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A quien lea

La dificultad de Europa

València —

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“¿Qué no hi creus tu i presums encara?

¿Quan alçaràs els ulls

per veure-ho be? ¿Quan obriràs els braços

per abraçar camins, homes i flors?

Jo sento, dalt del Palatí, llançar-se

els mil·lenaris sobre els meus sentits

i vull atènyer dins l’espill de Roma

l’esperança més ferma en el futur.“

Miquel Dolç. Santa Maria del Camí. Palma

‘D’alt del Palatí- Imago Mundi’-1973

Ahora se cumple el 85 aniversario (1941-2026) del “Manifiesto de Ventotene. Por una Europa Unida” que concibieron unos presos del fascismo italiano, encabezados por Altiero Spinelli. Después, tal como apuntaba, fue uno de los pilares de la construcción europea, que ha merecido dar su nombre al edificio que alberga a la máxima institución del Parlamento Europeo en Bruselas.

La causa europea

Pertenezco a una generación de un país, el valenciano, que tiene en su conciencia y en su horizonte la convicción de que la evolución del proceso de consolidación europea marca el conjunto de esfuerzo, estudio, experiencia y sacrificio que nos permite mantener viva la llama de la esperanza. En 1999, fecha señalada en mi biografía, al borde del cambio de milenio, recibí el Premio periodístico por mi participación en la integración europea que concedía el Consejo Valenciano del Movimiento Federal Europeo. Este organismo nació (Joaquín Maldonado Almenar, José A. Perelló Morales) y en teoría existe bajo la tutela de la Generalitat Valenciana, aunque no se le conoce actividad alguna con sentido. Prueba de la falta de interés que demuestran los políticos, a derecha e izquierda, hacia la dimensión europea. En la que convergen el Reino de España y el País Valenciano. Me precedieron en la concesión del premio dos referentes históricos de la causa europea en el periodismo: el polifacético Vicent Ventura y el anarquista Isidro Guardia. El primero estuvo vetado en todos los periódicos valencianos, menos en el semanario económico Valencia-fruits que llegó a ser diario durante unos meses con la cabecera Al día. Y el segundo tuvo que limitarse a la información citrícola con el seudónimo, Leopoldo Arribas.

Economía citrícolas

La puesta en marcha del proceso europeísta transversal, tuvo su espoleta en el Congreso del Movimiento Federal Europeo en Múnich en 1962, cuya asistencia a sus sesiones costó a Ventura, primero el exilio en París y después el confinamiento en Dénia, varias detenciones y la huida cuando venía Franco a València para evitar el encarcelamiento. La esperanza de la internacionalización de la política valenciana en el movimiento europeo fue de los pocos proyectos que aunaron voluntades político-económicas y empresariales aglutinadas por un objetivo común. Este fenómeno conjunto implicó a varios espectros de la sociedad valenciana en torno a la economía citrícola, más ampliamente hortofrutícola, que tenía trazados sus canales comerciales por toda Europa y su pertenencia a una cultura de amplia integración europea cuyas raíces se sitúan en el primer tercio del siglo XX, cuando comerciantes, agricultores y técnicos se implicaron en experiencias y conocimientos asentados en los principales mercados europeos e incluso en los más selectivos. Los principales empresarios inversores y fundadores del fenómeno citrícola valenciano se desperdigaron por toda Europa, se asociaron con firmas comerciales de Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Austria, Dinamarca o Noruega como principal motor de la internacionalización económica española. Mandaron a sus sucesores y colaboradores a estudiar a los países con los que habían entablado relaciones comerciales. Financiaron el establecimiento de una extensa red en el negocio citrícola extrapolable a toda la agricultura de exportación ( vino, arroz, pasas, cebollas, patatas, plantas ornamentales) que cubría las plantaciones, selección varietal, la distribución comercial, la confección y selección de la fruta para mercados exigentes. Facilitaron los viajes prospectivos de técnicos, expertos, especialistas e ingenieros (Rafael Font de Mora i Llorens, Vicente Abad, Instituto Valenciano de Economía) agrónomos tanto a los centros europeos de importación como a las vastas plantaciones estadounidenses que habían tomado la delantera en producción, mecanización, calibres, fitología y los envíos en la prevención y combate de plagas.

No son sólo naranjas

Esta y no otra es la razón por la que en los años 60 del siglo XX proliferaron iniciativas financieras, de inversión y cierre del ciclo económico. En 1962, al tiempo que Vicent Ventura fue al Congreso del Movimiento Europeo, de la mano de Joaquín Maldonado Almenar, en València se fundó – José Antonio Noguera de Roig– el Banco de la Exportación (el Banco de València se quedó corto y anquilosado), la sociedad por acciones COCISA (Comercio Citrícola S A), y una red informativa que pretendía acabar con la desconexión entre los operadores de importación y exportación con los datos y las noticias de una realidad potenciada por la mejora en las comunicaciones y medios de transporte. Así nació el semanario Valencia fruits, también de la mano de Joaquín Maldonado Almenar (presidente de la Real Sociedad de Amigos del País de Valencia y del Ateneo Mercantil), mientras fueron fieles a sus principios fundacionales que se basan en el apoyo y respaldo de la actividad económica para desarrollar su productividad y competitividad en Europa y en el mundo.

Cuatro pilares

La concepción de que la sociedad del País Valenciano se sustenta sobre cuatro pilares, interclasistas y transversales, es fundamental para huir de las miopes visiones cortoplacistas y sectarias de los políticos. El fortalecimiento y afirmación integral del País Valenciano, las relaciones con los vecinos del espacio ibérico, –incluido Portugal–, culminar la integración en la actual Unión Europea (inicial Mercado Común Europeo en 1957) y la implicación en el concierto mundial. El que sólo es posible por medio de la Unión Europea, fuerte y cohesionada, que proporcione consistencia democrática y capacidad de diálogo y colaboración con las grandes potencias. Estas líneas maestras que nuestros antepasados –empresarios y técnicos– tuvieron muy claras. Que vascos y catalanes ponen en práctica desde hace tiempo con éxito. Sin la idea clara de que el País Valenciano existe, donde nadie sobra y que la economía tiene que ser equilibrada, agroalimentaria, integral, territorial, industrial, creativa y en la que todo está por hacer, los valencianos, anclados por el sucursalismo y la pasividad de sus clases dirigentes, carecen de perspectiva para su desarrollo.