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Entrevista

Arab Strap: “Prefiero vender menos discos y ser feliz que meterme en las redes sociales”

Francisco Gámiz

5 de octubre de 2026 23:10 h

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Han pasado tres décadas desde que Arab Strap lanzara su primer single, pero Aidan Moffat y Malcolm Middleton tienen claro que no quieren convertirse en una banda que se limite a vivir de la nostalgia y salir de gira para tocar viejos éxitos. Para celebrar su trigésimo aniversario, el dúo escocés ha optado por mirar hacia el futuro con la publicación de Half-Told Tales, su noveno álbum de estudio. Se trata de un trabajo compuesto por 14 canciones que ellos mismos describen como un “conjuro de música disco-metal”, el cual esperan poder tocar en España el año que viene con algunos conciertos y que ha sido creado para hacer bailar y sonreír al público en medio del caos moderno.

El caos moderno es, de hecho, la cuerda sobre la que Aidan Moffat ha aprendido a hacer equilibrios. Es crítico con grandes plataformas como Spotify, Apple Music o Amazon pese a que “es imposible vivir de forma totalmente ética hoy en día”, huyó de Twitter en cuanto Elon Musk lo transformó en una “horrible plataforma de extrema derecha” y planta cara abiertamente a las presiones de su propia discográfica: prefiere tener menos éxito comercial a tener que convertirse en un influencer que es esclavo de las pantallas. A sus 53 años, el vocalista de Arab Strap tiene claro que la autenticidad y la salud mental no se negocian en una industria musical cada vez más tiranizada por los algoritmos.

Atrás quedaron las letras sobre las noches de ocio, la juventud y los desamores que marcaron sus inicios. Hoy, las composiciones de Aidan Moffat funcionan como un espejo de la sociedad contemporánea, aunque él continúe sin considerarse un artista demasiado político. Desde el ridículo de los líderes de la “manosfera” y el auge de una extrema derecha que seduce a la clase trabajadora, hasta el peligroso miedo social a envejecer de forma natural, muchos son esos “cuentos a medias” que dan título a su último proyecto. Sin embargo, puesto que ningún cuento se ha contado por completo, que falten páginas por escribir siempre da cabida a la esperanza. Y Moffat tiene mucha esperanza.

¿Cómo cambia la perspectiva del mundo al pasar de los veinte a los cincuenta?

Sin duda cambia. No se trata de querer escribir canciones que suenen como las de antes, sino de reflejar el mundo que nos rodea ahora. Nuestras antiguas canciones románticas —aunque algunas no eran muy románticas— son algo sobre lo que escribes cuando eres joven porque lo vas descubriendo. Para cuando nos volvimos a reunir y empezamos a grabar discos de nuevo en 2021, ya éramos mucho mayores y, con suerte, un poco más sabios. Te conviertes en padre, te haces mayor y tus prioridades cambian. Es importante escribir sobre el momento presente, en lugar de intentar capturar algo que tuvimos en el pasado. Que escribiera canciones sobre la juventud sería horrible, es ridículo y no quiero hacerlo. A veces puedo ponerme un poco político porque es muy difícil que el flujo constante de noticias no se cuele en las canciones.

La primera canción del álbum, I Get Noise, trata sobre soñar en silencio. ¿La tranquilidad se ha convertido en un lujo inalcanzable?

Es algo por lo que hay que esforzarse más. Es muy difícil encontrar paz y tranquilidad en la sociedad actual, pero mucha más gente lo está buscando. Tengo la sensación de que los jóvenes que conozco, como mi hijo, que pasa mucho tiempo con el móvil, pero sobre todo jugando, tienden a valorar esos momentos de tranquilidad más que nosotros. Los jóvenes se resisten de forma natural a las cosas que hacían sus padres, así que ven muchos comportamientos contra los que reaccionan, o al menos eso espero. Me gustaría pensar que nos hemos vuelto menos dependientes de estas cosas y sobre todo de las redes sociales, que yo ya casi no uso. Sigo publicando cosas abstractas y del trabajo, pero ya no a nivel personal porque te quitan mucho tiempo. Fui adicto a Twitter durante muchos años.

¿Le ha sido difícil dejarlo?

Ahora me encuentro en un estado mucho más saludable. Estaba en Twitter todo el tiempo y me encantaba, también tenía aspectos muy positivos. Recuerdo mi fiesta de cumpleaños de los 40: hice una lista de reproducción de DJ en Twitter, invité a la gente a que se uniera a mí y nos lo pasamos bien. Hay cosas realmente buenas que puedes hacer para conectar con la gente, pero se volvió horrible hacia el final, un auténtico asco. Y luego, claro, Elon Musk lo compró y se convirtió en esa horrible plataforma de extrema derecha. Sigo echándole un vistazo, pero no participo ni publico nada. Alejarme de eso fue un gran paso; me siento mucho más feliz y sano porque es muy estresante tener que lidiar con la raza humana en el día a día, cuando tienes a miles de personas gritándote. Las redes sociales no me gustan, y también me molesta mucho que ahora sean una parte tan importante de la industria musical. Nuestro sello nos pide constantemente que hagamos más en redes, y yo pienso que no puedo: prefiero vender menos discos y ser feliz a meterme en las redes sociales para intentar ser un influencer.

En Glamour Magic adopta una visión muy irónica de los tratamientos de belleza. ¿Por qué aterra tanto mostrar las arrugas o envejecer de forma natural?

