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Rapsodia fluvial de Antonio Lázaro

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El gran novelista conquense, crítico y también volcado con frecuencia a la poesía, Antonio Lázaro, acaba de publicar en Cuenca, su ciudad natal, en la colección poética Golfo de Europa, editada por la Diputación Provincial, su libro de poemas 'Cuaderno de la garza (Haikus) y otros poemas fluviales', prologado por Carlos Rubio e ilustrado por José Arturo Pérez.

Es un libro más bien breve, asemejándose, en cierto modo, a una 'plaquette' más que a un volumen. Además, su contenido es misceláneo, pues incluye varios textos en prosa del, aparte del prólogo, autor de los poemas.

Toda la entrega, básicamente, está ofrendada a la garza. Según la RAE, la garza es un “ave zancuda, semejante a la cigüeña pero algo más pequeña, de plumaje grisáceo o verdoso, penacho oscuro en la cabeza y pico amarillento, que vive a orillas de los ríos y pantanos, y de la que existen varias especies, como, por ejemplo, la real o la imperial”.

El tomito se abre con dos buenas colecciones de haikus (Lázaro no acaba la palabra con acento agudo, ya que hay diversas maneras de escribirla y pronunciarla), colecciones consecutivas cortadas por el poema Entreacto, que tiene incrustado algún haiku: “La senda del río / sin ella [la garza] otra senda / parecía”.

Prácticamente todos los haikus están construidos bajo la medida silábica canónica 5/7/5. Muy hermosos son los haikus que prescinden de verbos, al más puro modo japonés: “Tiesa cual junco, / sorpresa del invierno; / allí la garza.” “Gélida noche, / como junco aterido, / así la garza”. “La gran cascada: / un cuadro en movimiento, / solo ella quieta”. “Sobre la isleta, / entre aguas turbulentas: / imperturbable”.

El libro está dedicado a los ríos. El autor, conquense, pero también toledano, pues su vida laboral transcurrió en Toledo, fecha dos haikus en sendos ríos de las monumentales capitales castellano-manchegas. Fechado en el puente de San Antón, sobre el Júcar: “Miras el cielo: / vuelan grullas en uve, / vuelven al norte”. En el puente de San Martín, sobre el Tajo: “Garza impecable, / el devenir contemplas, / el ser devienes”.

Como afirma el prologuista, la naturaleza de estos haikus es “poesía de sensación”. “No es la del haiku una poesía de sentimientos, como dicta la tradición poética occidental, ni de ideas, ni siquiera de cosas bonitas”. El primer haiku de las dos series es un haiku muy atractivo, un haiku con estrambote: “Finas, esbeltas, / las hieráticas garzas / el río adornan / (como jarrones chinos)”.

En uno de los textos en prosa, Antonio Lázaro describe su gran atracción, “sempiterna”, por los ríos. En primer lugar el Júcar, el río de su infancia, rememorando los versos dirigidos al Júcar de Gerardo Diego: “Agua verde, verde, verde / agua encantada del Júcar.” En el buen recuerdo, el Cabriel, “que hace frontera natural entre Castilla y Valencia, pasé ratos magníficos con mi maestro Fidel García Berlanga en su Venta de Contreras”. El Tajo tanto tiempo a su lado. El Támesis, el Amazonas, el Manzanares. La enorme evocación del metafórico vocablo “río” en las coplas de su querido Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos, / que van a dar a la mar, / que es el morir...”

Un dato curioso ofrece uno de los poemas: Mistérico Guadiana legendario. En él se habla del posible nacimiento del Guadiana en el Puerto conquense de Cabrejas, que es donde realmente tiene si nacimiento el río Cigüela (o Gigüela), yendo a desembocar, tras haber transcurrido por la pura Mancha y abasteciendo a las Tablas de Daimiel, en Villarrubia de los Ojos, confluyendo con el Guadiana, del que se dice que ha nacido en Villarrubia o en las Lagunas de Ruidera. El Guadiana es un cauce confuso. A Villarrubia llega, de donde llegue, sin agua. De forma que el río que se une en Ayamonte con el mar quizá se debería llamar Gigüela y no Guadiana.

Este poema de Lázaro es un buen asunto para reflexionar sobre esta cuestión. El último poema de este recuento se titula El poeta se despide de la garza y es un haiku que dice así: “Contaba versos / y remontaba ríos / pescando haikus”.