Dos por uno: Fougeres, el mejor castillo de Francia a dos pasos del Monte Saint-Michel

La ciudad de Fougeres desde las almenas de su castillo medieval.

Viajar Ahora

28 de marzo de 2026 11:47 h

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Plantarse ante la silueta imponente del Monte Saint-Michel es una de las experiencias viajeras más imponentes de toda Europa. Por muchas veces que lo veas, la sensación de encontrarte ante algo único es siempre la misma y surge el asombro y esa sensación de desasosiego e incluso angustia cuando te vas (esto sólo nos sucede en nuestra adorada Roma y en el Glaciar Perito Moreno, en Argentina). Hay muchos que visitan esta abadía magnífica desde París en excursiones maratónicas o como parte de alguna ruta por esta zona prodigiosa de la costa francesa (la mítica Armórica de Asterix y Obelix) donde se acumulan los castillos, las iglesias, los dólmenes, los bosques, los playazos, las ciudades monumentales…

Saint-Michel ejerce de imán poderoso. La roca acumula una cantidad de patrimonio arquitectónico e histórico brutal. El lugar es un lugar de peregrinación desde el siglo VIII y con sus idas y venidas, sus construcciones y sus destrucciones (los vikingos lo hicieron polvo un par de veces) hasta su reconstrucción monumental en el siglo XII. Y ahí empezó el mito. El eje de este peñasco maravilloso es la Abadía de Saint Michel, un impresionante complejo de edificios, claustros, terrazas e iglesias que forma un conjunto maravilloso que va desde el prerrománico carolingio a los primeros momentos del Renacimiento con especial protagonismo del mejor románico y el mejor gótico del continente. Una gozada. Una pasada a la que hay que llegar con las entradas compradas con bastante anticipación.

La imponente figura del peñasco más famoso de Europa. El Monte Saint Michel durante la marea baja.

Y en torno a la abadía un pequeño burgo de piedra, madera, hierro forjado y pizarra con sus iglesias maravillosas (La monumental San Pedro y la pequeña pero espectacular Ermita de San Auberto), sus palacios, sus torres, sus calles empedradas… Este lugar da para mucho más que una excursión de ida y vuelta o una escala de un par de horas. Uno de los mayores placeres que se pueden experimentar en un viaje por la costa atlántica francesa es poder pasar una noche en este peñasco maravilloso (los precios son altos) y poder darse el lujo de entrar a algunos de los museos que hay en la pequeña villa (destaca el Museo Histórico donde se recrea el día a día de la Abadía durante la Edad Media).

Claustros góticos en la Abadía de Saint Michel.

Una pequeña guía de Fougeres.- Fougeres no se entiende sin Saint Michel y su historia corre casi en paralelo a la biografía de la abadía. Sus orígenes son relativamente recientes ya que antes del siglo X no hay ningún documento que confirme la existencia de una villa que nació por y para defender las fronteras del poderoso Ducado de Bretaña. Y de ahí su principal atractivo para el viajero. De ese origen como plaza fuerte queda el impresionante Castillo que fue el epicentro de la vida política de la villa hasta la incorporación efectiva de la zona a la soberanía francesa durante la Guerra de los Cien Años (en este caso hablamos de una fecha tan tardía como 1488). El castillo que podemos ver hoy es el resultado de cientos de años de evolución de la arquitectura militar desde el siglo XI al XVI, cuando el uso de la artillería hizo que este tipo de infraestructuras quedara obsoleta.

Muros imponentes. El castillo de Fougeres es uno de los más grandes e importantes de toda Francia.

La visita es muy instructiva. Más allá del interés arquitectónico o histórico (con su vinculación al ducado de Bretaña y la relación con Francia como eje) el lugar está muy bien montado y cuenta con una colección impresionante de réplicas de máquinas de guerra que funcionan y puedes ver. Una pasada. La Coursive (Jacques Faucheux, 69) sirve para completar la visita a la fortaleza. Este pequeño centro de interpretación donde se muestra una completa colección de objetos y obras de arte que explican la historia de la plaza ‘de la a, a la z’.

Viejos molinos industriales en el casco histórico de Fougeres.

Antes de buscar los grandes hitos de la ‘Ciudad Alta’ hay que acercarse a las orillas del Río Nançon y ver lo que queda de la Fougeres de la Edad Media que se deja ver en viejas casas de trama de madera junto al Jardín de Val Nançon, un cauce domado junto a las impresionantes murallas del castillo donde la mano del hombre creó pequeños saltos y canales donde las aguas se aceleran para mover las ruedas de viejos batanes industriales y molinos harineros. Nunca habíamos visto tantos molinos hidráulicos medievales juntos. La ‘Ciudad Baja’ culmina en la Iglesia de San Sulpicio (Rue le Bouteiller, 7), una maravilla gótica del siglo XV.

Casas con trama de madera en el casco histórico de Fougeres.

La ‘Ciudad Alta’ de Fougeres es una pequeña villa atractiva de pasearse en un par de horas para ir descubriendo sus atractivos patrimoniales. El casco histórico de bonitas casas de piedra se articula en torno a tres calles paralelas que se recorren de punta a punta en apenas unos minutos (Nationale; Lesueur y Verdún) y se relacionan entre si a través de la Plaza del General Lariboisière. En apenas unos centenares de metros está tofo lo que hay que ver: El Teatro Víctor Hugo (Plaza del Teatro); el campanario de Le Beffroi (Rue du Beffroi, 10), que es el más antiguo de la Bretaña francesa -siglo XIV- y, sobre todo, Saint Leonard (Hotel de la Ville, sn), una gran iglesia medieval que cuenta la evolución de la arquitectura desde los últimos tiempos del gótico hasta el siglo XIX.

Vitrales góticos en la Iglesia de Saint Leonard, una de las dos parroquias medievales de Fougeres.

El Museo Emmanuel de la Villéon (Nationale, 51).- Más allá de la obra de uno de los paisajistas más destacados del Impresionismo, este museo es interesante por el edificio que ocupa. Es una muy buena oportunidad para ver por dentro una casona del siglo XVI con las características tramas de madera de los edificios medievales de esta parte del país.

Saint Leonard de Fougeres desde la 'Ciudad Baja'.

Un bosque lleno de magia.- Uno de los elementos definidores del paisaje histórico bretón es la presencia de arte megalítico por todos lados. El bosque de Fougeres (acceso por D-177) es un profundo hayedo de más de 1.700 hectáreas donde podemos encontrar varios restos de las culturas prehistóricas que habitaron estas tierras en torno al cuarto milenio antes de Cristo. En este bosque bellísimo nos encontramos con el Dolmen de Pierre du Trésor y el Cordón de los Druidas, una curiosa alineación de menhires.

Fotos bajo Licencia CC: Gérard Meyer; Patrick; Simon; Fernando López; Paula Funnell; Mrs TeePot

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