La Chorrera, el misterio megalítico de 5.000 años que sobrevivió hasta la época romana en Los Yébenes

Saber de dónde venimos es una de las grandes preguntas filosóficas que a lo largo de la historia ha tenido en vela a muchos pensadores y pensadoras. Los seres humanos, curiosos por naturaleza, no dejamos de preguntarnos, ¿cuál es nuestro origen? La arqueología no siempre tiene todas las respuestas a esa pregunta, pero poco a poco puede darnos pinceladas de quiénes son nuestros antepasados, cómo vivían, cuáles eran sus intereses.

En la localidad toledana de Los Yébenes, desde el proyecto 'Entre dos tierras' llevan más de cinco años estudiando un emplazamiento ubicado en esta sierra de los Montes de Toledo. Primero hallaron un espacio habitacional datado de la Edad del Bronce, el Montón de Trigo, donde aseguran que vivían alrededor de 100 personas dedicadas a la ganadería. También en varios abrigos de piedra localizaron pinturas rupestres. Después La Chorrera, donde primeramente identificaron una agrupación central de piedras y conforme siguieron excavando encontraron lo que parecía ser un lugar de reunión prehistórico, un espacio ligado a rituales.

Un “complejo megalítico” en los Montes de Toledo

Arturo Ruiz Taboada, arqueólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid que dirige el proyecto de excavación, señala que esta segunda campaña “ha sido una pasada porque hemos descubierto un montón de cosas”. En 2025, durante los trabajos que desarrollaron en el mes de agosto, solo definieron “un gran túmulo central con un doble anillo de piedras” que en esta segunda campaña “sería la clave”.

Y así ha sido. El primer lugar han podido definir por completo el túmulo central, donde se ha establecido la secuencia cronológica del mismo que tiene “hasta 5.000 años de antigüedad”. Su fase más arcaica se trata de un crómlech -una estructura circular formada por varias piedras que suele estar asociada en la Prehistoria a observar los cambios de estaciones y controlar los ciclos agrícolas-. Por el momento han logrado identificar seis de las 24 rocas originales. A su vez, en su interior se ubica un menhir de cuatro metros de altura, “pero que está tumbado en el suelo”.

El espacio fue utilizado durante 4.000 años, hasta la época romana

El yacimiento de La Chorrera constituye la utilización simbólica de un espacio, en este caso del paisaje, relacionado con el Valle del Algodor y que se ha utilizado durante muchos milenios.

Ruiz Taboada apunta que lo más interesante es que este espacio se habitó durante 4.000 años. Desde su creación en la época neolítica o calcolítica, estuvo en uso durante un milenio hasta que en la Edad de Bronce “se va a remonumentalizar el espacio, por una razón que desconocemos aún, donde se pierde la estructura original del crómlech, pero más tarde se reconstruye y se sigue utilizando durante 2.000 años. De hecho tenemos constancia de ocupación del sitio en época romana”.

Recalca de nuevo que el espacio en el que se encuentra el complejo megalítico fue utilizado por diferentes generaciones como espacio ritual o simbólico, aunque es difícil definirlo “ya que no tenemos prácticamente evidencias materiales”, pues no han encontrado restos que así lo indiquen. “Lo que está claro es que la gente no vive en este yacimiento”, como si lo hacían en el Montón de Trigo.

Un paisaje con motivos rituales que está relacionado con diferentes pinturas esquemáticas que ya fueron descubiertas en la década de 1980 y que, gracias a los nuevos descubrimientos, pueden poner en contexto dentro del complejo megalítico.

Su funcionalidad aún no está clara

Además del primer crómlech también han identificado una segunda alineación de menhires dentro de otro círculo de piedras. “Están desmontados, tumbados de manera intencional para construir sobre ellos una estructura nueva durante este proceso de remonumentalización”, aclara Arturo Ruiz. Igualmente, han documentado que el menhir central del yacimiento de La Chorrera “está orientado con otros dos menhires externos, formando una alineación orientada con la puesta de sol”.

En la provincia de Toledo existen lugares megalíticos como los dólmenes de Azután y La Estrella o el crómlech de Totanés, sin embargo, en La Chorrera está “todo unido, con un yacimiento que es el eje central del paisaje, y puede ser muy interesante ver cómo se ha conservado”.

