs del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Evelyn Alonso, recibe la medalla por la alcaldesa Patricia Hernández.

La moción de censura en Santa Cruz de Tenerife, aún no registrada pero ya firmada por los catorce concejales que le dan viabilidad, aparece como la prueba definitiva de que en la nueva normalidad tendremos la política de toda la vida, buena o mala, pero en modo alguno innovadora. Tras la pandemia resulta que los partidos políticos sufren crisis internas, los gobiernos de pacto registran tensiones y las mayorías alternativas terminan siempre en mociones de censura. Vaya una somera explicación sobre los sucesos recientes en la capital tinerfeña, en cuatro actos. Un relevo en la alcaldía para dummies.

¿Por qué una moción de censura? Porque pueden. En el cuartel municipal de Coalición Canaria, la argumentación es sencilla, fría, y se basa en los números. Los nacionalistas ganaron las elecciones en Santa Cruz, creciendo en votos y concejales, pero fueron desalojados del poder porque Patricia Hernández tuvo la habilidad de articular una mayoría alternativa en la sesión constitutiva de la actual corporación. Una vez que esta mayoría ha caído tras la dimisión de Juan Ramón Lazcano y la fuga más que cantada de Evelyn Alonso, manifestada desde el minuto uno del pleno en el que tomó posesión del acta de concejal, José Manuel Bermúdez y los suyos han optado por precipitar los acontecimientos, guiados por una regla elemental: tenemos catorce votos, la alcaldesa tiene trece.

Quizá en otras circunstancias este proceso hubiera seguido otra secuencia, y durante semanas la dirección de CC coqueteó con la idea de dejar cocer a Hernández en una sucesión de votaciones perdidas y mayorías imposibles. Este camino fue sustituido finalmente por la acción fulminante, en el mejor estilo de las mociones de censura exitosas en cualquier latitud, que no son acciones que toleren bien la duda. ¿Que su éxito depende de la desobediencia de la concejal recién llegada a las directrices de su partido? Pues lo mismo que ocurrió en junio de 2019, cuando Matilde Zambudio y Juan Ramón Lazcano desoyeron la instrucción de votarse a sí mismos. En este asunto, como en otros tantos en la política de hoy, funciona el juego de los espejos y la hemeroteca es mejor no visitarla, porque deja en evidencia a todo el mundo y exhibe que la única ley universal y válida es la ley del embudo.

El elocuente silencio de Evelyn Alonso. Hay silencios simplemente atronadores. La inexistencia de toda comunicación entre la concejal electa y sus dos interlocutoras naturales, Patricia Hernández como alcaldesa y Matilde Zambudio como candidata de Ciudadanos en los comicios locales de 2019, aparecía ya como toda una declaración de intenciones y preludio de lo que iba a ocurrir una vez se celebrara, pasado el estado de alarma, el pleno de toma de posesión. Y ya podía Ciudadanos, ese extraño partido en el que nadie se habla con nadie, lanzar mensajes desde su dirección peninsular pregonando la estabilidad como principio sagrado. Hasta se podría afirmar que cuando la cúpula del partido naranja fija una posición relacionada con la política canaria es fácil pronosticar que ocurrirá todo lo contrario. Alonso siempre tuvo claro el camino que iba a tomar, con o sin el que aún es su partido.

Es público y notorio que sus relaciones con Zambudio eran y son inexistentes, lo que convertía su incorporación al grupo de gobierno en una cuestión problemática, cuando no imposible. Estas razones, la simple enemistad personal, la herencia de pasados agravios en la formación naranja, tiene mucho más que ver con la censura que los desvelos de Evelyn Alonso por evitar la expansión del comunismo en la capital tinerfeña, primera explicación pública de la concejal tras confirmarse la moción. Pero ni Podemos gobierna en Santa Cruz ni está prevista la instauración de los soviets en la Casa de los Dragos. Este riesgo no lo supo ver Patricia Hernández, y no lo supo conjurar Zambudio. Y es que llevarse mal con el siguiente de la lista, que se puede convertir en cargo electo en cualquier momento, es una de las peores ideas que se pueden tener cuando gobiernas un ayuntamiento. El adiós del concejal Lazcano ha supuesto la sentencia de muerte para la mayoría pergeñada por Hernández en aquel junio de 2019.

El grial de Las Teresitas. Igual que CC ha tirado de manual para diseñar la moción de censura -ganamos las elecciones y si podemos gobernar lo haremos sin dudar un minuto-, el PSOE ha reaccionado con el argumento más eficaz y previsible: nos echan porque hemos hecho aflorar la corrupción del pasado. Esta dinámica discursiva va a marcar los próximos meses en el Ayuntamiento chicharrero, eso también es fácil de pronosticar. En este campo resultará obligatorio separar la paja del grano, pero hay un expediente que aparecerá como el verdadero Santo Grial de la política municipal en Santa Cruz. Y curiosamente no se trata de ningún expediente camino de la Fiscalía, sino de la secuela -decisiva, eso sí- de una cuestión ya juzgada en firme. Se trata, obviamente, del acuerdo aún no rubricado por el que la familia del empresario Antonio Plasencia devolverá las cantidades señaladas por la sentencia firme del caso de Las Teresitas.

Este asunto, sin duda el mayor éxito político de Patricia Hernández en su año de mandato, será utilizado ahora por la lideresa socialista como unidad de medida para el nuevo gobierno y el de nuevo alcalde, José Manuel Bermúdez. La ventaja, para Hernández, es que ha fijado un relato potente para la que será su tarea al frente de la oposición. El problema, que Bermúdez volverá a tener la sartén por el mango en su condición de alcalde, y le bastará con llevar a término los acuerdos alcanzados por Hernández para desactivar la estrategia de su rival. Sea como fuere, el asunto de Las Teresitas sigue buscando un epílogo que restaure la confianza del ciudadano en las decisiones de los poderes públicos y de paso recupere el dinero señalado por las sentencias en los tribunales. Y no es tan difícil obtener ese epílogo exitoso.

¿Habrá crispación? Mucha. Prepárense porque vienen curvas en los plenos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Las dos grandes ciudades del área metropolitana de Tenerife viven una perniciosa historia circular en el ámbito político: cuando en Santa Cruz arrecia la crispación en La Laguna las cosas se serenan, y viceversa, como hemos tenido ocasión de comprobar a lo largo de más de una década. Si la moción de censura obtiene el éxito que se presume, José Manuel Bermúdez volverá a la alcaldía, en una reedición del pacto con el PP en el que la distribución de áreas será muy parecida a la del pasado mandato, con la novedad de Evelyn Alonso en área de gobierno aún por determinar.

En cuanto a Patricia Hernández, se va a quedar al frente de una oposición que no será suave precisamente, ya veremos con qué respaldo de otros bastiones socialistas en Canarias, que ahora mismo son casi todos. Como conclusión, baste recordar que Santa Cruz de Tenerife fue desde el principio el eslabón más débil de la cadena de poder construida por el PSOE tras las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2019. Bastaba la pérdida de un voto para hacer viable lo que en Coalición Canaria es entendido a su vez como el principio de la Reconquista. Ay, Santa Cruz, flor del jardín tinerfeño.

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Publicado el
28 de junio de 2020 - 11:18 h

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