Nuevas excavaciones en la cueva de La Chora revelan con mayor precisión cómo vivían las poblaciones prehistóricas del Cantábrico

Un yacimiento excavado por primera vez hace más de seis décadas está ofreciendo en la actualidad una visión mucho más precisa de la vida de las comunidades prehistóricas gracias a las técnicas actuales de investigación arqueológica. El Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC) desarrolla desde el pasado 23 de junio una nueva campaña de excavaciones en la cueva de La Chora, en San Pantaleón de Aras (Voto), con el objetivo de profundizar en el conocimiento de las poblaciones que ocuparon este enclave entre hace 13.500 y 8.000 años.

El proyecto está dirigido por Igor Gutiérrez Zugasti, investigador del grupo BioPrehistory de la Universidad de Cantabria (UC), y Asier García Escárzaga, del grupo IsoTOPIK de la Universidad de Burgos.

Desde que retomaron el estudio del yacimiento en 2021, con financiación de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, el equipo ha identificado nuevas ocupaciones humanas del Mesolítico, datadas entre hace 9.000 y 8.000 años, además de continuar excavando niveles más antiguos pertenecientes al Aziliense, con una cronología que alcanza ya los 13.500 años, un periodo caracterizado por unas condiciones climáticas mucho más frías que las del Mesolítico. Los trabajos realizados han permitido ya documentar un intenso aprovechamiento de los recursos naturales de la zona.

En los niveles mesolíticos abundan las evidencias de caza y de recolección de moluscos, junto con restos que apuntan también al consumo de vegetales. Algunos de estos niveles corresponden a concheros, grandes acumulaciones de conchas generadas por el consumo continuado de moluscos por parte de los grupos humanos. De hecho, uno de los aspectos más singulares del yacimiento es la abundancia de especies propias de estuario, como ostras, almejas y mejillones, una característica que permite reconstruir con mayor detalle cómo se organizaba la explotación de los recursos marinos en el valle del Asón.

Sin embargo, la línea de costa se encontraba más alejada de la cueva en el Aziliense, lo que reducía el consumo de recursos marinos y favorecía una economía basada principalmente en la caza, como evidencia una presencia excepcional de restos de fauna terrestre.

“Lo que estamos viendo es que las comunidades mesolíticas combinaban el aprovechamiento de los recursos marinos con una intensa actividad de caza, algo que hasta ahora estaba poco documentado en yacimientos localizados en la cabecera de los estuarios”, explica Igor Gutiérrez Zugasti, que destaca que los niveles ahora excavados están proporcionando información especialmente valiosa porque permiten estudiar no solo las actividades de caza, sino también la evolución del paisaje, las condiciones ambientales y el aprovechamiento de otros recursos por parte de las poblaciones que ocuparon la cueva al final del Paleolítico.

Arqueología de precisión

La cueva de La Chora fue excavada por primera vez en 1962 por Joaquín González Echegaray y Miguel Ángel García Guinea. Sin embargo, las investigaciones actuales se desarrollan con una metodología muy distinta, que permite obtener una resolución muy superior a la alcanzada hace décadas. “Muchos de estos yacimientos fueron excavados con las técnicas disponibles en su momento. Hoy podemos registrar cada hallazgo con mucha más precisión y obtener una información que entonces era imposible recuperar”, señala el investigador de la Universidad de Cantabria.

Cada pieza recuperada durante la excavación se documenta individualmente mediante coordenadas precisas que permiten reconstruir posteriormente su posición original en el yacimiento. Además, todo el sedimento extraído se tamiza con mallas de apenas un milímetro para recuperar pequeños restos arqueológicos que no pueden identificarse durante la excavación manual. Después comienza un largo proceso de clasificación, conservación y estudio en laboratorio que se prolonga durante meses.

En la campaña participan entre diez y catorce investigadores, aunque el trabajo científico continúa durante el resto del año con el análisis de los materiales recuperados. Los resultados obtenidos desde el inicio del proyecto ya han dado lugar a varias tesis doctorales y siguen ampliando el conocimiento sobre la ocupación prehistórica del litoral cantábrico.

Durante las próximas campañas esperan encontrar “ocupaciones incluso más antiguas que proporcionen nueva información sobre los cambios en las formas de vida de las poblaciones humanas durante el Paleolítico”, explica el investigador.