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Crítica indecente

No cabe duda de que el general José Manuel Santiago no dijo con precisión lo que quería decir el pasado domingo en la rueda de prensa informativa sobre la evolución de la emergencia sanitaria provocada por la COVID-19. En el marco de una pregunta sobre los bulos se limitó a responder que la Guardia Civil se esforzaba por “minimizar el clima contrario al Gobierno”, dando por supuesto que únicamente a través de la difusión de bulos se puede generar un clima contrario al Gobierno, sin tomar en consideración que tal “clima” también puede generarse a través del ejercicio del derecho a transmitir y recibir información y mediante la libertad de expresión. La información “crítica” y la expresión “crítica” respecto del Gobierno, con la finalidad de generar un clima contrario al mismo, están protegidas constitucionalmente. La Guardia Civil puede y debe proteger frente a la difusión de bulos, pero no frente al ejercicio de derechos fundamentales.

Ahora bien, el error cometido por el Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil se queda ahí. Cualquiera que siguiera la rueda de prensa “de buena fe”, entendió perfectamente que el general dijo que se estaba controlando la difusión de “bulos” y no que se estuviera controlando ni la difusión de “información veraz” constitucionalmente protegida, ni la “libertad de expresión” también protegida por la Constitución. El general no extendió la acción de la Guardia Civil más allá de los bulos. Sencillamente se equivocó al equiparar “el clima contrario al Gobierno” con la difusión de bulos, siendo obvio que, como acabo de decir, también a través del derecho a la información y de la libertad de expresión se puede propiciar un “clima contrario al Gobierno” y que, respecto de estos derechos fundamentales, la Guardia Civil no tiene otra cosa que hacer que proteger su ejercicio.

El derecho a transmitir información y la libertad de expresión no estuvieron presentes en la rueda de prensa. Estuvieron presentes los “bulos”, exactamente igual que han estado presentes en todas las ruedas de prensa de los días anteriores ya que la referencia a los mismos se vienen produciendo desde la primera. Lo que dijo el general el domingo no es sustancialmente distinto a lo que viene diciendo desde hace semanas. Esta vez simplemente se expresó mal, dejando abierta la posibilidad de que sus palabras fueran interpretadas de la forma en que lo han sido.

Porque el Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil no dijo que la Guardia Civil esté controlando el ejercicio del derecho a transmitir información y a expresar opiniones contrarias al Gobierno. Sus palabras formaban parte de una respuesta respecto de los “bulos” y no sobre el derecho a la información o la libertad de expresión. Estos dos derechos fundamentales estuvieron ausentes de la pregunta que se le formuló y han sido incorporados a posteriori en la crítica a sus palabras. Pero no formaban parte de la pregunta que motivó la respuesta del general.

Los bulos son una cosa. El derecho a transmitir y recibir información veraz, otra. Y la libertad de expresión, otra distinta de las dos anteriores. Persiguiendo la difusión de bulos no se puede estar limitando el ejercicio del derecho a transmitir y recibir información, sino que al contrario, se está protegiendo dicho derecho. Impedir la difusión de bulos es una forma de proteger el derecho a transmitir información y, sobre todo, el derecho a recibir información “veraz”. No se puede al mismo tiempo perseguir la difusión de bulos y vulnerar el derecho a transmitir y recibir información.

Y lo mismo ocurre, aunque de manera diferente, con la libertad de expresión. El bulo tiene relación con el derecho a la información. Es un ejercicio desviado, fraudulento, del derecho a transmitir y recibir información. Pero guarda alguna relación con este derecho, aunque sea para conculcarlo.

Con la libertad de expresión no guarda ninguna relación. La libertad de expresión no tiene el límite de la “veracidad”, porque no se circunscribe a hechos verificables, sino a “opiniones” que, por definición, no lo son. Por eso, los límites del derecho a la información y de la libertad de expresión son distintos.

Quiero decir que impedir u obstaculizar la libertad de expresión mediante la persecución de la difusión de bulos es todavía más imposible que impedir u obstaculizar el derecho a la información.

Únicamente en un clima tan encanallado como el de la política española se puede explicar la “tormenta” que se ha desatado tras las palabras del general. Fernando Simón lo ha dicho de forma que no soy capaz de mejorar en sus últimas palabras en la rueda de prensa de hoy: lo que se le ha hecho al Jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, pretendiendo con ello dividir el equipo que Fernando Simón encabeza, no es, sencillamente, DECENTE.