RESEÑA

'Dos voces amigas': la novela que rescata la memoria olvidada de la poliomielitis en Castilla-La Mancha

Hay libros que llegan a nuestras manos casi por azar y terminan dejando una huella profunda en la memoria. Eso me ocurrió con “Dos voces amigas”, la novela del doctor Hernán Silván García.

El libro me llegó a través de mi hija, en un contexto marcado por el arraigo de mi familia con el pueblo de Almorox, donde han crecido mis hijos y al que nos unen vínculos afectivos, intensos y duraderos.

Comencé la lectura atraída por esa cercanía emocional. Muy pronto descubrí que la novela aludía a un mundo que para mí resultaba reconocible y entrañable.

El descubrimiento del verdadero tema de la novela

Al comenzar la lectura pensé encontrar una novela sobre la amistad y la memoria. Pero poco a poco comprendí que el verdadero corazón de la obra era otro mucho más doloroso: la poliomielitis y el drama humano que dejó tras de sí.

Mientras avanzaba en las páginas regresaron a mi memoria recuerdos de mi propia infancia en Arenas de San Pedro. Recordé el miedo constante de las madres ante la posibilidad del contagio y la angustia que debió sentir la mía teniendo cuatro hijas pequeñas.

En mi pueblo, la poliomielitis nunca fue una simple estadística. Todavía hoy existen personas de mi generación que continúan sufriendo las secuelas físicas de aquella enfermedad.

Precisamente por eso, el impacto mayor no fue descubrir la existencia de documentación, sino comprobar su absoluta solidez y coherencia.

Me llamó poderosamente la atención constatar hasta qué punto la novela está sostenida por una documentación exhaustiva, rigurosa y perfectamente integrada en la narración.

Me llamó poderosamente la atención constatar hasta qué punto la novela está sostenida por una documentación exhaustiva, rigurosa y perfectamente integrada en la narración

Las hemerotecas, los documentos sanitarios y las publicaciones históricas demuestran que todo aquello que la novela evoca se encuentra sólidamente respaldado por fuentes reales: el retraso en las campañas de vacunación, las desigualdades sociales en el acceso a la sanidad y el sufrimiento de miles de familias españolas.

Ese descubrimiento no generó duda, sino admiración: la de encontrar una novela actual que no solo emociona, sino que además descansa sobre una base documental impecable.

Memoria democrática y responsabilidad colectiva

Ahí reside, en mi opinión, uno de los mayores méritos de Hernán Silván: haber sido capaz de convertir una novela en un valioso ejercicio de recuperación de la Memoria Democrática.

Porque la Memoria Democrática no consiste únicamente en recuperar episodios políticos o fosas olvidadas. También significa rescatar las vidas de aquellos niños afectados por la polio, el miedo de sus madres, el dolor silencioso de las familias y las injusticias que permanecieron ocultas durante décadas.

El estraperlo de la salud y la corrupción moral

Hernán Silván desciende además a una de las zonas más oscuras de aquella época: el mercado negro de las vacunas y las redes clientelares que se enriquecieron con el sufrimiento ajeno.

La novela retrata a intermediarios y caciques que traficaban con la desesperación de las familias humildes, llegando incluso a vender falsas vacunas o simples placebos.

«Les sacaba el dinero a campesinos y mineros… A veces, ni siquiera les daba la vacuna. Vendía la caja vacía…».

La obra documenta también la contradicción entre los avances científicos internacionales y la actitud de las autoridades españolas:

«Tres periódicos nacionales coincidían en el mismo titular entusiasta: “Ha sido vencida la poliomielitis”. Y sin embargo, apenas unas semanas después, la voz oficial del régimen declaraba: “Hasta que no se compruebe la eficacia de la vacuna Salk, no se aplicará en España”».

Esta negativa gubernamental dejó desamparada a gran parte de la España rural.

«Cuando en Estados Unidos ya empezaban a controlar la epidemia, en España se decía que no merecía la pena vacunar, porque la vacuna era mala».

