Un estudio arroja luz sobre una calle del siglo XV oculta tras los muros de la Catedral de Cuenca
La Catedral de Cuenca y su dirección, dentro de la estrategia de seguir trabajando para que el pasado aflore a través del templo, se encuentra presentando los trabajos de estudio en la parte trasera del edificio en lo que se sabe que fue la antigua calle de la Limosna, una vía empedrada a las afueras de la antigua catedral que quedó sepultada con el paso de los años por las ampliaciones del edificio y por la que tras la reconquista cristiana desfilaban los más necesitados hacia el horno del Palacio Episcopal para recibir una ración de pan o de trigo.
Uno de los arqueólogos de la Catedral, Santiago David Domínguez, y el capellán mayor, Miguel Ángel Albares, explican a Europa Press que en esta parte trasera de la Catedral los nuevos espacios que están saliendo a la luz nos llevan al siglo XV, cuando el templo afrontó una “notable ampliación” que fue más allá con el ensanchamiento de salas como la Capilla Honda, la Sala Capitular o la Sacristía Mayor, que extendieron sus límites “hasta el mismo borde de la hoz del Huécar”.
Pero en la Edad Media todos estos espacios todavía no existían, por lo que ahora está bajo techo debe imaginarse “como un camino, una senda, que discurrió hasta el horno del Palacio Episcopal”.
El viaje que se propone para imaginar lo que fue esta calle ahora sepultada por la Catedral obliga a irse a la Edad Media, en torno al año 1300, momento en que los obispos de Cuenca, siguiendo con el ejemplo de San Julián, primer responsable de la Diócesis tras la reconquista cristiana, daban limosna.
“La tradición y la historia nos cuentan que era un obispo que daba limosna basada en una ración de pan de forma regular a los pobres de la ciudad del horno del Palacio Episcopal”, reseña el arqueólogo, que sitúa en esta avenida ahora a la sombra la calle por la que desfilaban los más necesitados rumbo a su ración diaria.
Se conserva la denominación para que quede en el recuerdo que los que más lo necesitaban pasaban por detrás de la Catedral, aun sin ampliar, “a por una ración de pan o de trigo para hacer ese pan”.
Por los estudios realizados, la información recabada apunta que se trataba de un camino pequeño y escarpado, una senda empedrada para evitar la formación de barro que recorría el borde de la hoz del Huécar. Una calle característica de la Edad Media “paralela detrás de la muralla a la calle de Ronda” y que, según el testimonio del presidente del Tesoro de la Catedral, Miguel Ángel Albares, desvela que la Catedral, al estilo de las casas de la época y que dan fama a la ciudad, también estaba “colgada”.
Esta calle medieval, tras la conquista de Alfonso VIII, comenzó a reurbanizarse como el resto de la ciudad, adaptándose al urbanismo cristiano, con calles y plazas que, como este ejemplo, “han fosilizado hasta llegar hasta nosotros”.
Según sus cálculos, fue a finales del siglo XV cuando se estima que empezó a quedar en desuso al tiempo que se amplió la planta de la Catedral. “Y a finales del XVI, cuando se termina la obra de la girola y se hacen las capillas renacentistas que se solapan a la muralla, la calle queda sepultada”.
Puesta en valor de los espacios
Según Albares, dentro de los programas de puesta en valor de la Catedral y desde la dirección del templo, “que están siendo intensos y dinámicos desde hace un par de décadas”, ya se ha avanzado en recuperar espacios como el triforio o algunos elementos en capillas e incluso en el claustro.
Ahora, para poder ampliar la visita y ofrecer aún más patrimonio al conquense y al visitante, habría que acometer en esta calle “limpieza, restauración e iluminación” para poder conectarla con otros circuitos de visitas a distintos espacios expositivos en la Catedral.
Algo que serviría para “explicar el pasado medieval de la ciudad y la relación de la muralla con la Catedral Colgada”, remata.
Más secretos por aflorar
Los constantes trabajos de recuperación en las entrañas de la Catedral, según vaticinan los expertos, podrían todavía ofrecer más ventanas al pasado.
“Si se hiciesen obras en los suelos de la Catedral podrían aparecer muchos de los elementos que había dentro del complejo y sobre lo que era la ciudad de Cuenca”, asevera.
Incluso, más allá, “tal vez se pueda encontrar algo que se lleva buscando décadas, como es la planta de la mezquita mayor, la mezquita que hubo en la medina de Cuenca”.