Comunidad Valenciana Opinión y blogs

Sobre este blog

Do you pop-up? Yes, I low cost

El pasado 20 de Marzo fuimos invitados a participar en ‘Pop-Up Fórum 2014’, una jornada organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza -que puede presumir de haber impulsado políticas públicas como estonoesunsolar o Zaragoza Activa- en la que se presentaron una decena de iniciativas relacionadas por plantear nuevas formas de entender el espacio comercial y la actividad que en él se desarrolla. El título del encuentro y varios momentos del debate incitaron una reflexión...

De entre el incuantificable léxico que últimamente produce el urbanismo (la crisis de la disciplina queda también reflejada en la excesiva preocupación por renovar su vocabulario), el término ‘pop-up’ ha sido trasvasado casi del todo del discurso general para utilizarse particularmente al hablar de comercio (el evento efímero y excepcional se ofrece a ser presentado como campaña de marketing y experiencia de consumo). Esto no es negativo de partida, el comercio es una de las piezas fundamentales en el ámbito de la ciudad y como tal hace bien en jugar de sus teorías. Sí es oportuno tener presente la raíz de estas ideas, que tienen más de medio que de fin, para saber sobre qué necesidades se plantean, ser conscientes del alcance de lo que se está trabajando y así salvar el riesgo de acabar reduciendo experiencias de valor a simples tendencias.

El pop-up viene a sumarse a un repertorio de conceptos inaugurado quizá por la Instant City de Archigram, una utopía futurista que en los 60 se desentendía de la fijación de la arquitectura por lo sólido y lo permanente planteando una ciudad flexible, que cambia de forma en función del momento, ofreciéndose por entero a la vibrante actividad que en ella se desarrolla, pudiendo incluso llegar a desaparecer si esta actividad se desplazase a otro lugar. Lo efímero, lo transitorio, lo eventual, lo portátil, lo desmontable… todos estos conceptos nos hacen ver que lo importante no es tanto el escenario sino lo que en él sucede. Mientras que el primero se relaciona con lo construido, lo segundo atiende principalmente al uso. Uno hace importante al edificio, consumiendo recursos que a día de hoy se saben escasos; el otro es un material de trabajo de disponibilidad inmediata que además da protagonismo al usuario, es decir, a las personas.

Otro concepto que durante la sesión se asoció recurrentemente al de ‘pop-up’ y otro lugar común que ha perdido buena parte de lo que podría contener es el de ‘low cost’ (que conste que no comulgo con este vocabulario). Aquí podemos señalar como posibles pioneros a los huertos urbanos de Green Guerrillas en Nueva York o tirar de referentes más cercanos en el tiempo y la geografía como las Recetas Urbanas autoconstruibles del sevillano Santiago Cirugeda. Que en estos casos se trabaje en solares, con andamios, con palets o plantando verduras son aspectos meramente coyunturales: simplemente se hace uso de los recursos de los que se dispone de la mejor manera posible. De hecho, la gran mayoría de soluciones low cost, llanas y resolutivas, sin alardes técnicos, extraídas de los manuales no escritos de la arquitectura sin arquitectos, nacen como respuesta no institucional a las carencias de la administración. El low cost no debe ser entendido como ‘la modernez de la escasez’, sino como la inteligencia del gasto exacto. Más que en su radical estética, deberíamos poner el ojo en el amplio retorno que muchas acciones low cost son capaces de provocar con pocos medios. Su secreto se sostiene por lo general en la implicación colectiva.

Un ejemplo más del que aprender, aún más cerca. En Valencia, el Mercado de Tapinería se ha consolidado en menos de un año como una de las iniciativas de comercio pop-up más exitosas del país. Su enorme mérito reside en su capacidad para generar actividad -y contagiarla a su entorno- en un espacio construido que de otra manera estaría años con el cartel de ‘se alquila’ colgado a la espera de habitantes. Tapinería salió a buscarlos basándose en un marco de gestión particular que facilita el acceso a un espacio de venta a comerciantes con necesidades no tradicionales. Es secundario que sus paredes no estén enlucidas y las instalaciones a la vista, que lo que se venda sea caro o barato, que allí se respire un aire cool en el que muchos no nos sentimos cómodos, que todo parezca una puesta en escena calculada para vender. El Mercado de Tapinería debe ser mirado como referente por buscar fórmulas para activar la ciudad cuando durante décadas se ha pensado simplemente en construirla.

El pasado 20 de Marzo fuimos invitados a participar en ‘Pop-Up Fórum 2014’, una jornada organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza -que puede presumir de haber impulsado políticas públicas como estonoesunsolar o Zaragoza Activa- en la que se presentaron una decena de iniciativas relacionadas por plantear nuevas formas de entender el espacio comercial y la actividad que en él se desarrolla. El título del encuentro y varios momentos del debate incitaron una reflexión...

De entre el incuantificable léxico que últimamente produce el urbanismo (la crisis de la disciplina queda también reflejada en la excesiva preocupación por renovar su vocabulario), el término ‘pop-up’ ha sido trasvasado casi del todo del discurso general para utilizarse particularmente al hablar de comercio (el evento efímero y excepcional se ofrece a ser presentado como campaña de marketing y experiencia de consumo). Esto no es negativo de partida, el comercio es una de las piezas fundamentales en el ámbito de la ciudad y como tal hace bien en jugar de sus teorías. Sí es oportuno tener presente la raíz de estas ideas, que tienen más de medio que de fin, para saber sobre qué necesidades se plantean, ser conscientes del alcance de lo que se está trabajando y así salvar el riesgo de acabar reduciendo experiencias de valor a simples tendencias.