Un paseo por Harlem: mitos y verdades del barrio negro de Nueva York

Arte urbano en las calles de Spanish Harlem.

Central Park Norte marca una de las fronteras más marcadas de la ciudad de Nueva York. Hasta no hace mucho, suponía la puerta de entrada a una zona caliente. Esto hace tiempo que pasó a la historia pero aún así, Central Park Norte sigue marcando una línea divisoria importante entre la ciudad pornográficamente opulenta que mira hacia el Midtown y Lower Manhattan (dónde se encuentran los grandes rascacielos, las tiendas de lujo, los teatros y los centros de negocio) y la ciudad de barriadas obreras que ocupa el extremo norte de la Gran Manzana (Upper Manhattan). A mediados del XIX, lo que hoy es Central Park era, en palabras de la época, un trozo de “tierra yerma, fea y repugnante”. Y al norte de aquí sólo había algunas granjas y las últimas extensiones de bosque nativo. La clave que explica el origen y expansión del barrio es la Guerra Civil norteamericana. La emancipación de esclavos negros inició un goteo de migración hacia el norte que se intensificó con el cambio de siglo. La comunidad negra conformó un núcleo que cristalizaría en lo que aquí llaman el Renacimiento de Harlem; un movimiento cultural de fusión y descubrimiento de las culturas ancestrales africanas que cristalizó en la literatura, las artes plásticas y en la música (nada más y nada menos que con el despegue del Jazz).

El Harlem de hoy intenta mirarse en ese pasado remoto de efervescencia cultural de los inicios del siglo XX para olvidarse de las décadas marcadas por las drogas, el desempleo y la violencia. El Teatro Apollo (West 125th Street, 253; Tel: (+1) 212 531 5300) es un ejemplo paradigmático de ese renacer. En este lugar mítico debutaron figuras de la talla de Ella Fitzgerald o Michael Jackson y fue un lugar determinante en la carrera profesional de artistas como Billie Holliday, Diana Ross (como integrante de The Supremes), Aretha Franklin, Steve Wonder o Marvin Gaye, entre otros muchos. Un lugar en el que el Jazz de los 30 y 40 dio paso al Soul de los 50 y 60. Hoy, el teatro vuelve a ser un lugar imprescindible para entender el barrio. Porque Harlem es mucho más que la fama que se ganó durante los 70, los 80 y buena parte de los 90.

La primera pregunta recurrente es: ¿el barrio sigue siendo peligroso? Los días de fuego quedaron, afortunadamente, atrás y las zonas en torno En la actualidad, la mayor parte de Harlem es un lugar seguro de día y medianamente seguro por la noche; más o menos como en todos lados. Pero sí existe una frontera que no conviene pasar cuando oscurece; esta es la Avenida Lexinton, que marca el límite de East Harlem. En este lugar se establecieron muchos inmigrantes sudamericanos y, en la actualidad, es la zona de acción de varias bandas latinas. Otra buena frontera que puedes tener en cuenta es la 135. Más ‘arriba’ de ahí no hay mucho más que ver (salvo el Museo de Arte Medieval al que puedes llegar en metro –Estación Dyckman Street- y el bosque de Inwood Hill Park, dónde aún se conservan los últimos restos de bosque nativo y de la presencia de indios en la vieja Manhattan –se encontraron varios estructuras pre europeas realizadas con grandes piedras conocidos como Indian Caves-) por lo que no hay que preocuparse.

Un paseo por Harlem.- Central Park se reencuentra con la ciudad en el Harlem Meer Lake, un inmenso espejo de agua en el que confluyen los caminos que recorren el parque en toda su extensión. Aquí se unen en uno sólo. El nombre ya es toda una declaración de intenciones: Boulevard Malcom X. Desde aquí puedes entrar en Harlem por Lenox Avenue y Malcom X Boulevard y ver como a apenas una cuadra del parque cambia el paisaje urbano. Junto a los típicos edificios de ladrillo (algunos preciosos como el de la esquina de Malcom y la 111) aparecen las primeras grandes torres de departamentos en enormes complejos como el Martin Luther King Towers, uno de los muchos conjuntos de casas públicas de Harlem. Entre los edificios verás las típicas canchas de básket en las que se juega de maravilla.

El Boulevard Malcom X ejerce de eje principal del barrio y casi todo lo que hay que ver está a un par de cuadras a la derecha o a la izquierda de esta vía llena de iglesias, comercios y gente: mucha gente. Ya te hablamos del Apollo. Otro imprescindible es acercarse hasta el Marcus Garvey Park, uno de los espacios verdes más bonitos y antiguos de toda la ciudad. En torno a este parque se encuentran las famosas ‘brownstone houses’, edificios del siglo XIX construidos con piedra caliza de color marrón y que son una de las señas de identidad histórica más importantes de toda la ciudad. Las mejor arquitectura se encuentra entre las calles 117 y la 135 (en el tramo comprendido entre Malcom X Boulevard y Park Avenue), pero las más bonitas son las que rodean el parque y las cuadras siguientes. Si sigues hacia la 135 aprovecha para ver otros dos hitos arquitectónicos del barrio: la Abyssinian Baptist Church (West 138th Street, 132) y Strivers’ Row (West 138th y West 139th Street) dónde se apelotonan viejas casonas de estilo victoriano construidas en el último tramo del siglo XIX. Desde aquí puedes darte el salto hasta el Campus de la Universidad de Columbia.

