De la 'prioridad nacional' de Abascal a la 'mayoría nacional' de Aznar
Me imagino que Alberto Núñez Feijóo se habrá arrepentido todos los días de haber ordenado a finales de 2025 a los presidentes de las comunidades autónomas de Extremadura y Aragón disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas, con la doble finalidad de intentar obtener una mayoría absoluta que pusiera fin a la dependencia de Vox en ambos Gobiernos autonómicos y de erosionar simultáneamente al presidente del Gobierno de la Nación. Dado que el calendario electoral imponía que en la primavera de 2026 se tenían que celebrar las elecciones en la comunidad autónoma de Castilla y León y que antes del mes de julio también había que convocarlas en Andalucía, la concatenación de las cuatro elecciones daba al PP una oportunidad única para prefigurar un escenario de poner fin a la hipoteca de Vox, de derrota total del PSOE y de triunfo inevitable del PP en las próximas elecciones generales.
Como todo el mundo sabe, al presidente del PP el tiro le ha salido por la culata. No solamente no ha conseguido las cuatro mayorías absolutas que pretendía, sino que ha perdido la única de la que disponía en Andalucía. Vox ha conseguido imponer su “prioridad nacional” en las cuatro comunidades autónomas y ha dejado claro que también la impondría en el Estado tras las próximas elecciones generales, en las que resulta inimaginable que el PP pueda alcanzar la mayoría absoluta para la investidura.
Si se hubiera mantenido la mayoría absoluta en Andalucía, el PP podría haberse librado de cargar con la “prioridad nacional” en las próximas elecciones generales. Pero, con la pérdida de dicha mayoría, ha perdido toda credibilidad para anunciarle al cuerpo electoral de todo el Estado que no va a aceptar la condición que Vox le va a imponer para ser investido presidente del Gobierno, si entre ambos consiguen la mayoría absoluta. La “prioridad nacional” ha venido para quedarse como parte del programa de toda la derecha española.
Por si fuera poco cargar con esta cruz, José María Aznar se ha dirigido a Alberto Núñez Feijóo para imponerle, apenas unos días después de que estuviera en Catalunya cortejando a Junts, que su obligación en las próximas elecciones es conseguir una “mayoría nacional”, ya que Junts no es partido de fiar.
Obviamente, Aznar no ha dicho en qué consiste una “mayoría nacional”, pero a buen entendedor con pocas palabras basta. “Mayoría nacional” es una mayoría que no tenga que contar con los nacionalismos catalán y vasco.
A la xenofobia y racismo que conlleva la “prioridad nacional” se añade ahora el antinacionalismo vasco y catalán de la “mayoría nacional”. José María Aznar ha hecho suya la tesis de Donald Trump de que el “enemigo interior” es mucho más peligroso que el enemigo exterior. La mera existencia de un “nacionalismo catalán y vasco” supone la posibilidad de un “cambio de sistema”, que, según ha asegurado, “está en marcha”. Pedro Sánchez es un riesgo por sí mismo y porque puede, con los nacionalismos catalán y vasco, comportar un “cambio de sistema”, operación que está en marcha.
Prioridad nacional y mayoría nacional son la alternativa del “nacionalismo exclusivamente español”. Para poner fin al Gobierno de Pedro Sánchez y evitar el riesgo de un cambio de sistema, Alberto Núñez Feijóo tiene que lograr “una amplia mayoría centrada, con capacidad de convocatoria a derecha e izquierda” con “un programa capaz de suscitar una adhesión masiva”.
El escenario de este fin de legislatura y de las próximas elecciones generales se está perfilando: o la “mayoría plural” de la moción de censura de 2018 y de los Gobiernos de coalición posteriores o la “mayoría nacional”.
La “mayoría nacional” supone la esterilización política de los nacionalismos catalán y vasco. No una esterilización absoluta, pero sí una esterilización para poder participar en la investidura del Gobierno de la Nación.
Una vez conseguida la “mayoría nacional”, la “esterilización política de los nacionalismos catalán y vasco” se puede conseguir con facilidad. No hace falta reformar la Constitución. Basta con reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral General y configurar una “barrera legal” para la investidura del presidente del Gobierno no en cada circunscripción provincial, sino en el conjunto del Estado. El partido que no obtenga un determinado porcentaje de voto, 5 o 10%, en el conjunto del Estado, no podrá participar en la investidura del presidente del Gobierno de la Nación. Con esto bastaría para excluir a los partidos nacionalistas vascos y catalanes.
Aunque tengo dudas sobre la constitucionalidad de la fórmula, no la tengo en que no sería declarada anticonstitucional.
Los partidos nacionalistas catalanes y vascos podrían participar en la investidura de los presidentes de sus comunidades autónomas, pero no en la investidura del presidente de la Nación, si no alcanzaban un 5 o un 10% de los votos válidamente emitidos en el conjunto del Estado. Esto es lo que supone la “mayoría nacional”.
Nadie puede llamarse a engaño.