Sorpresa y dudas entre los viajeros procedentes de Italia por los nuevos controles: “Nos lo esperábamos peor”

Albert Aragonès

Barcelona —
8 de agosto de 2026 12:55 h

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A las nueve y media de la mañana, la cola de la Terminal 1 del Aeropuerto del Prat se ha configurado con normalidad, como si no pasara nada. Lo mismo ha sucedido en la T4 de Madrid-Barajas. En plena época estival, el choque entre España e Italia a raíz de la crisis en Ceuta ha enrarecido el ambiente en ambos aeropuertos y los controles de pasaportes (algo inédito entre países de la Unión) ha preocupado a algunos.

Marta y Quim, vecinos de Sants, llegan de una semana en Sicilia con dos mochilas y una bolsa de souvenirs y comida. Habían leído “algo” sobre los controles dos noches antes, en el hotel, y aterrizaron expectantes. “Volvíamos a casa con respeto, la verdad”, dice ella, todavía con el pasaporte en la mano: “Nos lo esperábamos peor. Pensábamos que tendríamos que aguantar horas de cola y al final han sido veinte minutos y unos buenos días”. Quim lo remata: “Raro sí que es. Toda la vida entrando y saliendo como si nada, y de repente te miran el pasaporte para volver a tu casa.”

Y aquí está la clave. Desde que Italia suspendió el 31 de julio la libre circulación con España por la crisis migratoria de Ceuta, quien aterriza allí procedente de ciudades españolas pasa por un filtro que antes no existía. Este mismo viernes, el Gobierno español respondió de la misma manera.

Unos metros más allá, en la zona de salidas, Alessandro espera para facturar hacia Roma. Tiene 34 años y lleva tres viviendo en Barcelona. Es uno de los casi 50.000 italianos que han hecho de la ciudad su casa, y hoy le toca el papel incómodo de estar en medio. “Es una sensación fea”, admite. “Voy a ver a mi madre y de repente mi país y el país donde vivo están peleados, aunque tampoco me he enterado mucho de por qué. Mi madre me llamó ayer preocupada”, se ríe.

No todos comparten el desasosiego. Un grupo de cuatro amigos de Sabadell, camino de Nápoles con camisetas a juego de varios equipos de fútbol se han enterado de la disputa diplomática a raíz de las preguntas de este medio “vamos con todo”, suelta uno entre risas. “No sabíamos nada de esto”, zanja otro.

En Madrid, el ambiente también es de normalidad. “Es ridículo que haya controles entre España e Italia. Es un problema esencialmente político, porque entre italianos y españoles no ha habido ningún problema, tampoco durante el vuelo”, ha comentado a elDiario.es Elisa Fabbri, formadora corporativa de 41 años llegada de Bolonia. Cuenta que el control ha sido rápido, aunque reconoce cierta extrañeza y cierta preocupación cuando, antes de aterrizar, el personal de la tripulación de su avión ha informado de que debían mostrar los pasaportes o que, de lo contrario, no podrían pisar suelo español.

En Gran Canaria, el primer vuelo entre la isla e Italia no presentó incidencias reseñables. Es más, según datos oficiales de Aena, el RYR-5823, de la irlandesa Ryanair, partió rumbo a Roma-Fiumicino a las 10.20 de este sábado, es decir, diez minutos antes del horario previsto gracias a que el pasaje se presentó en el mostrador de facturación con más de dos horas de antelación, lo que sirvió para agilizar mucho los trámites.

Entre Canarias e Italia operan actualmente 37 rutas aéreas directas con una frecuencia semanal de 73 vuelos. En total, más de 800.000 turistas y unos 60.000 italianos residentes en las islas tendrán que pasar control fronterizo.

La medida está prevista, en principio, hasta el 7 de septiembre y aunque de momento no se han registrado grandes esperas ni ningún problema concreto, la disrupción que han supuesto estas medidas impuestas por ambos países ha generado sorpresa entre los viajeros y un choque de alto voltaje entre ambos gobiernos.

*Con información de David Sánchez Baciero desde Barajas y de Canarias Ahora.