Cómo limpiar una esterilla de yoga y mantenerla cómo nueva según su material

Una esterilla de yoga debe limpiarse de forma diferente según el material con el que esté fabricada.

Edu Molina

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La esterilla de yoga pasa buena parte del tiempo en contacto tanto con el suelo como con el cuerpo. Durante una sesión acumula sudor, polvo y restos de suciedad procedentes de las manos, los pies o de la superficie sobre la que se coloca. Aunque a simple vista parezca limpia, el uso continuado hace recomendable incluirla dentro del mantenimiento habitual del material deportivo.

La frecuencia de limpieza dependerá de cuánto se utilice. No necesita el mismo cuidado una esterilla usada a diario que otra que se emplea una vez por semana, pero en cualquier caso conviene retirar la humedad y la suciedad superficial después de cada sesión. Dejar que se acumulen puede provocar malos olores, reducir el agarre y hacer que el material se deteriore antes.

No existe, sin embargo, un único método que sirva para todas. Algunas esterillas admiten agua y una pequeña cantidad de jabón neutro, mientras que otras necesitan una limpieza mucho más suave. El vinagre, los aceites esenciales o incluso el remojo pueden utilizarse en determinados modelos, pero no conviene recurrir a ellos sin comprobar primero si son compatibles. El material es, por tanto, lo primero que hay que tener en cuenta antes de decidir cómo limpiarla.

Una limpieza rápida después de cada uso

La rutina más sencilla consiste en pasar un paño suave ligeramente húmedo por la superficie al terminar la práctica. Así se retiran el sudor, el polvo y otros restos recientes antes de que se acumulen. Si las dos caras de la esterilla entran en contacto con el suelo o con el cuerpo, puede hacerse lo mismo en ambas.

Después conviene dejarla extendida hasta que haya perdido toda la humedad. Enrollarla inmediatamente puede favorecer la aparición de olores y dificultar su conservación. Tampoco es recomendable guardarla en un espacio húmedo ni colocarla junto a una fuente de calor intenso para intentar acelerar el proceso.

Una limpieza más a fondo puede reservarse para cuando realmente haga falta. Si empieza a desprender olor, presenta suciedad visible o se nota que ha perdido parte del agarre, será necesario dedicarle algo más de tiempo. A partir de ahí, el método cambia según la composición de cada esterilla.

PVC y TPE: agua con moderación

Las esterillas de PVC y TPE pueden encontrarse en versiones de célula cerrada, una estructura que reduce la absorción de humedad. Esto hace que buena parte del sudor y de la suciedad permanezcan sobre la superficie, lo que facilita su retirada sin necesidad de utilizar demasiada agua.

Cuando el modelo lo permita, puede emplearse una pequeña cantidad de jabón neutro bien diluido. No hace falta empapar el material: basta con limpiar la superficie y retirar después cualquier resto de jabón. Los estropajos, los cepillos duros y los limpiadores abrasivos conviene evitarlos porque pueden alterar el acabado.

El remojo completo tampoco debe darse por hecho. Aunque algunos trucos domésticos lo recomienden, no todos los modelos de PVC o TPE están preparados para permanecer sumergidos. Si no existe una indicación clara al respecto, resulta más seguro limitarse a limpiar la parte exterior.

Caucho natural: evitar tratamientos agresivos

El caucho natural requiere un cuidado diferente porque puede verse afectado por determinados productos. Algunos jabones, el alcohol, los disolventes y las concentraciones elevadas de aceites esenciales pueden alterar el material, de modo que las mezclas caseras con vinagre o esencias no son una opción adecuada en todos los casos.

Para el mantenimiento habitual suele ser suficiente una limpieza suave o un producto pensado específicamente para caucho natural. Hay modelos que no admiten jabón ni deben sumergirse en agua, por lo que una limpieza más intensa no consiste necesariamente en utilizar más cantidad de líquido.

Otro aspecto importante es la exposición al calor y a la luz directa. Dejar estas esterillas durante demasiado tiempo al sol puede afectar al material, por lo que conviene mantenerlas en un lugar ventilado después de limpiarlas y guardarlas posteriormente en un espacio seco.

Poliuretano: atención al alcohol y a los aceites

Algunas esterillas combinan una base de caucho con una capa superior de poliuretano diseñada para mejorar el agarre. Esa superficie necesita un cuidado especial, ya que puede dañarse si entra en contacto con alcohol, productos demasiado fuertes o aceites esenciales aplicados directamente.

La limpieza debe hacerse de forma suave, con un paño o una esponja que no arañen la capa exterior. Si el modelo admite jabón, conviene utilizar muy poca cantidad y diluirlo bien para evitar que queden residuos que puedan modificar el tacto o la adherencia.

También hay que tener en cuenta los productos que se aplican sobre la piel antes de entrenar. Los aceites corporales y las cremas grasas pueden dejar marcas en este tipo de superficie, por lo que es preferible esperar a que se absorban antes de utilizar la esterilla. El sol directo tampoco es recomendable como método para acelerar el secado.

Corcho: limpiar sin empapar

El corcho necesita poca humedad para mantenerse limpio. La suciedad habitual puede retirarse sin saturar la superficie y, cuando sea necesario utilizar algún producto adicional, conviene que esté específicamente indicado para este material.

Una de las particularidades aparece a la hora de guardarlo. En algunos modelos se recomienda enrollar la esterilla con la cara de corcho hacia fuera y evitar doblarla, ya que los pliegues repetidos pueden terminar provocando pequeñas grietas o marcas en la superficie.

Más allá de las diferencias entre materiales, hay algunas precauciones comunes. Conviene evitar la lejía y los productos abrasivos, no meter la esterilla en la lavadora salvo que esté expresamente permitido y no guardarla cuando todavía conserve humedad. Mantenerla en buen estado depende sobre todo de una limpieza regular y de utilizar métodos compatibles con el material, en lugar de recurrir a tratamientos más intensos de lo necesario.

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