Cremosa, fácil y refrescante: cómo preparar la receta tradicional de sopa de cebolla

La sopa de cebolla aúna tradición y cultura. Aunque este caldo es emblemático de los meses más fríos, quienes son amantes de este plato también podrán disfrutarlo en verano: se trata de una receta rápida y sencilla que se convertirá en tu aliada en las épocas de más calor. Una sopa que te hará viajar a lo más profundo de las tierras francesas.

La receta original, tal y como se conoce hoy dentro del arte culinario, proviene de la Francia del siglo XVII. Sin embargo, el plato tiene su origen en la antigua Roma: el bajo coste de los ingredientes permitía preparar más cantidad de comida, lo que hizo que esta receta se popularizara entre las clases más humildes.

Esta reinterpretación fría es una gran alternativa a otras sopas veraniegas como el gazpacho o el salmorejo. Gracias a este plato de cuchara podrás combatir el calor de estos días con un soplo de aire fresco.

A menudo se compara la sopa de cebolla con la tradicional sopa de ajo española. Dejando a un lado que ambas tienen ingredientes muy distintos —el ajo y la cebolla—, comparten características comunes: son platos humildes, económicos y que se elaboran en poco tiempo, lo que permite prepararlos en mayor cantidad. Aun así, se diferencian en que en la sopa de ajo el pan se cuece dentro del caldo, lo que le da una textura más ligera.

Conociendo ya las diferencias con otras recetas, esta sopa se puede preparar de dos maneras: caliente o fría. Si eres amante de la versión tradicional, este verano dejarás de tomarla solo caliente en cuanto descubras lo cremosa y refrescante que puede llegar a ser esta nueva versión.

Receta de sopa de cebolla

Uno de los pasos más importantes para que esta receta tenga un sabor exquisito reside en no usar cualquier pan. Lo ideal es decantarse por una hogaza tradicional del día anterior, de miga abundante y firme. Para elaborar esta receta necesitaremos los siguientes ingredientes:

  • Cuatro cebollas blancas
  • 250 mililitros de vino blanco seco
  • Un litro de agua
  • 50 gramos de mantequilla
  • 20 mililitros de aceite
  • Diez gramos de harina de trigo
  • 100 gramos de queso emmental rallado
  • Una barra de pan
  • Sal
  • Pimienta

Con todos los ingredientes en la encimera, seguiremos estos pasos para elaborar este plato frío:

  1. Lavamos bien las cebollas bajo el grifo; esto ayuda a evitar el escozor en los ojos al cortarlas.
  2. Una vez limpias, las colocamos sobre una tabla de madera y las cortamos en juliana —tiras finas y alargadas, no en dados—. Este paso es imprescindible: si el corte no queda uniforme, la cebolla no se cocinará de forma homogénea y no se caramelizará correctamente.
  3. En una olla o cazuela vertemos el aceite. Aunque lo tradicional es usar mantequilla, puedes elegir la opción que prefieras: con aceite de oliva obtendrás un sabor más potente, mientras que con mantequilla lograrás una sopa más fiel a la receta clásica francesa, caracterizada por su cremosidad. En este caso haremos una mezcla de ambos. Cuando el aceite esté caliente, añadimos la mantequilla.
  4. Cuando la mantequilla esté derretida e integrada con el aceite, incorporamos la cebolla y la cocemos a fuego lento durante 20 minutos.
  5. Pasado ese tiempo, añadimos la harina poco a poco mientras removemos la mezcla durante dos minutos.
  6. A continuación, incorporamos el vino blanco y el agua sin dejar de remover. Dejamos cocer a fuego lento otros 30 minutos.
  7. Mientras el caldo termina de hacerse, cortamos el pan en rodajas de unos tres o cuatro centímetros de grosor —evita que sean demasiado finas.
  8. Untamos cada rebanada con mantequilla por ambos lados y las horneamos a 180 °C durante unos 10 minutos. Si el calor del verano hace que encender el horno sea impensable, puedes usar la freidora de aire o una sartén; en cualquier caso, deben quedar doradas por ambos lados.
  9. Mientras tanto, rallamos el queso.
  10. Cuando la sopa termine de cocerse, la retiramos del fuego y la trituramos. Después la colamos y la metemos en el frigorífico durante media hora.
  11. Sacamos el pan del horno y espolvoreamos el queso por encima, dejando que se derrita con el propio calor de la baguette.
  12. Pasado el tiempo de refrigeración, la sopa estará lista para emplatar y disfrutar de todo su frescor, perfecta para los días de más calor.

Para acompañar

Hay varias opciones para acompañar este caldo refrescante. Si dispones de poco tiempo, una ensalada es la alternativa más fresca y fácil de preparar.

Antes de lanzarte a mezclar lechuga y canónigos sin más, ten en cuenta que la mejor ensalada para acompañar esta cremosa sopa es la de tomate y bonito: basta con cortar el tomate en rodajas y decorarlo con trozos de bonito, salpimentar y añadir un chorro de aceite.

Si no te gusta el pescado y prefieres seguir explorando texturas cremosas, puedes sustituir el bonito por burrata. Los pasos son los mismos, aunque el sabor cambiará por completo.