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50 años del accidente del Coronado de Spantax en Los Rodeos

Imagen de los restos del avión.

Juan Ruiz Correa (ACAN)

Santa Cruz de Tenerife —

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Domingo 3 de diciembre de 1972. Minutos antes de las siete de la mañana. Aún es de noche. En Los Rodeos llueve y hay poca visibilidad. Un Convair Coronado de Spantax, matrícula EC BZR, inicia la carrera de despegue en la pista 30. Sus cuatro motores impulsan al avión, que desaparece entre la niebla. A continuación, un destello y seguidamente un estruendo.

Hablamos del mayor accidente aéreo sufrido en España hasta entonces y el cuarto más grave de la aviación mundial hasta ese momento. Este 3 de diciembre se cumplen 50 años de aquel suceso que conmocionó al mundo.

155 víctimas, entre ellas 7 tripulantes, fue el balance del accidente de un vuelo chárter Tenerife Norte-Munich. El pasaje lo componían turistas que habían llegado a Tenerife en el crucero griego ‘Jason’.

No todo el grupo viajó en aquel avión, pues un segundo tenía previsto hacerlo en un vuelo de la compañía Bavaria ese mismo domingo a primera hora de la tarde.

El avión se estrelló a unos cien metros del final de pista, en la cabecera norte, la que da hacia Tacoronte. Rápidamente se descartó el atentado o el sabotaje.

El comandante de aquel vuelo era Daniel Núñez Ronda, de 32 años, natural de Burgos. Se había iniciado en el mundo de la aviación en el Ejército del Aire. El copiloto, Francisco Javier Saavedra, de 36 años; y el mecánico José Alberto Sanz, de 30 años, de León.

El resto del equipo estaba formado por las tripulantes de cabina María del Carmen Prieto, de 18 años, de Madrid; María Núñez Ronda, de 32 años, de Reus; María del Carmen Mimo, de 28 años, de Barcelona; y Gesine Mordass, de Riesemburg (Alemania), de 30 años.

El avión había llegado la tarde del día anterior procedente de Gran Canaria y lo había hecho sin pasaje. Tras pasar la noche en Tenerife, a la mañana siguiente  se dispusieron a viajar a Alemania.  

Los cuerpos fueron embalsamados y enviados a Alemania y la Península. El 5 de diciembre se celebraron las honras fúnebres en la Catedral de La Laguna.

Este accidente ha quedado extrañamente en el olvido. Si bien existen en la isla recordatorios de otras catástrofes aéreas, no es el caso del ocurrido con el Coronado de Spantax. En la Mesa Mota encontramos un monumento que honra la memoria de las víctimas del accidente de los Jumbos de marzo de 1977; y en la iglesia anglicana del Taoro, en el Puerto de la Cruz, una placa recuerda a los del accidente del B727 de Danair del Diablillo, en abril de 1980.

Las causas

La investigación del accidente apuntó que la probable causa del accidente fue que el avión se elevó a una velocidad por debajo de lo debido y que seguidamente perdió sustentación, haciendo un giro a la derecha, para terminar estrellándose invertido.

Cuando el aparato intentó despegar lo hizo con lluvia y niebla, siendo probable que el piloto perdiese la centralidad de la pista y temiendo salirse de la misma tiró de los mandos antes de alcanzar la velocidad de rotación.

También se especula que debido a la baja visibilidad el piloto pudo temer estar quedándose sin pista y ante el miedo a agotarla, intento despegar. Incluso podría haberse producido el fallo de un motor que hubiese restado potencia.

En el fondo no se trata más que de conjeturas, ya que en la época se carecía de la tecnología para grabar las conversaciones en cabina y el registro de datos era muy rudimentario.

El avión y la compañía

El aparato siniestrado fue un Convair 990, uno de los gloriosos fracasos de los primeros tiempos de los reactores, cuando los aviones propulsados por turbinas desplazaron a los de motores de pistones a partir de la década de los 60 del siglo pasado. Los tiempos se redujeron a la mitad y los cielos se fueron llenando de modernos aviones.

Rival del DC-8 y del B707, no pudo competir contra estas dos leyendas porque era más veloz que ambos, siendo éste precisamente su talón de aquiles: consumía muchísimo combustible, siendo capaz de rozar la velocidad del sonido.

Obra de General Dynamics, Swissair y Spantax fueron sus principales compañías en Europa. En la actualidad se conserva un Coronado en el aeropuerto de Mallorca, donde una asociación de la isla balear lo está restaurando.

Spantax fue una compañía aérea española que acabaría desapareciendo a mediados de los años 80 del siglo pasado. Jugó un papel clave en la llegada de turistas a España en el boom de esta actividad hace medio siglo en nuestro país y su librea era habitual en los aeropuertos canarios.  

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