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Seminci

El salto de madurez de Ricardo Gómez con su primera película como director: “Es el proyecto más importante de mi vida”

Javier Zurro

Valladolid —
24 de octubre de 2026 22:25 h

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Ricardo Gómez se ha pasado casi toda la vida delante de la cámara. Y ahí, mientras crecía en frente de millones de personas, empezó a darse cuenta de que su curiosidad hacia lo que pasaba en un rodaje era más que un juego infantil. Comenzó a imaginar cómo rodaría él las escenas de Cuéntame, y luego cuando llegaba al set de rodaje veía si coincidía o cómo lo planteaban los directores con los que fue formándose casi por osmosis. 

“Empecé a darme cuenta de que estaba planificando en mi cabeza escenas de la serie y luego casi nunca se hacían así. Un día pensé, joder, me fliparía poner a mí las cámaras. Supongo que de ahí nace todo, de estar durante muchos años entre cámaras viendo cómo otros dirigían y aportaban su punto de vista y pensar que más que ser solo una herramienta para contar una historia, me gustaría ser el motor de una de ellas”, dice al pensar en el momento en el que el gusanillo del director de cine empezó a colarse en sus entrañas. 

Lo recuerda a pocos días de presentar su primera película como director, Una familia, un filme de tintes autobiográficos que es también una carta de amor a las madres (en especial a la suya) y que se presenta fuera de concurso en la Sección Oficial de Seminci. Una primera película que muestra a un director con ideas, que no se conforma con ir a lo seguro, y que en ese trenzado de historias consigue una hermosa película que deja con ganas de saber más de él como cineasta. Aquellas largas jornadas de rodaje durante años fueron su escuela de cine, y las toma así también para “callar a ese pequeño diablo del impostor” que le dice que no ha estudiado cine. “Me pasó lo mismo con la actuación. Yo no he ido a la RESAD ni he estudiado con Corazza, y me decía que cómo iba a ser actor sin haber estudiado”, explica. 

Ese diablillo le sale de vez en cuando, y le ataca, pero Ricardo Gómez le da argumentos. “Le digo: bueno, no he ido a ninguna escuela, pero sí que he tenido formación por otros lados, más allá de la propia práctica. Con la dirección me pasa un poco igual, sé que el paso natural hubiese sido hacer un corto con más financiación y no me salió. Así que me puse a escribir. Me parece supercomplicado escribir un cortometraje y no ser un tramposo de guion. Admiro mucho a los cortometrajistas”, subraya.

Los nervios que vive ahora no son los mismos que siente antes de salir al escenario de un teatro o de rodar una escena. “Esta semana estoy hablando conmigo mismo y pienso, no es la semana de estreno, pero sí es la primera vez que se va a ver. Va a haber un teatro lleno. La estáis viendo la prensa… y me digo: ¿por qué estás tan nervioso? No lo entiendo. He dirigido una peli, pero, por otro lado, llevo estrenando cosas toda la vida. Pero es que esto es distinto. Es distinto porque como actor hay algo de decir 'bueno, pues mira, si esta peli no la hubiese hecho yo igual tendría otra cara y otros ojos'. Pero aquí hay algo muy fundamental, y es que sin mí esto no hubiese existido. Y esto está existiendo porque yo he querido, y esta gente está aquí sentada y entregando 95 minutos a esta historia. Entonces hay algo como casi de responsabilidad que me pone más nervioso”, confiesa.

La historia de Una familia juega con un elemento reconocible para todo el mundo. Un niño, con el pelo a tazón, acaba el rodaje de una escena de una serie que presenta a una familia con su abuela, su padre con bigote, y todos en un salón clásico de familia española. Un claro homenaje a Cuéntame y a su propia vida que es un gancho de autoficción para lo que viene, tres historias que se entrelazan. La de un padre ausente que en un permiso de la cárcel deja embarazada a una bailarina. La de ambos el día del bautizo cuando ambos ya han tenido a ese niño. Y la de ese propio niño convertido en un actor infantil de éxito con una vida en pleno cambio y una familia que no se parece en nada a la que muestra la serie que protagoniza. 