Como humanos, valoramos la juventud y la vitalidad mucho más de lo que valoramos el cuerpo que envejece y la sabiduría de la vejez. En parte se debe al miedo a la muerte, obviamente, pero también hay un componente sexual y el temor de mucha gente a ser olvidada por la sociedad. Parece que estamos programados desde los albores de la evolución para centrarnos en nuestros primeros años como los más importantes. Yo nunca me he sentido así realmente, siempre me he sentido como un alma bastante vieja. Siento que he crecido hasta llegar al cuerpo que siempre me he merecido. Me lo pasé muy bien cuando era joven, pero siempre tenía ganas de hacerme mayor. Eso puede ser bastante inusual, porque conozco a mucha gente a la que le aterra envejecer, lo cual me parece extraño.

¿Le parece una tiranía tener que parecer siempre joven?

Hay una presión enorme sobre mucha gente, y supongo que la decisión está en si quieres o no ceder a esa presión. Hubo una época, hace unos veinte años, en la que esto era sobre todo un problema para las mujeres, que se encontraban con esa presión constante en los medios de comunicación. Pero ahora es igual de malo para los hombres. Sin duda hay una tiranía implícita en ello, y parte de la culpa la tienen las redes sociales, que constantemente están mostrando a gente joven y guapa con sus vidas perfectas y maravillosas. Puede afectar a mucha gente, así que simplemente tienes que intentar ignorarlo lo mejor que puedas y envejecer con dignidad.

El 90% de los medios son de derechas y controlan la información, es fácil dejarse llevar por eso y vivir con miedo

En la canción Be A Man aborda la masculinidad tóxica. ¿Cómo habla de ello con su hijo adolescente?

La verdad es que no hablo mucho de eso con él. A veces salía el tema, pero sentía que si insistía demasiado y se convertía en algo de lo que teníamos que hablar, podría empujarlo en la dirección contraria, despertando un sentimiento de rebelión que le hiciera querer hacerlo. Así que me limité a vigilar su comportamiento. Si alguna vez surgía el tema, lo comentábamos rápidamente y con ligereza. En la canción utilizo la expresión “el rey estafador de la manosfera”, que se refiere a un hombre muy concreto, pero no quería mencionar su nombre [Andrew Tate]. Era muy importante convertirlo en un personaje ridículo; tienes que intentar quitarle el poder en lugar de darle importancia teniendo conversaciones serias y profundas sobre su efecto en la gente.

No estoy diciendo que no sea un problema muy grave, por supuesto que lo es, pero mi idea era burlarnos de este hombre y señalar que todo lo que hace es ridículo y, además, mentira. Mi hijo es muy consciente de lo viles y odiosas que son estas figuras de la manosfera y los ve como figuras ridículas. Son gente absolutamente peligrosa y vil. Espero que Andrew Tate siga en la cárcel, donde debe estar. Mi hijo siempre ha sido bastante íntegro; si se encontraba con algo remotamente racista en la PlayStation cuando jugaba online, lo denunciaba enseguida. Al ver que hacía eso, pensé que probablemente estaría bien.

La gente está dando un golpe sobre la mesa para que los artistas alcen la voz sobre aquello que les preocupa. Al menos, eso le ha sucedido a Ed Sheeran.

Es una situación extraña. Macklemore tiene toda la razón: se están cometiendo atrocidades terribles en Gaza, por supuesto que sí. Pero Ed Sheeran también está en su derecho de no querer politizarse. Es difícil saber qué pensar; no creo que debamos esperar que la gente se implique políticamente. No es su trabajo. A algunas personas no les hace gracia, y si a Ed Sheeran no le apetece, es su decisión. No estoy necesariamente de acuerdo con lo que hizo, pero lo respeto; es una decisión que él quiso tomar y tiene todo el derecho a hacerlo. Aunque la cosa no le está yendo bien y le ha salido un poco por la culata, y con razón. Pero yo no lo haría; si tuviera un grupo telonero con un mensaje político, no los echaría de la gira porque no es asunto mío. Tienen derecho a expresarse y a decir lo que quieran. Es esa cuestión del tribalismo: vivimos en un mundo tan ridículo en el que no hay sentido del matiz ni del debate ni de la empatía.

En Fighting for You canta sobre la clase trabajadora británica que se desplaza hacia la derecha.

Como digo al principio de esa canción, me recuerda mucho a cuando era joven. En los años 80 pasaba lo mismo; aquí teníamos el thatcherismo y la clase trabajadora empezó a votar a partidos de derechas. No es nada nuevo y son las mismas tácticas: la promesa de un sueño que no pueden cumplir, aprovechándose de los miedos de la gente. Siento mucha simpatía por la gente que vive aterrorizada porque les dicen que tengan miedo, pero la verdad es que es una mentira, es propaganda. Por desgracia, el 90% de nuestros medios de comunicación son de derechas. Todas las plataformas de redes sociales y los periódicos son propiedad de figuras de la derecha, de la extrema derecha en algunos casos, conservadores con miles de millones en los bancos.

La idea de que a estas personas les preocupe en lo más mínimo la gente corriente de la clase trabajadora es ridícula. Pero como controlan la información que recibe todo el mundo, es fácil dejarse llevar por eso y vivir con miedo. Como digo, ya he pasado por esto antes y tengo la edad suficiente para haberlo visto, así que espero que lo superemos. Creo que cuando Trump se vaya —le quedan dos años y legalmente no puede estar más—, las cosas empezarán a calmarse un poco en Estados Unidos y en el Reino Unido. Esperemos que eso se extienda también a Europa, porque Alemania ha tenido recientemente unos resultados muy preocupantes para la AfD. Estas cosas son llamativas y preocupantes, pero creo que hay esperanza a la vista. No puedes quedarte ahí sentado pensando que todo es una mierda; veo rectitud en los jóvenes de ahora que quieren cambiar el mundo, y estoy seguro de que tendrán su oportunidad.