La portada de mañana
Acceder
Trump entra en el momento más crítico de su presidencia con el ataque a Irán
Encuesta - Rufián es el favorito para liderar una candidatura de izquierda
Opinión - 'Petróleo, dólares y sangre', por Antón Losada

La brecha de género cardiovascular: lo que todas las mujeres deberían saber sobre la salud de su corazón

Darío Pescador

1 de marzo de 2026 22:23 h

0

Nuestra vida es muy diferente de la de nuestros antepasados de apenas hace un siglo, pero nuestra muerte también lo es. Si antes las causas de muerte eran sobre todo enfermedades infecciosas y accidentes traumáticos, ahora tres de cada cuatro personas en el mundo mueren por enfermedades no transmisibles. Las más importantes, con un 33% de los fallecimientos son las enfermedades cardiovasculares, casi el doble que el cáncer, que solo causa el 18% de las muertes.

Pero lo que quizá no es tan conocido es que estas enfermedades afectan de modo diferente a hombres y mujeres, y son estas últimas quienes sufren, además, las consecuencias de las diferencias en su diagnóstico y tratamiento.

Las enfermedades cardiovasculares en las mujeres

Los infartos e ictus continúan siendo percibidos como una dolencia masculina. Según una encuesta de la Sociedad Española de Cardiología, tres de cada cuatro personas no saben que son la principal causa de muerte en mujeres. En Europa son responsables de alrededor de un 37% de todos los fallecimientos en mujeres a partir de los 65 años, según Eurostat, por encima de 32% en hombres, y duplicando a todos los tipos de cáncer sumados, incluido el de mama.

“Es un tema de cultura, además que la propia mujer y los profesionales tienen una baja percepción del riesgo cardiovascular de la mujer, a pesar de toda la evidencia”, dice la cardióloga Leticia Fernández Friera, directora del Servicio de Cardiología del Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares (CIEC) de HM. 

Una parte se debe a la diferencia en cómo se presentan los síntomas de un accidente vascular. “Es verdad que el síntoma más frecuente en los infartos, tanto en hombres como mujeres, es el dolor torácico opresivo, pero la mujer puede presentar también otra sintomatología que a veces no identifica como un infarto. También esa falta de vulnerabilidad de la mujer para acudir a urgencias. ¿Sabe que las mujeres acuden 60 minutos más tarde a urgencias frente al mismo dolor torácico que el hombre?”, añade la doctora Fernández.

Es un tema de cultura, además que la propia mujer y los profesionales tienen una baja percepción del riesgo cardiovascular de la mujer, a pesar de toda la evidencia

En efecto, las enfermedades cardiovasculares se manifiestan de forma distinta, presentándose en mujeres signos atípicos como fatiga extrema, náuseas, dificultades respiratorias y dolor en la mandíbula o espalda, lo que suele retrasar su diagnóstico. Sin embargo, estos síntomas no son tanto atípicos como el producto de un sesgo en los estudios científicos en los que los hombres tienen mayor representación. 

Esta diferencia tiene nombre: síndrome de Yentl. Es un término acuñado en 1991 por la Dra. Bernadine Healy para describir la infradetección y el tratamiento inadecuado de enfermedades cardiovasculares en mujeres, y que hace referencia a la película del mismo nombre en la que Barbara Streisand interpreta una mujer que se hace pasar por hombre. Señala que las mujeres reciben menos atención médica, diagnóstico o intervenciones si sus síntomas no coinciden con los del varón, utilizado como estándar médico.

Estas diferencias se fundamentan en causas fisiológicas como el menor tamaño del corazón y las arterias coronarias en las mujeres, la disminución de la protección hormonal de los estrógenos tras la menopausia y una mayor tendencia a sufrir angina microvascular, que afecta a las arterias menores que riegan el corazón, a pesar de que las principales estén despejadas.

las enfermedades cardiovasculares se manifiestan de forma distinta, presentándose en mujeres signos atípicos como fatiga extrema, náuseas, dificultades respiratorias y dolor en la mandíbula o espalda, lo que suele retrasar su diagnóstico

“Siempre se ha considerado que las mujeres tienen unos síntomas atípicos porque se han considerado normales los de los hombres”, afirma Irene López Ferreruela, investigadora del grupo GRISSA del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS), y autora principal de una revisión de estudios sobre las diferencias de género en la prevención secundaria de enfermedades cardiovasculares, es decir, después del infarto. “Las mujeres tienen un cuadro que normalmente ha pasado desapercibido, una sensación de malestar general, ahogo, fatiga. Se asocia a algo psicológico, a un problema de ansiedad, aunque luego se confirme que sí, que era un infarto”, explica la investigadora.