Yo necesito mirar hacia adelante y cuando hay algo que tiene una sombra tan larga como esto, la única manera de intentar avanzar es mirando en otra dirección

Tres historias entrelazadas que, de alguna forma, ofrecen al espectador un dulce que para él “es parte del juego de la ficción”. “Es una película de ficción. Nunca me ha interesado hacer un documental. La película parte de ese elemento que es hiperreconocible y no se estanca. Ahí la película avanza hacia otro sitio. Hace mucho tiempo que no trato de controlar la opinión del espectador y para mí tiene más que ver con un juego de ficción y realidad. Y tiene mucho que ver con la fábula. De hecho, la película está un poco rodada como una fábula en el sentido de que no es hiperrealista, tiene movimientos muy estéticos de cámara”, explica. 

Pese a ello sí que la película “parte de una base muy autobiográfica” que Ricardo Gómez no esconde. De hecho, la escritura de guion le llevó también a una investigación en la historia de su propia familia y, en concreto, de su madre. “Nunca había tenido con mi madre un momento de charla. Fueron unas entrevistas en donde le dije: quiero hablar de ti, de tu familia, de muchas cosas que creo que sé, porque sí, las conozco, como toda persona que vive en una familia, pero que quiero que me cuentes bien en detalle. Fue muy bonito hacer un seguimiento por la vida de mi madre y no solo por su vida, sino también unos años en los que yo no vivía, los 90 madrileños. Fue algo muy, muy emocionante y muy interesante de hacer”, valora de ese proceso de creación.

Por ello define Una familia como una carta de amor a las madres, y a la suya: “A mí lo que me impulsó a escribir fue mirar un poco más hacia atrás y mirar a mi madre. No me interesaba nada mi vida a la hora de ficcionarla, ni tampoco quería hacer una película sobre, qué sé yo, una familia armenia, y miraba a mi alrededor para buscar lo que me podía inspirar, y encontré la inspiración en mi madre”. En esa carta de amor que es Una familia ha entrado, casi como si fuera otro guiño metacinematográfico, su otra familia, la de un puñado de intérpretes, técnicos y productores que son su familia artística que ha ido sumando durante todos estos años, como esa protagonista que interpreta Claudia Traisac en un papel con el que muestra todo su potencial dramático en una interpretación soberbia. 

Hay en esta película una forma de abrazar su pasado, uno que podía haberle metido en el cajón de los niños prodigio del que muchos no salen. Pero también de mirar hacia adelante y ponerle un lazo de despedida. Aclara que él nunca ha “rechazado” esa época. Pero que ponerlo en la ficción en ese guiño “tampoco es un abrazo del todo”. Y lo explica. “Yo siempre he sentido una gratitud y mucho orgullo por haber formado parte durante tantos años de una serie como Cuéntame. Y ese mismo sentimiento de orgullo y de amor hacia la oportunidad y hacia el proyecto, convive y ha convivido siempre con la idea de que este cariño al proyecto no significa que yo mire hacia atrás. Yo necesito mirar hacia adelante y cuando hay algo que tiene una sombra tan larga como esto, la única manera de intentar avanzar es mirando en otra dirección”, señala.

Siente que haber puesto ese guiño se siente como “un punto y aparte”. “Este es el proyecto más importante de mi vida, y empieza con este abrazo a una parte de mi vida que todo el mundo conoce. Y después, es un punto y aparte. También es un punto de inflexión, porque quiero tanto esa parte de mi vida que la utilizo como trampolín del que es el proyecto más importante de mi vida”, zanja. Por ello cree que esta será “la última vez, la última promoción en la que esto tenga cabida”. En todas las entrevistas de todos los proyectos que ha hecho siempre entra esa última pregunta que empieza con esa coletilla: ¿cómo es crecer durante tantos años en la pantalla? 

“Tengo 32 años, ya lo he contado mil veces. La gente puede preguntar, pero también para mí, me siento en un momento a nivel artístico, a nivel creativo, en el que me apetece mucho mirar hacia todas las cosas que tengo por delante, y creo que ya no le debo rendir cuentas a nadie para hablar de algo de lo que ya he hablado tantas veces y que nunca he eludido”, apunta

En el futuro lo primero que ve es descansar. El nivel de “entrega e intensidad” que ha tenido estos años en donde ha compaginado la dirección con otros proyectos interpretativos hace que el cuerpo le pida algo de más tranquilidad. Eso sí, en esa tranquilidad tiene claro que entrarán sus dos facetas. No va a dejar de ser actor, pero esto “no es un capricho” y amenaza con que dirigirá de nuevo, y será “más pronto que tarde”.