VARIOS MITOS EN HARLEM.- Más allá de los valores históricos y arquitectónicos, Harlem es también un espacio cultural. Ya te hablamos del Apollo, que desde 1934 (cuando se permitió la entrada a afroamericanos) se convirtió en uno de los grandes centros de la cultura negra de la ciudad y el país. The Studio Museum (West 125th Street, 144; Tel: (+1) 212 864 4500) no tiene la solera añeja del Apollo, pero sus exposiciones artísticas rompedoras ahondan en esta identidad que se quiere rescatar y reivindicar. La otra comunidad de referencia de Harlem es la latina, que se aglutina más allá de Park Avenue en lo que llaman ‘el barrio’. Basta un paseo por East 116 Street y una visita al mítico Mercado de La Marqueta (Park Avenue, 1590; Tel: (+1) 212 534 4900) para ver empaparse del ambiente del Spanish Harlem, donde se concentra la mayor parte de la colonia puertorriqueña, cubana y dominicana de Nueva York. El Museo del Barrio (Fifth Avenue, 1230 –junto a Central Park-; Tel: (+1) 212 831 7272) explora esta herencia a través de exposiciones artísticas y un completo programa de actividades.

La música es otro de los elementos culturales que sirven de aglutinante a la ciudad. La religiosa, con el Gospel como máxima expresión, y la profana, con un amplio espectro que va desde el jazz hasta el rap pasando por el Soul. Para escuchar Gospel hay varias opciones (ver cruces naranjas en el mapa). La mas turística es The Abyssinian Baptist Church (West 138th Street, 132; Tel: (+1) 212 862 7474) pero hay otras opciones como la Bethel Gospel Assembly (East 120th Street, 2; Tel: (+1) 212 860 1510) o la Convent Avenue Baptist Church (West 145th Street, 420; Tel: (+1) 212 234 6767), que son más auténticas. Los servicios son los domingos entre las 8.00 y las 13.00 horas –debes mirar los horarios-. Si no estás en Nueva York un domingo puedes ir al servicio de los miércoles (19.30) de la White Rock Baptist Church of Harlem (West 127th Street, 152; Tel: (+1) 212 663 5270).  

Y comer… Nos falta comer. En el barrio hay mucho dónde elegir, pero hay algunos locales icónicos que merecen la pena visitarse aunque sean verdaderos topicazos turísticos. Sylvia’s (Malcolm X Blvd, 328; Tel: (+1) 212 996 0660) es la reina de la Soul Food desde la década de los 60. En esta casa puedes comer el pollo frito al más puro estilo sureño (especiado y sabrosísimo) además de otras especialidades como las gambas fritas o el catfish. Otro lugar mítico del barrio es el Amy Ruth’s (West 116th Street, 113; Tel: (+1) 212 280 8779) que ofrece contundentes brunchs los domingos a medio día y también otras especialidades como los wafles con pollo. Harlem Shake (West 124th Street, 100; Tel: (+1) 212 222 8300) es famoso en la zona por sus hamburguesas y perritos y, para terminar, dicen que en Taco Mix (East 116th Street, 234; Tel: (+1) 212 289 2963) están los mejores tacos de todo Nueva York.

La historia del Hotel Theresa (Adam Clayton Powell Jr Blvd, 2070).- Se le considera el Waldorf de Harlem por su altura y la calidad de su diseño, pero, como todo en este barrio, tiene un significado especial vinculado a la lucha de la comunidad por sus derechos. El Theresa hasta 1940 sólo aceptaba a huéspedes blancos, pero un cambio de propietarios no sólo significó la apertura del mismo a cualquier persona con independencia de su raza, sino que pasó a ser uno de los centros culturales más activos del barrio y, también, un lugar desde dónde se reivindicó la igualdad de derechos. La negativa de otros hoteles a hospedar negros de clase media o baja hizo que importantes personalidades de la comunidad afroamericana eligieran el Theresa para alojarse o pasar largas temporadas. Uno de sus huéspedes más ilustres fue Fidel Castro, que se alojó aquí con motivo de la apertura del periodo de sesiones de 1960 de la Asamblea de las Naciones Unidas. El Theresa vivió en carne propia la degradación del barrio de los 60 y se convirtió en un edificio de oficinas en 1971.

Fotos bajo Licencia CC: ms globetrotter; ajay_suresh; Dennis; Keira McPhee; Scott McLeod; Owen Allen; Wilhelm Joys Andersen

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Publicado el
10 de diciembre de 2020 - 20:31 h

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