De la humildad de Gaudí a las técnicas de la Super Bowl: así se gestó el espectáculo de coronación de la Sagrada Família

Pau Rodríguez

Barcelona —
11 de junio de 2026 17:30 h

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Una madrugada de mayo, entre campos y carreteras secundarias en los alrededores de Celrà, en Girona, un enorme rostro de barba poblada emergió de la oscuridad e iluminó el cielo. Era Antoni Gaudí. La mirada del arquitecto, dibujada por un enjambre de drones, buscaba aquella noche, sin encontrarla, la Sagrada Família.

Fue uno de los ensayos más secretos para la ceremonia de coronación de la Sagrada Família, el día del centenario de la muerte de Gaudí, que puso este miércoles el broche a más de dos años de preparativos. Un despliegue artístico y audiovisual que ha cosechado elogios y que logró condensar en 10 minutos la humildad espiritual del arquitecto modernista con la proyección icónica de su obra maestra. 

La dirección artística de ese espectáculo de clausura, posterior a la bendición de la Torre de Jesús por parte del papa León XIV, corrió a cargo de Igor Cortadellas (Igor Studio), y la cobertura audiovisual, de 3Cat (antes TV3), que empleó por primera vez en Europa la técnica Cinema Live para un evento en directo. Todo ante la mirada de 8.000 asistentes, dentro y fuerta del templo, y con una pirotecnia blanca que puso a prueba la seguridad del monumento.

La ecuación: solemnidad e innovación

Durante meses, dar con la tecla gaudiniana no fue fácil. “Lo complicado era encontrar a alguien que entendiese nuestro mensaje: no podía ser una inauguración fastuosa porque Gaudí era un hombre de ADN humilde y valores profundos”, reconoce Marta Otzet, directora de Cultura y Acción Social y Educativa de la Junta Constructora del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. 

“La ecuación era difícil, debía ser un acto solemne, a través de la luz y del diálogo entre la basílica y el pueblo, y sin que quedara desligado de la parte espiritual”, relata. Nada de cohetes y fuegos artificiales “sin sentido”, resume Otzet. 

Tras rechazar varios proyectos, allá por 2024, el de Igor Cortadellas les convenció. Empezaron a trabajar en el montaje que se vio este miércoles hace más de un año. 

Enrique Subiela, agente artístico de Igor Studio, explica que vieron claro que el acto debía transmitir “belleza” y “sensibilidad”, y se centraron en la luz como uno de los vehículos conductores de la ceremonia. “Queríamos inyectar esa luz interior y empujarla como las arterias hacia la cruz”, expresa.

Las lámparas, con su geometría gaudiniana, permitían el diálogo entre el interior y el exterior. Lo mismo que la música permitió enlazar la liturgia religiosa con la civil, al arrancar el coro infantil con un Sanctus que derivó en un crescendo del organista Juan de la Rubia y de la Orquestra Sinfónica del Gran Teatre del Liceu (cuya actuación en la Sala Creuer, a más de 60 metros de altura, estaba grabada días antes). 

Tan fluida llegó a ser la relación entre Cortadellas y la Sagrada Família, señalan ambas partes, que no hubo dudas cuando se planteó la incorporación de drones. “Gaudí era un hombre generoso, que dedicó toda su vida a una obra que no vio acabar, y tenía que aparecer para dar las gracias”, argumenta Otzet.

“Eso no fue un espectáculo de drones, sino que los usamos para la narrativa de una luz que invoca a Gaudí y que lo agradece desde el cielo”, remacha Subiela. Un total de 700 drones se elevaron finalmente con ese fin desde el cercano Hospital de Sant Pau, aunque el plano televisivo no fue en realidad el que se vio al pie de la basílica.

Horas después de la ceremonia, los protagonistas que la hicieron posible aseguran sentirse identificados con el lema que iluminó el cielo tras el rostro de Gaudí: “Primero el amor, después la técnica”. 

