Las claves de una nutricionista para saber si un caldo envasado es saludable: “Algunos tienen menos de un 2% de pollo”

El caldo se identifica a menudo como ese alimento reconfortante que nos lleva al hogar familiar o el aliado perfecto para noches de frío. Sin embargo, cuando se trata de opciones ya preparadas, ¿cómo saber si tras esa imagen casera estamos eligiendo una buena opción nutricional?

“El caldo de pollo puede ser una opción saludable, pero no siempre tiene un alto valor nutricional”, asegura la nutricionista y farmacéutica Marta Martínez Calonge que, junto al equipo de nutricionistas de la Fundación Española de Nutrición (FEN), explica que la clave está en la calidad y proporción de sus componentes. 

“El pollo aporta proteínas de alta biodisponibilidad y colágeno que se liberan durante la cocción, además de minerales como sodio, fósforo, potasio y magnesio. Por eso, cuanto mayor es el porcentaje de pollo, mayor es su aporte nutricional. Sin embargo, en los caldos envasados el contenido de pollo varía mucho: algunos contienen alrededor de un 33%, mientras que otros tienen menos de un 2%”, explica la nutricionista, que defiende que “un caldo elaborado con ingredientes frescos y variados tendrá mayor calidad nutricional”.

La importancia de leer la etiqueta

Para una buena elección preparada, además de fijarse en la lista de ingredientes, la experta comparte una regla de oro: “El orden de los ingredientes en la etiqueta indica la cantidad en la que están presentes, aparecen de mayor a menor proporción”. Así, si el pollo o las verduras aparecen al principio, el caldo tendrá un mayor valor nutricional, mientras que si aparecen al final, su presencia puede ser meramente testimonial. 

El equipo de nutricionistas de la FEN destaca que existe una brecha importante entre los distintos productos industriales. Por un lado, están los caldos elaborados mediante la ebullición de ingredientes frescos, que conservan un perfil equilibrado y valoran como “una excelente opción ready to eat para dietas saludables como la Mediterránea o la Atlántica”.

Pero, por otro lado, encontramos productos basados en la reconstitución de extractos y concentrados, cargados de aromas, azúcares y aditivos como el glutamato, además de un exceso de sal.

“En general, los caldos en envase de cartón suelen tener un perfil bajo en grasas y facilitar la hidratación y la digestión, pero siempre es importante leer el etiquetado”, recomiendan desde la FEN.

Un consejo práctico de los nutricionistas para mejorar el valor nutricional de un caldo preparado e incluso convertirlo en una comida completa es hacerle pequeñas mejoras en casa. “Añadir al caldo fideos integrales o virutas de jamón curado o un huevo escalfado es una buena idea para incluir fibra y aumentar su valor nutricional”, recomienda Martínez Calonge para combinar practicidad y rapidez en una alimentación saludable.