Tres días en Padua: De Troya al Duomo, el corazón monumental de la ciudad
Si le hacemos caso al poeta Virgilio, para buscar los orígenes de la ciudad de Padua hay que irse hasta las orillas del Estrecho de los Dardanelos y visitar las ruinas de la mítica Troya. De la ciudad arrasada por los griegos escaparon dos muchachos: Eneas y Antenor. Pero más allá de este origen en común, las aventuras de los dos héroes que lograron establecerse en Italia no tienen nada que ver. Eneas las pasó canutas para cumplir su destino de fundador de Roma, mientras que Antenor pudo fundar Patavium (la actual Padua) tras un breve paseo por el Adriático y el norte de la Península Itálica. Hasta Venus puso el grito en el cielo (nunca mejor dicho) por las penalidades de Eneas para cruzar el mar por las artimañas y malas artes de la diosa Juno (que odiaba a Eneas porque sabía que sus descendientes -los romanos- iban a destruir su amada Cartago).
No es mala idea iniciar un paseo por Padua obviando los muchísimos atractivos que nos salen al paso desde cualquiera de las puertas que se abren en la muralla renacentista más grande de Europa, y nos encaminamos de manera directa hacia la Plaza de Antenor. Ahí, bajo un templete de ladrillo y piedra del siglo XIII se encuentra un viejo sarcófago de piedra. Cuando se halló esta pieza de arte funerario (que tenía un esqueleto en su interior), un poeta local llamado Lovato de’Lovati determinó que eran los despojos del mismísimo Antenor. La ciencia moderna ha situado la muerte del señor en cuestión en torno al siglo III o IV de nuestra era y según parece se trata de un bárbaro de origen húngaro.
Pero da igual. Nosotros empezaremos este primer día de paseo por la ciudad desde aquí (iconos azules en el mapa) y explorando en centro de esta ciudad poco visitada pese a ser uno de los centros patrimoniales más importantes del norte de Italia. Sólo por pasearse por los lienzos de la muralla renacentista más importante del país, que en sus tiempos fue descrita como inexpugnable, ya merece la pena el paseo. Pero es que hay mucho más. Muchísimo y muy bueno. Esto es Italia. Y Padua es una gran ciudad con todo lo que eso significa (algfunos restos romanos, palazzos, basílicas, ermitas, frescos…). Una ciudad que, para colmo, fue uno de los centros de irradiación del Renacimiento en los siglos XIV y XV. La llegada a la ciudad de artistas de la talla de Giotto o Donatello impulsó las artes creando una escuela propia en la que hay gigantes como Mantegna y Francesco Squarcione.
La otra fuente de irradiación de las nuevas ideas se forjó en las aulas de la prestigiosa Universidad de Padua, que aún tiene su edificio noble principal en el espectacular Palazzo del Bo (Via Cesare Battisti, 2). Este viejo Hospitium Bovis albergaba la escuela de leyes de la universidad cuando un verdadero fenómeno de masas obligó a las autoridades universitarias a dejar dar las clases de ciencias. El profesor que movía a centenares de alumnos era un tal Galileo Galilei en cuyo honor se ha bautizado el Aula Magna de la universidad. Visitar el edificio merece la pena, pensar que en esa sala daba clases uno de los pensadores más importantes de la historia universal es aún mejor (puedes ver hasta un púlpito de madera atribuido al mismísimo astrónomo). Y la sala es muy bonita. Otro lugar que ver en la sede universitaria es su Anfiteatro Anatómico, una espectacular aula de anatomía del siglo XVI que está considerada como la más antigua del mundo en su clase.
Plazas, palacios, logias e iglesias.- El tramo de calles y plazas que media entre la sede de la Universidad y la Piazza del Duomo pone de manifiesto la potencia patrimonial y monumental de la ciudad. Aquí hay más cosas que ver que en la mayoría de las grandes ciudades del mundo. Como decíamos, esto es Italia, Tras salir del Palacio del Bo hacemos una primera parada en la dupla que forman las plazas de Delle Erbe y Della Fruta. Justo antes de llegar a las plazas, lindando con el propio Bo nos topamos con la Torre de los Anziani (Vía del Municipio, 1) la torre cívica más antigua de la ciudad (siglo XIII) y testigo del paso del último gótico a los primeros trazos del Renacimiento.
Esta torre palaciega de 44 metros de altura (se puede subir) forma parte del complejo de edificios del Palazzo della Ragione -Palacio de la Razón- (Piazza delle Erbe, sn) un gigantesco edificio del siglo XIII que servía como sede del gobierno de la ciudad, tribunal de justicia y mercado. Las dos plazas (rodeadas de casas de gran belleza con enormes soportales) sirven de gran espacio cívico en el que reina el gran edificio civil de la Padua medieval y moderna. Es el contrapunto político a la vecina Piazza del Duomo, donde se encuentra uno de los grandes templos católicos de la localidad.
La Basilica Cattedrale di Santa Maria Assunta (Piazza Duomo, sn) Que el exterior no te engañe. Según se dice, aunque no hay pruebas documentales al respecto, los planos del Duomo de Padua son obra del mismísimo Miguel Ángel y el conjunto es el resultado de más de 1.700 años de historia de construcciones, destrucciones y reformas: hasta el punto de que la fachada quedó sin terminar y muestra una sencillez casi ‘cutre’ que contrasta con la belleza del interior. No te puedes perder la entrada al Baptisterio, una enorme estructura románica que es lo que queda de la catedral medieval construida en el siglo XII. En el interior te vas a encontrar uno de los puntos culminantes del primer renacimiento italiano: los frescos de Giusto de Menabuoi (siglo XIV) que muestran ya las primeras trazas del paso desde lo medieval a lo ‘moderno’. La Logia Carrarese (Via Accademia, 7).- Este palazzo del siglo XIII fue la residencia de una de las familias más importantes de la ciudad. En su bonita ermita pueden verse frescos de Guariento.
Fin de ruta en Piazza San Nicholo.- Desde el Duomo pasamos a la Piazza dei Signori para visitar dos de los edificios más singulares de la ciudad: la Logia de la Gran Guardia, un soberbio edificio del siglo XVI que sirvió de sede al consejo municipal durante siglos, y la Torre dell'Orologio, una soberbia puerta monumental del siglo XV rematada, como su propio nombre indica, por una torre con un enorme reloj público. Esta zona de la ciudad está cuajada de viejos palacios. Algunos se pueden visitar (como el Palazzo Livano -Piazza Capitaniato, 7- donde se encuentra la famosa Sala de los Gigantes -con frescos del siglo XIV de Altichiero da Zevio y Jacopo Avanzi-).
Como te decíamos hay mucho que ver. Nosotros te recomendamos terminar la jornada en la Piazza de San Nicholo junto a la iglesia del mismo nombre. Este templo pequeño, en comparación como la grandiosidad que hay por todos lados, es muy poco conocido y casi nadie se pasa por estos callejones. Y sin embargo, sus frescos del siglo XIV fueron una de las cosas que más nos gustó de toda la ciudad.
Fotos bajo Licencia CC: Sebastià Giralt; Steve Elliott; Ted McGrath; RdA Suisse; Darren & Brad; Richard Mortel
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