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La serpiente real de California, una plaga en Gran Canaria que amenaza a Tenerife

Esta especie habita la Isla redonda desde 1998: la población de los lagartos (Gallotia stehlini), especie autóctona del Archipiélago de la que se alimenta la culebra, ha pasado de 400 por hectárea a menos de 40

La empresa pública Gesplan, que ejecuta un proyecto para controlar la población del reptil desde 2007, considera una “falta de sensibilidad y desconocimiento terrible” los comentarios de dos personas en un vídeo insinuando la posibilidad de introducir la serpiente en Tenerife

Una aplicación móvil, Lampropeltis, ofrece información sobre todas las capturas realizadas y las zonas donde puede haber serpientes para colaborar así con los técnicos del programa de control

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Un operario del Gobierno de Canarias muestra la longitud de una culebra de California capturada en Canarias.

Un operario del Gobierno de Canarias muestra la longitud de una culebra de California capturada en Canarias. Efe.

El vídeo en el que se escucha a dos personas insinuando introducir la serpiente real de California (Lampropeltis getula californiae) en Tenerife mientras una culebra albina devora a un lagarto ha disparado las alarmas en la empresa pública Gestión y Planeamiento Territorial y Medioambiental S.A. (Gesplan) del Gobierno de Canarias, que lleva más de 10 años combatiendo la plaga existente en Gran Canaria. “Es de una falta de sensibilidad y desconocimiento terrible”, afirma Ramón Gallo, responsable del proyecto Post-Life Lampropeltia, una iniciativa financiada por el Ejecutivo regional y el Cabildo de Gran Canaria con 2,2 millones de euros hasta 2022 que trata de controlar la población de esta especie invasora.


El peligro que esta serpiente supone para Canarias es claramente visible en la isla redonda, donde la población de los lagartos Gallotia stehlini, especie autóctona del Archipiélago de la que se alimenta la culebra, ha pasado de 400 reptiles por hectárea a menos de 40. “El impacto es bestial”, afirma Gallo, quien además remarca que solo sobreviven “los más grandes, pero son los más envejecidos y no dejan descendencia”.

De continuar a este ritmo, el lagarto de Gran Canaria puede “llegar a estar en peligro de extinción” y es una especie “que ocupa un nicho ecológico fundamental en la Isla: los jóvenes se alimentan de insectos, los adultos de semillas, hay muchas especies endémicas que requiere que pase la semilla por el lagarto, con lo cual, si no hay lagarto, no se pueden dispersar esas semillas y se pueden perder esas especies. Y puede haber una superpoblación de insectos si no hay lagartos”, explica Gallo.

Gran Canaria es el único lugar del planeta donde la serpiente se ha “naturalizado”, según Gallo, pues se trata de un animal originario de América del Norte y el norte de México, es dócil, no venenoso, se usa como mascota y tiene un tamaño que oscila entre los 120 y 180 centímetros, siendo idóneo para su manipulación. De 1998 data la primera especie hallada en la Isla. “Había una persona que tenía muchos ejemplares en la zona de San Roque, en Telde, y se le iban escapando poco a poco; era un animal que se vendía en la Península y no estaba prohibida adquirirla en Canarias; un ejemplar albino costaba 100 euros o más”, recuerda Gallo.

Las instituciones fueron conscientes del problema a partir de 2007, cuando empezaron a actuar Gesplan y el Cabildo de Gran Canaria, a causa fundamentalmente del factor humano, puesto que “aumentó el número de personas que cogían las serpientes en la naturaleza, se las llevaban a casa para criarlas y las revendían en el mercado negro: también muchas se abandonaban”, relata Gallo. Fue entonces cuando se creó un equipo especializado para localizar y controlar la población de la culebra, además de conocer la magnitud de la situación.

Desde entonces hasta la actualidad, se han capturado 6.700 ejemplares localizados principalmente en cuatro focos: en la zona de San Roque del Valle y La Solana (Telde), que ha aumentado hasta Valsequillo, Santa Brígida o San Mateo; en la Montaña Amagro de Gáldar; en la Montaña La Data de San Bartolomé de Tirajana y, recientemente, en el Barranco del Guiniguada, en Las Palmas de Gran Canaria. Sin embargo, la cifra aumenta si se suman que han sacado del medio natural unas 75.000 serpientes, un cálculo hecho en base a la cantidad de hembras capturadas y el número de huevos que ponen (en torno a diez).

Pero a pesar del trabajo, que normalmente es de 20 personas con visos de aumentar a 38, con turnos desde las 07:00 horas de la mañana a las 09:00 de la noche (incluyendo sábados y domingos), ni siquiera se conoce la población total de serpientes en Gran Canaria. “Casi ocho meses el año están bajo tierra y solo salen a la superficie para reproducirse, a partir de marzo o abril, por lo tanto, solo tenemos tres o cuatro meses en los que podemos verlas, a veces incluso solo por la noche, cuando hace mucho calor”, explica Gallo.

“Hay serpientes que han aparecido en sitios completamente insospechados, con lo cual, eso hace muy difícil el control. Hoy en día la erradicación es imposible, ya lo era desde el principio. Ni siquiera era un objetivo. Hoy en día podemos decir que, en las zonas de foco, intentamos controlar su población, pero seguiremos trabajando en la misma línea. Y este año abogaremos por concienciar a la ciudadanía”, dice el coordinador del proyecto Post-Life Lampropeltia.

Así, esta iniciativa de Gesplan recomienda a los ciudadanos isleños que se descarguen una aplicación móvil que se llama Lampropeltis, que ofrece información sobre todas las capturas realizadas y las zonas donde puede haber serpientes. Además, da la posibilidad al usuario de hacer un aviso cuando se aviste un ejemplar: en verde si localiza una culebra muerta; en amarillo si la atrapa viva y en rojo si es incapaz de capturarla, pero la tiene localizada. “Con ese aviso, nos sale un mensaje al móvil del proyecto y nosotros nos ponemos en contacto con los ciudadanos”, explica Gallo. En cualquier caso, advierte que la mera tenencia de una especie exótica invasora, como es el caso de la serpiente real californiana, sin autorización administrativa puede suponer infracción grave a la Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad, castigada con una multa de 3.001 a 200.000 euros.

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