El palacio árabe de Zaragoza que fue residencia taifa, cárcel de la Inquisición y hoy sede parlamentaria

Palacio de la Aljafería.

Adrián Roque

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De entre todos los monumentos y resquicios de la época musulmana en España, todavía se preserva uno que -lejos de resultar un centro de culto religioso, como nuestra famosa mezquita- sirvió de residencia al taifa (rey) de la época. En pleno centro de la capital aragonesa, como un faro en mitad de la ciudad ya modernizada, las grandes avenidas, tiendas y semáforos, este edificio mantiene los torreones macizos, patios geométricos y arcos de herradura. Hablamos de la Alfajería. 

La Aljafería es uno de los edificios históricos más importantes de Zaragoza y está considerada una de las grandes obras del arte musulmán en España. Pero, además de su notable belleza, la página de la sede de turismo de Zaragoza afirma que “el palacio de la Aljafería ha tenido diversas funciones a lo largo de la historia, desde alcázar islámico hudí, palacio medieval mudéjar o palacio de los Reyes Católicos, hasta se transformó en una fortaleza en el s. XVI, cárcel durante la Inquisición o cuartel militar”.

No nos quedamos, pues, como pasa con la Mezquita de Córdoba, en un simple edificio de culto religioso que ha ido mutando su simpatía del islam al cristianismo según época. Este conjunto arquitectonico fue concebido como residencia de recreo de los reyes de taifas, el edificio se levantó fuera de la ciudad musulmana, rodeado de huertas y acequias. Conocido como el “Palacio de la Alegría”, está considerado además el palacio islámico más septentrional de Europa y uno de los mejor conservados de la época taifa.

Las banderas del palacio de La Aljafería de Zaragoza, sede del las Cortes de Aragón, han sido colocadas a media asta por el fallecimiento del papa Francisco, este martes.

De palacio taifa a sede de las Cortes de Aragón

A lo largo de los siglos, la Aljafería fue adaptándose a las necesidades de cada época. En su interior convivieron distintos espacios palaciegos, entre ellos el Palacio taifal de Al-Muqtadir, el Palacio de Pedro IV y el Palacio de los Reyes Católicos. Tras la conquista de Zaragoza, dejó de ser residencia de los reyes de taifas para convertirse en palacio de los reyes de Aragón –pasó de una corona a otra– y se consolidó como una de las principales residencias reales del Reino de Aragón.

A finales del siglo XV llegaron nuevas transformaciones. Como cuenta la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Zaragoza, “los Reyes Católicos ordenaron construir un nuevo palacio sobre el ala norte”, parte del recinto andalusí, una intervención que dotó al conjunto de nuevas estancias y espacios representativos acordes al creciente poder de la monarquía. Las obras, desarrolladas entre 1488 y 1495, incorporaron elementos góticos, renacentistas y mudéjares que todavía pueden apreciarse en lugares tan emblemáticos como la escalera noble, las salas de recepción o el espectacular Salón del Trono. Resulta especialmente llamativo que muchos de los artesanos encargados de estas reformas fueran maestros mudéjares, lo que permitió conservar la personalidad artística del edificio incluso en una época marcada por la consolidación del poder cristiano.

El conjunto alberga además algunos espacios singulares, como el mihrab, utilizado como mezquita u oratorio privado del rey musulmán y su corte. Construido en el siglo XI y orientado hacia La Meca, se accede a él a través de una puerta con arco de herradura inspirada en la Mezquita de Córdoba. Otra de las estancias destacadas es el Salón de Mármoles o Salón Dorado, considerado la principal sala del antiguo palacio taifa. Allí se celebraban recepciones, actos solemnes y encuentros cortesanos, convirtiéndose en uno de los espacios más representativos del poder de los gobernantes musulmanes de Zaragoza.

Un reconocimiento universal

Uno de los episodios más desconocidos de la historia de la Aljafería es su vinculación con la Inquisición española. A partir de finales del siglo XV, parte del complejo pasó a albergar dependencias del Tribunal del Santo Oficio, que utilizó algunas de sus estancias como oficinas, salas de interrogatorio y prisión. La Universidad de Zaragoza cuenta que “de su empleo como cárcel, de la Inquisición y militar después, sobrevive un valioso legado de centenares de dibujos y escritos esgrafiados sobre sus paredes que llegan hasta el siglo XX”; no obstante, puntualizan que muchos años después volvía a brillar con luz propia entre la cultura humanística, “convirtiéndose en un símbolo que ni siquiera la Inquisición logró eclipsar”.

Concierto en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza

En 2001, la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad el arte mudéjar de Aragón, y la Aljafería fue reconocida como uno de sus máximos exponentes. Su extraordinaria mezcla de estilos —islámico, mudéjar, gótico y renacentista— convierte al monumento en una auténtica síntesis de la historia de España. Pocos edificios permiten recorrer de forma tan clara las diferentes etapas políticas, culturales y religiosas que han marcado la evolución de la península a lo largo de casi un milenio.

La recuperación definitiva del conjunto llegó durante las últimas décadas del siglo XX, cuando se acometieron importantes trabajos de restauración destinados a recuperar espacios históricos que habían sufrido modificaciones durante su etapa militar. Gracias a estas intervenciones, la Aljafería pudo iniciar una nueva vida vinculada ya no a reyes, inquisidores o soldados, sino a la representación democrática de los ciudadanos aragoneses.

“En la actualidad”, narra Turismo de Zaragoza, “es sede de las Cortes de Aragón”, símbolo perfecto de un edificio que continúa vivo casi mil años después de su construcción. Bajo los mismos arcos que un día acogieron a reyes musulmanes, monarcas cristianos, inquisidores y militares, hoy se debaten las leyes de la comunidad autónoma, convirtiendo a la Aljafería en un ejemplo excepcional de cómo un monumento histórico puede seguir desempeñando un papel relevante en la sociedad contemporánea.

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