Cuando la salud de los niños se convirtió en negocio

Cuando las dosis finalmente cruzaron las fronteras, la inmunización no llegó como un derecho universal, sino como un lucrativo negocio para el mercado negro y las redes de clientelismo.

«La mayoría de las dosis no alcanzaron su destino, desviadas, robadas o simplemente perdidas en ese laberinto corrupto que eran algunas aduanas franquistas».

La novela denuncia cómo el acceso a la protección dependía con frecuencia de la posición económica, de las influencias o de la cercanía a determinadas redes de poder.

Incluso cuando comenzaron las campañas oficiales con la vacuna oral, los criterios de distribución siguieron respondiendo a intereses políticos y propagandísticos.

La novela invita también a reflexionar sobre una cuestión incómoda: las consecuencias de la corrupción y de los privilegios que rara vez desaparecen por completo. A menudo sus efectos se prolongan durante generaciones, mientras las víctimas continúan reclamando memoria, reconocimiento y justicia.

La memoria sigue viva

La importancia de una novela como 'Dos voces amigas' no reside únicamente en rescatar hechos del pasado. También nos recuerda que las consecuencias de aquella epidemia siguen presentes entre nosotros.

Todavía hoy viven en Castilla-La Mancha numerosas personas afectadas por la poliomielitis y por el síndrome postpolio, muchas de ellas agrupadas en asociaciones que trabajan para mantener viva la memoria de quienes sufrieron la enfermedad y para reivindicar el reconocimiento que durante décadas les fue negado.

Conferencias, encuentros y actividades celebradas en distintas localidades de Castilla-La Mancha, demuestran que la polio continúa formando parte de la memoria colectiva de nuestra región. Las secuelas físicas permanecen, pero también permanece la necesidad de conocer la verdad histórica y transmitirla a las nuevas generaciones.

Las asociaciones de afectados han mantenido durante años una labor silenciosa de divulgación y reivindicación para que aquella tragedia sanitaria no desaparezca del recuerdo colectivo.

La novela de Hernán Silván contribuye de manera decisiva a esa labor. No solo reconstruye una época; también dialoga con el presente y con quienes todavía conviven con las consecuencias de aquella tragedia sanitaria.

Porque la memoria democrática no consiste únicamente en recordar a quienes ya no están. También implica escuchar a quienes aún hoy continúan viviendo con las huellas de aquella epidemia.

Los personajes: tres formas de resistir

Avelina representa la memoria herida. Vive en Toledo y arrastra las secuelas físicas y emocionales de la poliomielitis. Es la voz de quienes sobrevivieron a la enfermedad y al silencio posterior.

Luz encarna la acción y la valentía. Su pasado en el ejército, sus experiencias extremas y su trabajo como detective privada la convierten en una figura de fortaleza y lealtad inquebrantable.

Adolfo aporta el apoyo cotidiano, la estabilidad emocional y la ternura necesaria para sostener una vida marcada por el peso de la historia.

Almorox: el territorio de la memoria

Para quienes llevamos a Almorox en el corazón, esta obra encierra un valor que trasciende lo puramente literario. Sus páginas nos brindan la emoción de regresar a un mundo que sentimos nuestro, de reencontrarnos con escenarios, costumbres y formas de vida que permanecen grabados en lo más hondo de nuestra memoria y de nuestros afectos.

El gran logro de 'Dos voces amigas' reside en la extraordinaria sensibilidad con la que Hernán Silván transforma el recuerdo en una realidad palpitante. Su escritura no se limita a evocar el pasado: lo rescata del olvido y lo devuelve a la vida con una autenticidad conmovedora.

La admiración que despierta la obra nace precisamente de esa capacidad tan poco frecuente de convertir la memoria individual en un patrimonio compartido, capaz de emocionar, conmover y perdurar en el corazón del lector mucho después de haber cerrado el libro

Las fiestas del Cristo de la Piedad, las calles del pueblo, Galerías Castejón o la entrañable figura de don Emiliano, el practicante, aparecen ante nuestros ojos con la fuerza de lo verdaderamente vivido. Cada página desprende cariño, respeto y una profunda comprensión de la condición humana. Por ello, la novela no solo se lee: se siente. Y quienes amamos esta tierra reconocemos en ella una parte de nosotros mismos, de nuestra historia y de nuestras emociones más queridas.