En prevención, las diferencias también se perpetúan. Muchas mujeres temen al cáncer pero no identifican el corazón como su principal amenaza. Esto se manifiesta en un menor cuidado en el control de factores de riesgo como la hipertensión, el sobrepeso, el colesterol o la diabetes en edades tempranas. 

La doctora Fernández aboga por una detección temprana y personalizada: “Las calculadoras de riesgo para las mujeres no funcionan bien porque lo infraestiman. Hay que valorarlo individualmente en cuanto a factores de riesgo cardiovascular, hipertensión, diabetes, colesterol, hábitos tóxicos, antecedentes familiares, estilo de vida, factores psicosociales, y también factores femeninos, como la preeclampsia o diabetes gestacional, o una menopausia precoz. Según el riesgo, incluir pruebas de imagen que nos ayudan a adelantarnos a la enfermedad”, explica la especialista.

Las mujeres tienen un cuadro que normalmente ha pasado desapercibido, una sensación de malestar general, ahogo, fatiga. Se asocia a algo psicológico, a un problema de ansiedad, aunque luego se confirme que sí, que era un infarto

La menopausia también representa un punto de inflexión crítico en la salud cardiovascular femenina. Los estrógenos ejercen un papel protector contra estas enfermedades durante la etapa fértil, pero con la menopausia caen en picado. “Se han descrito hasta un 15% de subidas de colesterol ‘malo’ LDL”, explica la doctora Fernández. “Puede haber pues una una mayor inflamación o mayor probabilidad de que se produzcan trombos o un desequilibrio en el metabolismo, es una época especialmente importante para que la mujer se revise”, añade.

Las diferencias en el tratamiento para las mujeres

La brecha de género también se manifiesta una vez ha ocurrido el accidente vascular. En España, en términos absolutos, las muertes por infartos son más comunes y más numerosas en hombres, mientras que en las mujeres prevalecen los ictus, según datos del Ministerio de Sanidad. En general, uno de cada tres pacientes fallece antes de llegar al hospital, pero los supervivientes también sufren distintos tratamientos. 

“Las guías clínicas no dan recomendaciones diferenciadas, que incluyen un antiagregante plaquetario, un fármaco hipolipemiante [estatinas] y un fármaco para controlar la tensión”, explica López. “Pero hemos encontrado que esos tres medicamentos de primera línea se prescriben a los hombres con rigurosidad, pero a las mujeres no siempre”, añade. Las diferencias no parecen importantes (un 80% de cumplimiento en mujeres frente a un 90% en hombres, según los datos del estudio de López) pero son estadísticamente significativas, y se reproducen en otros ámbitos después del infarto. 

“Las mujeres son derivadas menos al especialista y a los programas de rehabilitación cardíaca, e incluso cuando se las deriva tienen muchas menos probabilidades de atender a estos programas”, explica López. En estos casos, los factores sociales como la edad, comorbilidades y nivel socioeconómico pueden tener un papel importante. “Una vez sucede la enfermedad, los controles y seguimientos deberían realizarse por igual, pero las mujeres se ven más afectadas. Quizá sea necesario diferenciar los protocolos”, añade. 

La doctora Fernández dirige el estudio WAKE UP (Women's Health: an imAging-based cardiovascular risK-rEdUction Program), impulsado con el apoyo de la Fundación MAPFRE y el CIEC HM, una iniciativa española que utiliza ecografías vasculares para visualizar placas de aterosclerosis y motivar cambios en el estilo de vida de cientos de mujeres de 18 a 70 años con factores de riesgo. Para la cardióloga, la concienciación es la clave para eliminar este sesgo: “Que ellas tomen parte activa de estos movimientos y cuiden su estilo de vida. Es muy importante que interactuemos todos, cardiólogo, médico de atención primaria, y los ginecólogos, que muchas veces son la vía de acceso de la mujer”, concluye.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.