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Entrevista

Nicolas Winding Refn regresa al cine con ‘Su propio infierno’: “Si Hans Christian Andersen siguiera vivo, sería yo”

Alberto Corona

10 de octubre de 2026 22:10 h

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“No estoy seguro de caerles muy bien a Amazon o Netflix, pero yo he disfrutado mucho trabajando con ellos”. Lo dice Nicolas Winding Refn (Copenhague, 1970), que se ha pasado una década entera sin estrenar película desde que The Neon Demon llegara a cines en 2016. No significa que haya estado desocupado, claro, pues al margen de su colaboración con Hideo Kojima en los videojuegos de Death Stranding —donde interpreta a un personaje por captura de movimiento—, ha estrenado hasta dos miniseries en streaming: Demasiado viejo para morir joven (2019) en Amazon y Cowboy de Copenhague (2023) en Netflix. Miniseries donde su peculiar estilo no se diluyó en absoluto.

Teniendo en cuenta que este estilo apela a un ritmo lento y una militante abstracción narrativa, no parece algo adecuado para el consumo en streaming. Y, como él mismo ironiza, es probable que las plataformas que se dejaron millones de dólares en estos proyectos no quedaran muy contentas con el resultado. Pero la cuestión es que esta fase ha terminado y Winding Refn (al que gusta de estilizarlo todo, incluido su nombre para firmar simplemente como “NWR”) ha decidido volver al largometraje con Su propio infierno. Un film que, a la vez que fue destrozado por la crítica en el Festival de Cannes, dio pie al momento más emotivo de la última edición.

Sucedió cuando reveló que hace tres años sufrió una grave afección cardíaca y estuvo muerto durante 20 minutos. La experiencia fue forzosamente reveladora para él, trascendental, y le condujo a Su propio infierno con un deseo consolidado de dejarse llevar por sus intuiciones y más silvestres pálpitos. Así que Su propio infierno es efectivamente impenetrable, con un argumento que —aunando ambientación futurista, venganzas a puñetazo limpio, asesinos en serie, cuentos infantiles, devaneos sáficos e hijas con síndrome de Casandra— tampoco tiene mucho sentido despiezar.

Baste aclarar que el magnético rostro de Sophie Thatcher es una brújula perfecta —“Sophie llegó bastante tarde a las audiciones, pero simplemente supe que era ella”, revela Winding Refn sobre la actriz que muchos descubrimos en La acompañante el año pasado—, y que su director no disimula en ningún momento, durante su conversación con elDiario.es, que ha hecho la película exclusivamente para su disfrute personal. Que ese disfrute pueda ser contagioso o no, es cosa nuestra.

Diez años después de The Neon Demon, vuelve con otro thriller sobre un grupo de jóvenes actrices y modelos acechadas por la violencia. ¿Es Su propio infierno una secuela espiritual?

Nunca he pretendido entender lo que hago, quiero trabajar desde el instinto. Siempre digo que no soy político, no tengo ninguna agenda. Para mí Su propio infierno es una especie de caleidoscopio de todo lo que hay en mi cerebro...

La película hace una cita directa a Hans Christian Andersen y La pequeña cerillera, pero diría que los cuentos de hadas siempre han estado presentes de alguna forma en su obra.

Bueno, Hans Christian Andersen era danés, como yo. Siempre digo que si Hans Christian Andersen siguiera vivo sería yo. Él no habría escrito El patito feo, él habría escrito Drive. Él no habría escrito El soldadito de plomo, habría escrito Valhalla Rising. Y La sirenita habría sido The Neon Demon. Compartimos una gran conexión y siempre he amado los cuentos de hadas porque me encanta la fantasía y las interpretaciones que permite. Los cuentos siempre transmiten un sentimiento, una emoción, y esto conduce a una interpretación. Puedes leer el mismo cuento diez años después y tener una reacción distinta porque eres diez años mayor. 

Lo mejor de los cuentos de hadas es que a primera vista parecen superficiales y en realidad no lo son, porque todo gira en torno a la interpretación del texto y la iconografía. Empecé haciendo películas sobre la realidad y luego decidí que no me interesaba, que prefería la irrealidad. Es decir, la fantasía. La fantasía que son los cuentos de hadas. 

Nunca he pretendido entender lo que hago, quiero trabajar desde el instinto. Siempre digo que no soy político, no tengo ninguna agenda

Su propio infierno es un film de ciencia ficción ambientado en Tokio, lo que hace pensar en su colaboración con el desarrollador de videojuegos japonés Hideo Kojima y en su participación por motion capture en Death Stranding. ¿Le interesa el lenguaje de los videojuegos?

Yo quise ambientar la película en Tokio porque en un momento dado básicamente quería mudarme ahí. Pero me di cuenta de que esa Tokio solo existía en mi cabeza, así que volvimos a Copenhague y lo rodamos todo en estudio. Construí mi propia Tokio. 

