CIUDAD REAL
De Almagro a Twitch: el streamer que lleva el folclore manchego a los videojuegos
Un monstruo persigue a Agustín García en un videojuego de terror. La tensión aumenta y el miedo aparece en el joven. Pero, en lugar de gritar o asustarse, empieza a cantar un fandango manchego.
La escena, tan inesperada como efectiva, es vista a través de Internet por miles de personas que siguen a este streamer en Twitch, la plataforma por excelencia para emitir este tipo de contenido. Y, como no podía ser de otra manera, termina siendo viral.
Lo que podría parecer una ocurrencia puntual, se ha convertido en una de las señas de identidad de este creador de contenido de 27 años nacido en Almagro (Ciudad Real), que ha encontrado en las jotas, los fandangos y las canciones populares de su tierra una forma de dar personalidad a sus retransmisiones en Internet. Sumando Twitch, Instagram y TikTok, Agustín, conocido en redes como AGP1333, reúne a más de un millón de seguidores y lleva el folclore manchego a una audiencia mayoritariamente joven y repartida por distintos lugares del mundo.
La combinación resulta, a primera vista, poco habitual: videojuegos de terror y música tradicional. Sin embargo, para Agustín, ambas cosas han terminado encajando con naturalidad.
Desde pequeño, a Agustín le gustaban el arte y la música —de hecho, quería dedicarse a ello—, pero su interés por el folclore y las tradiciones de su localidad, sin embargo, llegó más tarde, durante su etapa universitaria.
El impulso vino de una profesora que había investigado las músicas populares de su pueblo, en Salamanca. “Y eso me llevó a interesarme por el folclore del mío”, recuerda.
A partir de ahí, comenzó a investigar la tradición musical de Almagro y elaboró un documento de más de 200 páginas en el que recopiló canciones y algunas costumbres locales. “Era un cancionero que también contaba las tradiciones que había aquí en Almagro, como la de los 'Mayos Manchegos', las Cruces de Mayo y su contexto”, explica.
Su formación como maestro de Educación Primaria, con especialidad en Música, y el posterior Máster en Investigación Musical le permitieron profundizar en ese trabajo. Para su trabajo de fin de máster (TFM) elaboró una propuesta didáctica destinada a llevar las canciones populares de Almagro a las aulas. También comenzó un doctorado, aunque finalmente decidió aparcarlo cuando vio que ganaba dinero con las redes sociales.
Paralelamente, se incorporó a la Asociación Folklórica 'Tierra Roja', dedicada a recopilar y difundir el repertorio tradicional castellanomanchego, especialmente el del Campo de Calatrava, comarca en la que se encuentra Almagro.
Aquel interés por la música popular, que había comenzado como una investigación académica, acabaría encontrando un espacio inesperado en sus retransmisiones por Internet.
De La Macarena a un fandango manchego
Los videojuegos siempre habían formado parte de sus aficiones, especialmente los de terror. Cuando empezó a retransmitir sus partidas, vio en ellos una oportunidad para probar algo diferente. “Me han gustado siempre y pensaba que podía darle un giro distinto”, cuenta.
Y así fue. Agustín tardó muy pocas retransmisiones -apenas tres- en descubrir ese “giro distinto” que podía aportar al mundo de Internet. En mitad de una partida, decidió combatir la tensión cantando La Macarena. El fragmento se viralizó y le mostró que los momentos de miedo podían convertirse también en situaciones de humor.
Pero el folclore manchego todavía tenía que ocupar su propio lugar en ellas. El momento llegó unos meses después, durante otra partida. “Me acuerdo perfectamente. Me estaba persiguiendo un monstruo en un juego y entonces empecé a cantar el Fandango y Jota de Mota del Cuervo, de Cuenca. Lo subí a redes y lo petó”, recuerda.
Fue su primer vídeo viral protagonizado por una pieza del repertorio tradicional manchego. Gracias a él, le empezó a seguir gente de Castilla-La Mancha en las redes sociales, pero también de fuera de España, atraídos por una canción que les gustaba y que no conocían.