La admiración que despierta la obra nace precisamente de esa capacidad tan poco frecuente de convertir la memoria individual en un patrimonio compartido, capaz de emocionar, conmover y perdurar en el corazón del lector mucho después de haber cerrado el libro.

Toledo, la amistad y el peso del tiempo

Toledo aparece en la novela con una presencia tan intensa y auténtica que trasciende su condición de escenario para convertirse en un personaje más de la historia. La ciudad respira en cada página, acompañando los sentimientos de los protagonistas y envolviendo sus recuerdos con la nobleza de una urbe que ha sabido conservar el alma de los siglos.

Resulta especialmente emocionante reconocer lugares tan emblemáticos como la Cuesta de las Armas, puerta de entrada a tantas vivencias y recuerdos; el Miradero, desde donde los ojos se abren a la inmensidad de la ciudad y del tiempo; la imponente silueta del Alcázar o la Iglesia de la Estrella y muchos otros rincones, cuya presencia parece velar silenciosamente sobre quienes transitan por sus calles. Cada uno de ellos aparece impregnado de una humanidad que los convierte en algo más que espacios físicos: son depósitos de memoria, testigos mudos de alegrías, ausencias, encuentros y despedidas.

Hernán Silván logra que Toledo se convierta en un refugio para los recuerdos y en un interlocutor permanente de los personajes. Sus calles empedradas, sus cuestas, sus plazas y sus monumentos parecen guardar las voces de quienes vivieron antes, convirtiendo la ciudad en una inmensa memoria compartida donde el pasado continúa dialogando con el presente.

En ese Toledo vivo y entrañable adquiere una dimensión aún más profunda la relación entre Avelina y Luz , aunque ésta viva en Madrid.

Su amistad constituye uno de los grandes aciertos emocionales de la novela. Avelina representa la dignidad serena de quien ha convivido con el dolor y las heridas que dejó la enfermedad, mientras que Luz encarna la generosidad y la valentía de quien decide acompañarla sin reservas en la búsqueda de respuestas. Su unión no nace únicamente de la afinidad, sino de una profunda comprensión humana que las lleva a compartir silencios, recuerdos y esperanzas.

A través de ellas, la novela rinde homenaje a la capacidad del ser humano para sostener al otro en los momentos más difíciles. Su amistad ilumina la narración con una ternura extraordinaria y nos recuerda que las verdades más importantes rara vez se alcanzan en soledad. Como las piedras centenarias de Toledo, Avelina y Luz permanecen firmes frente al paso del tiempo, demostrando que el afecto sincero, la lealtad y la memoria compartida son capaces de vencer el olvido y dar sentido a la existencia.

Una novela necesaria

'Dos voces amigas' es mucho más que una novela sobre la amistad o la infancia perdida. Es una obra profundamente humana, escrita con sensibilidad, valentía y un extraordinario conocimiento de una realidad histórica que durante demasiado tiempo permaneció relegada al silencio.

Al terminar su lectura queda una sensación difícil de olvidar. Algunas novelas no solo emocionan. También ayudan a rescatar verdades que una sociedad no debería permitirse olvidar jamás.

Quizá el mayor mérito de la novela sea recordarnos que aquella tragedia no ocurrió en un lugar lejano. Ocurrió aquí, en nuestros pueblos, en nuestras calles, en nuestras familias. Y mientras haya quien la recuerde, su historia seguirá formando parte de nuestra memoria colectiva.

Al cerrar el libro, el lector comprende que no ha leído únicamente una novela. Ha recorrido una parte de la memoria de Castilla-La Mancha que merece ser conocida, reconocida y transmitida a las generaciones futuras. Porque cuando la literatura devuelve voz a quienes fueron olvidados, deja de ser solo ficción para convertirse en memoria colectiva.