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Cataclismo tras el fracaso de la cumbre del palacete

Coalición Canaria pierde la mayor parte del poder local en Tenerife, sede de sus cuarteles generales, después de que Clavijo quebrara la posibilidad de un pacto con el PP y con Ciudadanos que lo hubiera evitado

Carlos Alonso, presidente del Cabildo de Tenerife en funciones, consuela al alcalde saliente de Santa Cruz, Jose Manuel Bermudez.

Carlos Alonso, presidente del Cabildo de Tenerife en funciones, consuela al alcalde saliente de Santa Cruz, Jose Manuel Bermudez.

Coalición Canaria ha encajado como ha podido el primer revés importante de su corta (depende de cómo se mire) historia como partido. El golpe asestado en el corazón mismo de la organización, en los bastiones aparentemente inexpugnables de Tenerife, donde el régimen tiene sus cuarteles generales, ha sentado a cuerno quemado. Sobre todo después de haber tenido al alcance de la mano tan solo unas pocas horas antes la posibilidad de que tanto el Partido Popular como Ciudadanos se convirtieran en sus leales socios para salvar al menos lo que aritméticamente era salvable, particularmente el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Si Fernando Clavijo se hubiera guardado para sí su soberbia y su supervivencia política y hubiera renunciado a formar parte de un Gobierno de Canarias con la participación del PP, de su partido, de Ciudadanos y de la Agrupación Socialista Gomera, posiblemente hoy los diarios no estarían hablando del cataclismo político que se ha producido en la isla de Tenerife en la conformación de las nuevas corporaciones locales. Si la cumbre del palacete hubiera acabado de manera distinta a como acabó, con unos líderes del PP absolutamente ofendidos por la altanería de sus interlocutores de CC, es más que probable que en estos momentos José Manuel Bermúdez estuviera celebrando su nuevo mandato en el salón de ensayos de alguna murga carnavalera o en cualquiera de los comedores donde su partido se gastó en esta campaña electoral indecentes cantidades de dinero para hacer lo mejor que ha hecho hasta ahora: comprar voluntades.

Los tertulianos de cabecera del régimen relataban inicialmente relajados lo que estaban conociendo que ocurría en el salón de plenos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, en la errónea creencia de que iba a operar la orden de última hora que la responsable de política institucional de Ciudadanos había cursado a sus dos concejales en la Corporación: abortamos la operación, hay que votar por nosotros mismos, dicen que les dijo Teresa Berástegui.

Pero los dos concejales, que hasta ese momento habían tenido libertad de voto para pactar lo que habían pactado con el PSOE, se mantuvieron firmes en los compromisos que habían adquirido, lo que automáticamente condujo a los tertulianos de cabecera del régimen a un registro radiofónico muy parecido al que se emplea para el relato de las honras fúnebres de cualquier torero de segunda fila.

Las acusaciones de tamayazo y de transfuguismo no tardaron en lanzarse al espacio radioeléctrico, con acusaciones muy directas a personas muy concretas de maquinar alguna operación inmobiliaria de calado que, por supuesto, jamás fue concretada.

El hecho cierto es que los dos concejales de Cs en el consistorio santacrucero hicieron lo que muchas personas sabían desde hacía tiempo que pretendían hacer en la búsqueda de la regeneración de una institución naturalmente lastrada por 40 años de presencia ininterrumpida de Coalición Canaria: votar por un cambio radical.

Una Corporación que ha transitado por algunos de los escándalos de corrupción más grandes de cuantos han tenido lugar en las Islas Canarias desde que tenemos capacidad democrática para enterarnos, bien merecía que la aritmética democrática y la valentía de unas cuantas personas provocara un cambio de este calado.

La misma Teresa Berástegui que había dado libertad de voto a sus dos concejales en Santa Cruz se había presentado al acto de constitución con el escrito correspondiente de irradiación de los mismos ante la secretaría general de la Corporación. No hay constancia alguna de que haya hecho lo mismo con la concejala de Cs en San Bartolomé de Tirajana que, a las mismas horas, daba su voto a la nueva alcaldesa del PSOE, Conchy Narváez, en cuyo gobierno local entrará como concejala de Seguridad.

Ni hay constancia de que la dirección nacional de la misma formación haya expedientado a los que dieron la alcaldía de Cáceres a otro socialista. En ambos casos, y hay más, arrebatando la alcaldía a alcaldes y alcaldesas del PP, el socio prioritario.

Tras la sacudida en los ayuntamientos quedan ahora abiertas las negociaciones para los cabildos insulares pendientes de pacto, particularmente el de Tenerife, cuya pérdida podría ser absolutamente definitiva para Coalición Canaria si finalmente cuaja un pacto regional sin su presencia en el Gobierno.

Pero ésa es otra historia que pasa a depender exclusivamente de que los negociadores socialistas no vuelvan a cagarla.

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