De igual forma, si el emplazamiento tuvo un uso funerario todavía no han sido capaces de definirlo de manera concreta: “No ha aparecido ningún resto humano ni ningún tipo de material que así nos lo indique. Hemos encontrado materiales de la Edad del Bronce, pero todo muy disperso”. No obstante, otra posibilidad es que “si tuvo uso funerario no es necesario un enterramiento. El ritual funerario puede ser dejar el cuerpo en exposición y que aves carroñeras como los buitres lo devoren y desaparezca. Pero no descartamos en un futuro encontrar una evidencia funeraria, alguna tumba o algo así”, explica el arqueólogo.

Las principales hipótesis apuntan a tres funcionalidades: “Espacio funerario, ritual y ligado a la astronomía, aunque tendremos que revisarlo y contrastarlo en las excavaciones de los próximos años”.

Una lucha por la conservación

Arturo Ruiz Taboada reivindica que en los Montes de Toledo existen paisajes megalíticos similares por descubrir, y que es importante realizar estudios integrales de los mismos. Desde el punto de visto arqueológico, señala que el yacimiento de La Chorrera “está reventado por buscadores de tesoros y por desgracia estamos teniendo muchos problemas a la hora de identificación de fases prehistóricas. No sé qué es lo que encontrarían en el pasado, pero está machacado. La parte de la Edad del Hierro que es la que conserva más registro material, a seis metros bajo el yacimiento actual, está en muy mal estado”.

El proyecto 'Entre dos tierras', que comenzó con la excavación del yacimiento habitacional del Montón de Trigo en 2021, tiene como objetivo divulgar el patrimonio arqueológico de los Montes de Toledo y de paso concienciar a la población de la importancia que tiene su protección y conservación. Se trata de una iniciativa financiada por el Ayuntamiento de los Yébenes y la Diputación Provincial de Toledo. “Por eso es tan importancia la involucración de las administraciones públicas, una apuesta por el patrimonio para evitar que se siga destrozando. La concienciación es uno de los objetivos principales del proyecto para evitar el saqueo y la destrucción y que la gente realmente no valore lo que tiene, que de verdad que son joyas. Los Yébenes yo creo que se ha encontrado con un tesoro inesperado”, apunta el arqueólogo.

Este proyecto cuenta con la participación de especialistas en diferentes disciplinas, pero también con alumnos del Grado en Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Alcalá o la CEU San Pablo. Ruiz Taboada destaca la involucración de los estudiantes, que han trabajado “en condiciones que requieren vocación. Es un trabajo muy duro, quince días en plena sierra con ola de calor. Pero el resultado es muy positivo, porque aprenden un tipo de arqueología más tranquila, más pausada, no la frenética que nos tiene acostumbrados las obras civiles donde va todo con plazos”.

Otro de los objetivos principales de 'Entre dos tierras' es permitir que el yacimiento sea visitable, pero lo harán de forma prudente. “Este año hemos conseguido dejar visibles cuatro de las grandes piedras del crómlech. El año que viene excavaremos dos más y el círculo será perfectamente perceptible. También vamos a completar la excavación del túmulo, que todavía nos falta una respuesta por obtener, así como excavar algunos de los yacimientos que hemos detectado este año, para poder ver esa comparativa”.

La curiosidad fomentó el apoyo del proyecto

El alcalde de Los Yébenes, Jesús Pérez Martín, explica que esta segunda campaña de excavación “ha sido sorprendente”. Asegura que desde que él llegó a la Alcaldía “tenía la curiosidad de saber quién nos había precedido, quienes son nuestros ancestros” y fue como se puso en contacto con Arturo Ruiz y comenzó el proyecto 'Entre dos tierras'.

Los yebenosos y yebenosas han acogido estos descubrimientos con responsabilidad. Recuerda que mientras excavaban en el Montón de Trigo, cuando llegaba la noche y los especialistas se marchaban “la gente del pueblo me llamaba a mi teléfono personal porque veían luces arriba. Estaban preocupados. Desde el minuto uno, este proyecto lo han hecho suyo, también este patrimonio y me agrada y llena de satisfacción que así sea”.

De cara al futuro, otro objetivo es poder hacer visitable este yacimiento, un trabajo que será arduo para “hacer rutas accesibles, ya que las zonas donde están situados no tienen fácil acceso. Cuando Arturo considere que lo que hemos sacado a luz puede visitarse nos pondremos manos a la obra para dar a conocer nuestro patrimonio”.