La receta tradicional de este caldo caliente y reconfortante que puedes hacer con ingredientes básicos

El ajo molinero se sirve añadiendo un poco más de aceite de oliva por encima.

Edu Molina

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Durante la posguerra española, el Ajo Molinero se consolidó como un recurso culinario fundamental en muchas casas. Se elaboraba con ingredientes básicos y accesibles: pan duro, ajo, tomate, pimiento y aceite de oliva. A diferencia del gazpacho frío que hoy se asocia con el verano andaluz, esta preparación se servía caliente y en forma de sopa espesa, pensada para calentar el cuerpo y aportar energía. Su consumo respondía a la necesidad de mantener la fuerza durante el día, ofreciendo una comida densa que podía sostener a quienes enfrentaban jornadas largas en circunstancias de escasez.

El pan aportaba hidratos de carbono que proporcionaban energía duradera, mientras que el aceite de oliva añadía grasa y aumentaba la saciedad, cumpliendo la función principal del plato: llenar el estómago. La preparación del ajo molinero se basaba en el aprovechamiento de los ingredientes, sin desperdiciar nada, y cada componente tenía un papel nutritivo claro. Servido con cuchara y en abundancia, constituía una opción diaria para alimentar a familias enteras, demostrando cómo la cocina de la época combinaba simplicidad, eficiencia y valor nutricional en un único plato.

Receta del ajo-molinero y sus ingredientes

El ajo-molinero se prepara a partir de un conjunto limitado de ingredientes básicos. Se necesita pan duro de varios días, aproximadamente entre 250 y 300 gramos, que aporta la base de hidratos de carbono. A este se suman dos tomates medianos, tres o cuatro dientes de ajo, un pimiento verde pequeño y entre cuatro y cinco cucharadas de aceite de oliva. La cantidad de sal se ajusta al gusto y el agua necesaria depende de la consistencia deseada para la sopa. Esta combinación de ingredientes permite obtener un plato denso, nutritivo y capaz de saciar con pequeñas cantidades.

La preparación comienza con la cocción de los tomates en agua hirviendo durante unos minutos, hasta que se ablanden. Una vez cocidos, se pelan y se reservan. Mientras tanto, en un mortero o recipiente adecuado se machacan los ajos con un poco de sal, el pimiento verde y los tomates cocidos. Esta mezcla constituye el núcleo de la sopa, donde los sabores se integran y permiten mantener la textura y densidad característica del plato.

A continuación, se incorpora el pan duro poco a poco, junto con parte del agua de cocción de los tomates y el aceite de oliva. La mezcla se trabaja en caliente, removiendo con el mortero o machacador hasta conseguir una pasta homogénea y espesa. Este procedimiento asegura que el pan absorba los líquidos y que los sabores de los vegetales y el ajo se distribuyan uniformemente por toda la sopa, manteniendo la consistencia necesaria para consumirla con cuchara.

Finalmente, el ajo molinero se sirve añadiendo un poco más de aceite de oliva por encima. La sopa resultante combina densidad y sabor concentrado, con una textura uniforme que refleja la funcionalidad nutritiva del plato. Su elaboración es sencilla pero requiere atención al proceso de triturado y a la incorporación gradual del pan, elementos que garantizan que la receta conserve su identidad histórica y su capacidad de proporcionar calor y saciedad.

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