Évora y la campiña del Alentejo: la región mágica del sur portugués

El Templo romano de Évora es uno de los iconos patrimoniales del Alto Alentejo portugués. Stephen Colebourne

La primera vez que nos encontramos cara a cara con este trozo prodigioso de Portugal fue de pasada. Apenas hicimos alguna parada de un par de horas (en aquella ocasión fue en la magnífica Alcacer do Sal) mientras volábamos desde las playas del Algarve hasta Lisboa. Pero aquel fugaz encuentro, que apenas duró seis o siete horas, nos dejó con las ganas de conocer esta región lusa. Y volvimos. Bastantes veces. Algunas escapadas a las inmediaciones de la frontera con la vecina Extremadura nos descubrieron, por primera vez, la maravillosa Évora. Fuimos con prisas para ver su famoso templo romano (uno de los mejor conservados de Europa) como complemento ideal de una visita de varios días a Mérida y su entorno; pero nos quedamos con ganas. Así que aprovechamos un puente largo para hacer base aquí y, de paso, explorar sus alrededores.

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La campiña alentejana es el reflejo su su vecina extremeña. La Dehesa manda e impone su ley de planicies y colinas suaves dónde se alterna el encinar y el pino con extensos olivares y la vid de la que salen algunos de los mejores vinos de Portugal, que ya es decir. Évora ejerce de capital de la región del Alto Alentejo y ocupa un lugar de centralidad en una zona prolija en encantos. Casa pocos kilómetros hay una aldea bonita; un viejo castillo; una auténtica ciudad amurallada cuajada de viejos edificios gloriosos; restos de poblados prehistóricos; viejas bodegas dónde madura el potente vino local… Te ofrecemos una pequeña guía de Évora u un puñado de lugares que puedes visitar a menos de una hora de distancia de la ciudad. No son todas las que son, pero esta es nuestra selección.

UNA PEQUEÑA GUÍA DE ÉVORA.- Évora es una de las grandes ciudades históricas de Portugal. Una población que pese a su pequeño tamaño (poco más de 56.000 habitantes) rivaliza en importancia patrimonial con Oporto, Coimbra o la misma Lisboa. Uno de los puntos fuertes de esta ciudad es su posición. Se encuentra junto a la autopista que une Lisboa de Madrid (a 134 kilómetros de la capital lusa –hora y veinte minutos- y a 505 de la española –cinco horas-) por lo que suele ser una escala habitual de los que viajan en los dos sentidos. Una ciudad importante desde siempre: fue municipio libre del Imperio Romano; medina de importancia durante la presencia musulmana y clave en la expansión y consolidación de Portugal como reino independiente en su pugna con los musulmanes y España. Los restos del Templo Romano (Largo do Conde de Vila Flor) son la huella más sorprendente de ese pasado. Catorce columnas aún erguidas que no trasladan al siglo I y aunque se lo conoce como el Templo de Diana lo más seguro estuvo consagrado al culto al emperador. Por toda la ciudad se salpican otros rastros del antiguo municipium romano: elArco de Dona Isabel (Rua de Dona Isabel, 20); los restos de la muralla en las calles Burgos y Alcárcova de Cima, los vestigios de una antigua casa –Domus-, también en la calle Burgos o los restos de las antiguas Termas que se encuentran en el edificio del Ayuntamiento (Praça do Sertório, sn). Si te interesa la historia romana de la ciudad (y la que sigue), puedes visitar el Museo de Évora (Largo do Conde de Vila Flor; Tel: (+351) 266 730 480) en el que se guardan numerosos tesoros arqueológicos y artísticos (entre ellos muchos de la época romana).

Évora se deja conocer en una jornada de paseo tranquilo. Como te decíamos con anterioridad, es una ciudad pequeña; y todo lo que hay que ver se encuentra a poco más de un par de centenares de metros de la Praça do Giraldo, que ejerce de centro geográfico de la población y de auténtico mentidero ciudadano gracias a sus terrazas, bares y cafeterías. Desde aquí, las calles forman un curioso laberinto a veces radial, a veces circular, que culmina en el perímetro de las antiguas murallas, con tramos muy bien conservados sobre todo en sus lienzos oeste y norte. Un paseo permite recorrerlas. Ándate hasta el extremo norte, allí donde los muros se unen al imponente Acueducto de Agua da Prata (que no es romano sino del siglo XV). De aquí al Fuerte de Santo António da Piedade, fortaleza que guardaba el acceso norte a la ciudad, no hay más que un pequeño paseo. Tenlo en cuenta para cuando hayas terminado de caminar por la ciudad a intramuros.

Y como es pequeña, los grandes monumentos se apelotonan. Por ejemplo, entre la Catedral, la Sé de Nossa Senhora da Assunçao (Largo do Marquês de Marialva), una joya que es, a la vez, románica, gótica y barroca, y el imponente Palacio Cadaval (Augusto Filipe Simoes, sn; Tel: (+351) 919 588 474), casa solariega de origen medieval reconvertida en centro cultural, median casi pared con pared, el Museo de Évora y el Templo Romano. Así que cuando vayas a ver uno, los ves todos. O vas y vienes. Las distancias son tan cortas que permiten darte la licencia de dar rodeos o dejar alguno de los lugares que hay que ver, sí o sí, para más tarde. De la Capilla de los Huesos (Praça 1 de Maio, 4; Tel: (+351) 266 704 521), una cripta tan aleccionadora como sombría cubierta de huesos de antiguos monjes del anejo Monasterio de San Francisco, al Acueducto de Agua da Prata hay apenas mil cien metros por una ruta que deja dentro buena parte de lo que hay que ver. De extremo a extremo de la antigua Évora en un cuarto de hora.