Sorprendido por que hubiera personas de su propia región que no conocían el fandanguillo manchego, y dado que cada vez le gustaba más el folclore, comenzó a integrarlo en sus directos.
Agustín incorporó las jotas y los fandangos a sus partidas, especialmente en los momentos de mayor tensión, cuando cantar le permite rebajar el miedo y transformar la situación en una escena humorística.
“Hay un dicho que dice que ‘quien canta, las penas espanta’. Y claro, jugando juegos de terror me salió a cantar y ya se ha vuelto una rutina para evadirme de las tensiones, evadirme del propio terror del juego, lo hago humor a través de esto”, explica.
No todos sus contenidos están relacionados con los videojuegos de terror. También juega a otros géneros, aunque reconoce que las canciones aparecen de manera más espontánea cuando la partida le provoca tensión. Es entonces cuando el folclore se convierte en una respuesta inesperada a lo que sucede en la pantalla.
Canciones de pueblo para una audiencia global
La repercusión de sus vídeos también tuvo efectos fuera de Internet. Numerosos grupos folclóricos de la zona comenzaron a seguirle y a ponerse en contacto con él. La experiencia fue creciendo y Agustín empezó a incorporar a sus retransmisiones piezas de su propia localidad, de manera que sus directos se convirtieron en una defensa del patrimonio cultural de su pueblo que no siempre resulta fácil encontrar en Internet.
“Es algo que quería defender, porque las canciones no están en redes sociales o en plataformas, la gente no las conoce”, señala.
De esta manera, el streaming de un videojuego de terror se convierte en la primera toma de contacto con una jota o un fandango para muchos de sus espectadores.
Agustín insiste en que su interés por esta música no responde únicamente a una fórmula para conseguir visitas, sino que su afición también está presente cuando no está retransmitiendo y asegura que escucha seguidillas, jotas y fandangos de forma habitual.
“También escucho otras canciones, obviamente, pero estoy cocinando y me pongo una canción de mi grupo de manchegas”, cuenta.
Difundir Almagro más allá de sus canciones
La música tradicional no es la única forma en que Agustín da a conocer su localidad. En sus redes también comparte imágenes y experiencias relacionadas con el patrimonio cultural de Almagro, desde el Corral de Comedias hasta las representaciones teatrales que se celebran en el municipio.
“Siempre estoy subiendo fotos en el Corral de Comedias, o en tal teatro si me invitan a ver una obra. Y digo qué orgullo, qué orgulloso me siento de la cultura y calidad que tenemos aquí en mi pueblo”, explica.
Su formación como maestro sigue presente en esa manera de entender la creación de contenido. Aunque actualmente no trabaja en las aulas, considera que sus retransmisiones también pueden tener una dimensión educativa: el entretenimiento permite despertar la curiosidad por una cultura que parte de su audiencia quizá desconoce.
“También pienso que sigo siendo docente. Aunque no esté trabajando en escuelas, en cierta medida sigo educando porque estoy difundiendo mi propia cultura, que es una de las muchas labores que tenemos los docentes”, reflexiona.
Y añade: “Enseñando esta cultura a través del humor a lo mejor consigo que en la gente se despierte el interés por algo que no conocían, que en este caso es la historia de Almagro. La historia, cultura y todo lo que lo engloba”.
Sigo siendo docente. Aunque no esté trabajando en escuelas, en cierta medida sigo educando porque estoy difundiendo mi propia cultura, que es una de las muchas labores que tenemos los docentes
En sus retransmisiones, el folclore manchego no necesita un escenario ni una celebración concreta para aparecer. Puede surgir en mitad de una persecución virtual, entre gritos y risas, ante una audiencia que quizá había entrado al directo para ver un videojuego y termina escuchando una canción tradicional.
A veces, para acercar una tradición a nuevos públicos, basta con que alguien empiece a cantarla en el momento menos esperado.