Por otra parte, Hideo es brillante en todo lo que hace, alguien que me inspira, pero no soy un gamer en sentido estricto. Juego al Donkey Kong y poco más. Pero me interesan las posibilidades creativas de los videojuegos. Los videojuegos funcionan de forma muy distinta al cine y eso es fascinante.

El vestuario y el color es central en la película, que en un momento dado se convierte en una película de terror al estilo del giallo italiano de los años 60 y 70.

Evidentemente, me gusta todo lo italiano. Adoro la libertad y el surrealismo que cultivaban este tipo de películas, porque ahí no importaba tanto la construcción de la historia como… la objetificación de los objetos. Es decir, la fetichización de los elementos. Algo muy inspirador porque ante todo soy una persona muy fetichista. Es una parte básica de mi creatividad.  

La chaqueta de Charles Melton nos recuerda a la de Ryan Gosling con el escorpión en Drive…

El vestuario es central en mi cine porque es lo que permite que un actor se transforme en su personaje. En gran parte es cómo se identifica con él y es por eso el vestuario es tan esencial como sería el maquillaje, quizá más. Es el proceso de transformación. Si piensas en el teatro, donde solo hay un escenario falso, el vestuario y el maquillaje son los elementos fundamentales para que la ilusión pueda ser posible y siempre me ha importado mucho eso. Por eso, encuentro tan interesante la iconografía de los cuentos de hadas, supongo. 

Es interesante también la presencia de Pino Donaggio componiendo la banda sonora porque justo él trabajó en su día con Dario Argento, icono del giallo.

Bueno, Su propio infierno no deja de ser una ópera. Y en la ópera, la música lo es todo. Todo se reduce a la música. Así que diría que la música de Pino es la sangre de Su propio infierno. Es su música la que ata todos los elementos que he ido montando como una casa de muñecas. Y la película no funcionaría sin ella. Es el elemento principal.

Su propio infierno es tan pronto un thriller como una película de acción donde también hay huellas de David Lynch y la space opera tipo Barbarella. ¿Cómo has equilibrado tantas inspiraciones?

Siempre me han encantado las películas de acción. Es un género como bíblico. Luchar contra, o con, el demonio. Siempre he adorado las películas de kung-fu porque hay algo muy visceral en ellas… pero todas estas no son tanto inspiraciones como cosas que me gustan. Para mí Su propio infierno ha sido como ir a un restaurante y pensar ‘me gusta todo, así que comeré todo lo que haya en el menú’.

Tendría que haber una resolución de la ONU sobre cómo debe funcionar la IA en sociedad y cómo podemos beneficiarnos de ella. Pero no es lo mismo el marco de la sociedad que el de la creatividad

Por último, pensé en Blade Runner y en la inteligencia artificial. Y en que desarrolló junto a Kojima un anuncio de Prada generado por IA. ¿Cómo se posiciona frente a esta tecnología?

La inteligencia artificial, como es lógico, suscita todo tipo de opiniones. Pero también es muy complicado reducirlo todo a blanco o negro. Como tecnología, la IA amplía nuestras opciones. Nos ayuda mucho en ciertos aspectos y también beneficia a la sociedad humana. A la vez es increíblemente peligrosa y, en mi opinión, debería estar regulada. Tendría que haber una resolución de la ONU sobre cómo debe funcionar la IA en sociedad y cómo tenemos que beneficiarnos de ella. Aunque no es lo mismo hablar de la IA en el marco de la sociedad que en el de la creatividad.

¿Entonces la usaría en alguna película futura? ¿Le interesa?

Desde luego es una herramienta que ofrece oportunidades. Ahora bien, supone un cambio radical… como quizá lo fue internet. Así que altera nuestro sistema y tiene unas consecuencias enormes que debemos aceptar. Aunque quizá eso siga siendo algo social, en cuanto a cómo va a sobrevivir la gente si la IA se queda con su trabajo. Veamos… desde luego todo el mundo está usando IA en el entretenimiento, le guste o no. Ya lo están haciendo, se está infiltrando en todo. En mi opinión, y es solo mi opinión, la IA ofrece oportunidades creativas interesantes, pero no creo que sea buena para ciertas cosas. En un sentido creativo, para mí es solo un bolígrafo. 

Quizá, cuando se hagan esas películas IA de las que se habla tanto, con actores generados por IA, simplemente sean muy malas y a nadie le importe. Creo que los humanos tienden a sentir conexión con otros humanos. Aunque, por otro lado, la animación siempre ha triunfado y es una ilusión falsa. ¿Cuál es la diferencia entre la IA y la animación? Pues es un debate complicado donde no podemos limitarnos a decir sí o no. Hay que analizarlo caso por caso. Si tienes 14 años, estás en el instituto y quieres crear cosas, y dispones de algo como la IA… ¿Por qué no aprovecharlo?