UN SALTO DE OCHO MILENIOS EN LOS ALMENDROS (A 17,4 kilómetros por N114 y CM1075).- El Crómlech de Los Almendros es uno de los monumentos megalíticos más importantes de la Península Ibérica. Este conjunto de estructuras de piedra (con algunos bloques de más de tres metros de altura) tiene dos conjuntos diferenciados: El recinto oeste es un conjunto de tres círculos concéntricos con más de ocho milenios de antigüedad, mientras que el recinto este, construido en el tercer milenio antes de Cristo, es de planta elíptica. En total hay 95 menhires, algunos de ellos con interesante grabados. Se cree que, al igual que sucede con otras estructuras similares en Europa, estos monumentos servían para controlar el paso del tiempo a través de marcadores de tipo astronómico. Más allá de su función, es un lugar digno de verse.

ARRAIOLOS Y SUS FAMOSAS ALFOMBRAS (A 22,5 kilómetros por la R114-4 y la N370).- Esta pequeña aldea de casitas blancas también tiene su castillo (que data de tiempos de árabes) y sus iglesias históricas. Pero por lo que esta localidad es de verdad famosa es por sus preciosas alfombras artesanales, que siguen elaborándose a mano siguiendo una tradición que se remonta a la época de dominación islámica de la región.

UNA ESCAPADA HASTA ALCAZAR DO SAL (A 69 kilómetros de Évora –Rutas N380, N257 y N253).- Esta pequeña ciudad ocupa par orilla norte del Río Sado pocos kilómetros antes de que éste se abra al mar en un estuario lleno de humedales y extensos campos de arroz (Reserva Natural del Estuario del Río sado. Esta ciudad es una de las más antiguas de Portugal y carga a cuestas casi tres milenios de historia. Una visita al Castillo te propone ese viaje en el tiempo y descubrir cómo se superponen restos prerromanos, romanos, árabes y, finalmente, cristianos. A dos pasos de la fortaleza, por ejemplo, se encuentra una de las iglesias románicas más meridionales de la Península Ibérica –Santa María do Castelo-. La ciudad repite los esquemas urbanísticos de otras urbes del sur luso: casitas blancas apiñadas en un auténtico laberinto de callejuelas que ponen de manifiesto la herencia árabe del lugar. Desde aquí se puede acceder fácilmente a la Península de Troia, una lengua arenosa repleta de auténticos playazos que cierra el flanco sur del estuario del Sado.

LA FORTALEZA DE MONSARAZ (A 55 kilómetros de Évora –Rutas N256 y M514).- Este pequeño pueblo fortificado ocupa la cima de una pequeña colina y se encuentra a pocos kilómetros de la frontera con las tierras de Extremadura. Es una de las localidades más bonitas del Alentejo. Su castillo templario es el icono de esta aldea de casas encaladas apiñadas en la cima de un cerrillo desde el que se domina una extensa área de Dehesa. También tiene una iglesia renacentista, varias casas palaciegas interesantes y una muralla que se abre en puertas monumentales. Pero lo mejor de Monsaraz es explorar sus callejas. A pocos kilómetros al norte se encuentra el Monumento Megalítico de Xarez (Acceso M514), justo en frente de un monasterio del siglo XVIII (Convento da Orada) reconvertido en hotel rural y museo arqueológico.

ELVÁS y EL FUERTE DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA (58 kilómetros por la A6).- La ciudad fortificada de Elvás es el espejo de la vecina Badajoz, de la que dista apenas una veintena de kilómetros; pero a diferencia de su ‘par’ española nunca fue sometida a los horrores de la guerra y sus murallas y baluartes, un ejemplo paradigmático de la arquitectura militar del siglo XVIII, están como si los hubieran construido ayer. Pero hay más: un acueducto impresionante, grandes edificios públicos y religiosos y esa arquitectura tradicional portuguesa que tanto nos gusta. El conjunto es un bonito pueblo alentejano rodeado por una imponente muralla. Muy cerca de la ciudad, en lo alto de una colina, está el Fuerte de Nuestra Señora de Gracia, otra de las muchas joyas de la arquitectura militar que se desparraman por toda la frontera que separa a España de Portugal.

VILA VIÇOSA TY SU PALACIO DUCAL (A 62,4 kilómetros por A6).- Vila Viçosa es otra de las tantas villas monumentales de la región. Es una de las denominadas ciudades de Mármol alentejanas, por la abundancia de grandes obras arquitectónicas y artísticas elaboradas con este material. En Vila Viçosa hay un castillo muy bien conservado, algunos restos arqueológicos interesantes e iglesias góticas y barrocas. Pero la atracción más importante es el Palacio (Paço) Ducal, un imponente edificio nobiliario en el que, precisamente el mármol es el gran protagonista. Esta imponente casona, casa matriz de la familia Braganza, hoy es sede de un museo dedicado al mármol y su importancia en la región.

Fotos bajo Licencia CC: Stephen Colebourne; Francisco AntunesEDARFPunkToad; Ángel M. Felicísimo; Patrick Nouhailler; Angel de los RiosAngel de los Rios

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Publicado el
23 de junio de 2020 - 20:37 h

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