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Cómo limpiar y desinfectar el lavavajillas de forma eficaz para mantenerlo libre de olores

Pocas cosas desconciertan tanto como abrir el lavavajillas al terminar el programa y notar un olor a humedad o a comida pasada. Damos por hecho que un aparato que trabaja con agua caliente y detergente se limpia solo, pero no es así. Cada lavado arrastra grasa, restos orgánicos y cal que se van acumulando en los rincones menos visibles. Con el tiempo, esa suciedad se descompone y el olor acaba impregnando también vasos y platos.

La explicación está en las condiciones del interior. Un lavavajillas es un espacio húmedo y cálido, con abundante materia orgánica en forma de restos de comida, justo lo que necesitan los microorganismos para prosperar. A eso se suma cómo lo usamos. El programa Eco, el más habitual por su ahorro de luz y agua, lava a unos 50 °C, mientras que los programas normales rondan los 60 °C y los intensivos pueden llegar a 70 u 80 °C, según el modelo. Si el aparato casi nunca alcanza temperaturas altas, la grasa y los restos no terminan de disolverse y se van acumulando en filtros y conductos. Entre lavado y lavado, las gomas y los pliegues de la puerta siguen húmedos. 

Los puntos que más atención requieren son el filtro, la junta de goma de la puerta, los brazos aspersores y el cajetín del detergente. Revisarlos con regularidad resuelve la mayoría de los problemas de olor y mejora el lavado. Si el color persiste después de una limpieza a fondo, conviene revisar el desagüe o consultar con un técnico. 

El filtro, por donde empezar

Si hay que empezar por algún sitio, es por el filtro, situado en el fondo de la cubeta. Se compone de dos piezas: un cestillo de plástico que retiene los restos más grandes y, a su alrededor, una placa metálica perforada. Su función es cribar los residuos que arrastra el agua sucia para que no lleguen a la bomba de desagüe; si se obstruye, puede provocar ruidos extraños y olor a restos de comida.

Lo mejor es vaciar el cestillo cada vez que tenga restos, cepillar el filtro grande al menos una vez al mes y limpiar las aspas un par de veces al año. Si el lavavajillas se usa con frecuencia, es recomendable sacar el filtro una vez por semana.

El procedimiento es sencillo. Se retira la bandeja inferior y, en la mayoría de los modelos, se gira el cestillo en sentido contrario a las agujas del reloj para extraerlo junto con la placa. Se vacían los restos, se enjuaga el cestillo y se frota la placa con un cepillo, agua y unas gotas de jabón. Si está muy sucio, puede dejarse a remojo media hora en agua caliente. Conviene evitar los estropajos metálicos, que pueden dañar la malla y no forzar las piezas. Al volver a montarlo, se gira en el sentido de las agujas del reloj hasta que quede bloqueado.

Un filtro sucio no solo huele, también lava peor. Por los restos de grasa, comida y las impurezas del agua, un lavavajillas sin limpieza periódica puede empezar a oler mal o a dejar restos de suciedad en la vajilla.

Juntas, brazos y cajetines: los rincones olvidados

La junta de goma de la puerta es otro punto que conviene vigilar, ya que en ella pueden acumularse restos de comida e incluso moho, y recomienda limpiarla con un paño húmedo y recurrir a un cepillo pequeño en los pliegues de difícil acceso. Un viejo cepillo de dientes cumple perfectamente esa función.

Lo mismo vale para el borde inferior de la puerta. En la unión entre la puerta y la cuba se acumulan restos que pueden causar malos olores, favorecer la aparición de moho y, en algunos casos, impedir que la puerta cierre bien.

Los brazos aspersores, encargados de repartir el agua durante el lavado, tienen pequeños orificios que la cal y los restos pueden taponar. Se desmonta con facilidad y basta pasar un palillo por cada agujero y enjuagarlos. Tampoco hay que olvidar las bandejas. Es recomendable sacarlas para comprobar que no quedan restos pegados, porque podrían volver a depositarse sobre la vajilla durante el lavado. El cajetín del detergente y el depósito del abrillantador también agradecen un enjuague con agua caliente de vez en cuando para que no se obstruyan.

La limpieza a fondo: calor y un buen producto

Una vez limpias las piezas, llega el ciclo de desinfección. La recomendación más extendida es un programa en vacío a la máxima temperatura que permita el aparato. Se aconseja realizar esta limpieza profunda cada tres meses, con un ciclo caliente y vinagre o un producto específico para eliminar los depósitos de cal y grasa. Los productos comerciales para limpiar los lavavajillas están formulados precisamente para esto y suelen ser la opción más segura para el aparato.

El vinagre es uno de los recursos caseros más extendidos. Se coloca un recipiente con una taza en la bandeja superior y se lanza un programa caliente con el aparato vacío. Ayuda a desprender la cal, pero es un ácido que puede dañar algunas piezas, así que no conviene abusar de él y vale la pena consultar el manual. Una advertencia fundamental es que nunca debe mezclarse vinagre con lejía ni con productos que contengan cloro porque la combinación libera gases tóxicos. Por eso, el ciclo debe hacerse sin detergente, ya que algunos contienen blanqueantes clorados.

El exterior requiere menos atención, pero también tiene sus normas. En los modelos de acero inoxidable, es mejor no pulverizar el limpiador directamente sobre el frontal porque la humedad puede dañar los controles electrónicos, sino aplicarlo sobre un paño. Y hay que evitar las toallitas con lejía o cloro, los productos agresivos y los estropajos abrasivos, tanto en la puerta como en la cuba.