Cámaras de cine como en la Super Bowl

Además de la creación artística, una pieza clave de su ejecución fue la realización audiovisual. Paulí Subirà, jefe de Imagen de 3Cat, fue su director. “La idea era convertir en audiovisual el amor de Gaudí hacia la luz, la fe, la familia y el país. Pusimos la tecnología a este servicio”, resume este veterano realizador. 

No era la primera vez que Subirà estaba al frente de la señal institucional para la visita de un Papa a la Sagrada Família. Él fue el responsable de la cobertura de la inauguración de la basílica en 2010, por parte de Benedicto XVI, que permitió a todo el mundo descubrir el interior de la nave central. 

Esta vez las únicas imágenes inéditas que retransmitió Subirà fueron las que grabó desde el interior de la cruz de la Torre de Jesús. Pero la gran novedad fue tecnológica. El equipo liderado por Subirà, que se puso manos a la obra hace cuatro meses, optó por el Cinema Live, un sistema de retransmisión en directo multicámara a partir de las técnicas y las cámaras de cine. 

“Nunca se había hecho una producción de este tamaño en Europa”, saca pecho Subirà. Este método de trabajo y grabación, señala, solo se ha llevado a cabo en grandes eventos de Estados Unidos. El último y más conocido, el show del intermedio de la Super Bowl, protagonizado por Bad Bunny.

Para su cometido, al equipo de 3Cat de Subirà se enroló Hector Sole-Bradshaw, consultor tecnológico y audiovisual para grandes eventos, por ejemplo los Juegos Olímpicos de París. “Le propusimos que viniese a hacerlo y nos dijo que estábamos locos, pero se incorporó y en pocos meses lideró un potente equipo de ingenieros que lo ha hecho posible”, afirma el jefe de Imagen de 3Cat, que aprovecha para defender el talento de la televisión pública. 

El despliegue material incluyó 21 cámaras (varias de ellas con grúa, robotizadas o en drones) y una potente unidad móvil de la productora francesa PhotoCineLive. 

El contratiempo de los coros

A pesar de la discreción para evitar spoilers, o del secretismo de las pruebas con drones en Girona, hubo ensayos los días previos. El 8 de junio, con la mayoría de actuaciones, y el 9, sin ellas, puesto que los coros estaban en el Estadi Olímpic con el Papa.

Para la dirección artística, no hubo demasiados contratiempos. Para la realización televisiva, fue un desastre. “Fue muy mal, las luces no estaban preparadas, la unidad móvil no estaba a punto, fue bastante duro”, reconocen. 

Pero si hubo un escollo que disparó los nervios de los coordinadores de la ceremonia fue la retirada de 600 cantantes de los coros en el último momento. Tras actuar en la basílica y antes de salir a la esplanada frente a la fachada del Nacimiento, fueron apartados por la Policía Nacional, responsable de la seguridad del lugar, porque detectaron que algunos iban a salirse del plan y cantar Els Segadors y mostrar banderas esteladas. 

Su polémica ausencia alteró el guion y dejó una imagen que no estaba prevista. Las voces infantiles de la Escolania de Monserrat y de la parroquia de la Sagrada Família, lámparas en mano, se quedaron solas frente a la obra de Gaudí cuando debían estar rodeadas por esos 600 adultos. 

Subiela, de Igor Studios, se enteró pocos minutos antes. “Desde la perspectiva de la producción fue un desconcierto, pero los equipos eran de primer nivel, y trabajando en directo pasan esas cosas. Nos quedamos sin el matiz, pero no afectó a la narrativa”, valora el agente artístico. Subirà lo resume algo más directo: “Me llamaron 20 segundos antes de empezar y tuvimos que improvisar, porque los coros aparecían mucho en la realización”.

Superado el día D, Otzet defiende la implicación de cientos de profesionales en la ceremonia y quita hierro al secretismo de los ensayos. “El gran secreto no eran los drones, sino que la gente entiendiera el mensaje, y se sintiera partícipe, y creo que lo logramos”, concluye.