Entre clases y pistas: Francis Sota convierte la disciplina en su mejor marca

Francis Sota Cillero

Paula Palacios Cillero

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En una sociedad acostumbrada a medir el éxito a base de resultados, pocas veces se pone el foco en todo el proceso previo. Detrás de un título universitario, de una medalla o de un objetivo cumplido suele haber madrugones, horas de estudio, entrenamientos y renuncias. Son historias que se repiten cada día entre muchos jóvenes y que demuestran que el esfuerzo sigue siendo una de las herramientas más útiles para construir un futuro.

Francis Sota Cillero, de 22 años, es uno de ellos. Acaba de terminar Ingeniería Biomédica y, durante los dos últimos años, ha compaginado una de las carreras más exigentes con el atletismo de competición. Lo que comenzó como una afición terminó llevándole a clasificarse para un Campeonato de España y a proclamarse dos veces subcampeón nacional sub-23 en relevos.

Equipo Pamplona Atlético

Francis se levanta a las siete de la mañana, desayuna y poco después se sienta en una biblioteca para aprovechar las dos horas que, según él, son las más productivas de su día. A las diez cambia los apuntes por sus zapatillas de clavos y pasa más de dos horas entrenando en la pista. Después corre de vuelta a casa, se ducha, se prepara la comida y sale hacía hacia la universidad para asistir a las clases de la tarde. Cuando regresa al piso, apenas le queda tiempo para cenar con sus compañeros antes de acostarse y repetir la rutina al día siguiente.

Mientras avanzaba en la carrera apareció una segunda pasión que terminó cambiando por completo su forma de vivir. El atletismo. Aunque de pequeño había probado este deporte durante un año, nunca llegó a centrarse en él. Sin embargo, fue en tercero de carrera, después de superar una segunda lesión de rodilla, cuando decidió apuntarse de nuevo.

Y cuando el atletismo dejó de ser un pasatiempo, también cambió su manera de entender el día a día. “He dado prioridad a actos más extradeportivos como llevar una dieta más saludable, hacer estiramientos para prevenir lesiones o, en periodos de competición, cuidarme más y evitar salir de fiesta y beber alcohol”, confiesa Francis.

Salida antes de una competición de atletismo

Compaginar una ingeniería con un deporte de alto nivel no siempre resulta sencillo. Francia entrenaba cuatro días por semana, entre dos y dos horas y media cada sesión, además de una jornada extra los sábados. En total, unas doce horas semanales. Sin embargo, asegura que nunca sintió que una cosa impidiera la otra. “Consistía en tener una buena organización, no dejar todo para el último momento y disfrutar de las dos cosas. Si quería ir a entrenar tenía que estudiar antes”.

También reconoce que tuvo la suerte de rodearse de personas que entendían perfectamente el esfuerzo que suponía mantener ese ritmo. “En mi grupo de atletismo muchos estudiaban ingenierías. En época de exámenes todos queríamos acabar cuanto antes de entrenar para ir a estudiar. Y luego en la carrera tenía compañeros que, si una tarde no podía hacer algo porque entrenaba, me ayudaban porque sabían que otro día haría yo lo mismo por ellos”.

Aunque muchas veces se habla del sacrificio que supone compaginar estudios y deporte, él prefiere hablar de elección. Durante el último año ha tenido que vivir algunas fiestas de forma diferente. En Nochevieja salió con sus amigos, pero sin beber alcohol porque estaba en media temporada de pista cubierta. También renunció a disfrutar de los San Fermines como le habría gustado porque pocos días después disputaba el Campeonato de España.

Lejos de convertirse en una carga, el atletismo ha terminado siendo su mejor vía de escape. “Cuando me frustro con los estudios tengo el atletismo para despejarme. Y cuando me frustro del atletismo tengo a mis compañeros. Se nota bastante en mi humor cuando entreno a cuando no lo hago” afirmaba Francis.

Esa convivencia entre universidad y deporte también le ha enseñado una lección muy importante. “Puedes prepararte perfectamente una asignatura y llegar al examen y sacar un cero. Igual que puedes entrenar durante meses y que luego no se vea reflejado en la competición. Hay que saber gestionar los malos resultados y tirar para delante”.

No solo habla de exámenes y carreras, sino de una forma de afrontar la vida. De hecho, reconoce que desde que empezó a competir se considera una persona mucho más disciplinada.

En apenas dos temporadas ha conseguido clasificarse para el Campeonato de España en pruebas individuales y convertirse, junto a sus compañeros del Pamplona Atlético, en dos veces subcampeón de España sub.23 en el relevo 4x100.

Pero cuando recuerda estos logros, no piensa en la medalla de plata. “Lo que más destaco es haberlo conseguido con gente que apostó por mí desde el minuto uno, sin saber quién era ni cuáles eran mis capacidades”, afirmaba orgulloso.

Ahora, con la carrera terminada, se encuentra en un momento de transición. No sabe si continuar formándose con un máster o incorporarse al mercado laboral, y en el atletismo tampoco se marca un techo. “Mi objetivo es superarme a mí mismo. Si eso me lleva a competir en pruebas cada vez más importantes, genial. Y si llega un momento en el que dejo de mejorar, mientras siga disfrutando, lo seguiré haciendo”.

Francis Sota Cillero

Francis insiste en que su vida es “normal, como la de cualquier chaval que estudia y hace deporte”. Quizá precisamente ahí se encuentre el valor de su historia. Porque detrás de esa normalidad hay madrugones, bibliotecas, entrenamientos, exámenes, sacrificios y una buena organización.

La historia de Francis no es una excepción. Cada vez son más los jóvenes que compaginan carreras exigentes con el deporte de competición, proyectos personales o un trabajo. Lejos de la imagen de una generación acomodada, muchos construyen su día a día sobre una combinación de organización, disciplina y renuncias que rara vez se ve.

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