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Crítica

Placebo obliga a sus fans a guardar los móviles para volver a 1996

2 de octubre de 2026 01:30 h

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Antes de que comenzara el concierto de Placebo, la advertencia de las pantallas parecía solo una petición amable. Luego, bajo la amenaza de los lacerantes focos en la cara del personalidad de seguridad, se vio que era obligatorio: móviles no.

“Recordarás el momento, no la grabación. Mejor sin tu móvil. Placebo. Compartamos esto juntos”. Ese era el mensaje que el grupo de Brian Molko y Stefan Olsdal proyectaron a sendos lados del escenario antes de dar inicio a su actuación en el Palacio de los Deportes - Movistar Arena de Madrid este jueves.

Un gran telón blanco cubría el escenario. Sobre él, se proyectaron las imágenes que, como palabras de un hechizo, abrían una puerta mágica a 1996, año en el que se publicó el primer disco homónimo del grupo formado en Londres dos años antes, en plena explosión mundial del indie y el rock alternativo. “El presente es pasado”, se lee en inglés con letras arrugadas sobre los pliegues de la tela blanca. Y se funden los números 1996 con 2026, al igual que a lo largo de la noche se fundirían los Brian Molko y Stefan Olsdal de entonces con los de ahora.

Deformado por las ondulaciones de la tela aparece David Bowie, lo cual desata un estallido de reconocimiento entre el público. Bowie es Dios prácticamente en todos los foros y en todas las religiones. Una de las virtudes de Brian Molko a lo largo de su carrera ha sido la de arrimarse a las personas adecuadas, quizás en busca de cierta bendición. Molko ha sido de los que han dicho: si se va a reconocer a quién copio, al menos que se entienda como homenaje.

En 1997, Placebo fue uno de los grupos tocados de la mano de Dios, es decir, de los amigos invitados al 50 cumpleaños de David Bowie en el Madison Square Garden. La línea de sucesión se reafirmó con la ceremonia de confirmación, cuando salieron juntos cantando en los Brit Awards la canción de T-Rex 20th Century Boy. Una vez más, y como veremos esta noche, se trata de reafirmar la genealogía y rendir un tributo al lugar y al tiempo del que venimos.

Cuando cae la sábana blanca, comienza Pure Morning, el single de su segundo disco. En esta gira se celebran los 30 años de la banda británica, que pasó de trío a dúo, tocando solo canciones de los dos primeros discos (Placebo de 1996 y Without You I'm Nothing de 1998), además de un par de versiones y una canción nueva que en cierta forma es vieja.

“Os queremos mucho, Madrid”. Así, en castellano, se dirige Stefan Olsdal a la audiencia que abarrota el Palacio. A Stefan le hemos enseñado a hablar español en las noches de Madrid. Al principio, su presencia era algo excepcional: “¡Está el bajista de Placebo!”, decía alguien al verle aparecer en cualquiera de los clubes habituales de la escena indie y dark de la ciudad. Después, Stefan era uno más. Y cuando formó el grupo con músicos españoles Hotel Persona y colaboró con Digital 21, ya fue totalmente uno de los nuestros. “Gracias por vuestro apoyo en estos 30 años. Hagamos un poco de ruido, ¿no?”, dijo justo antes de interpretar Bionic.

Y sí, lo que parecía una recomendación se evidenció como una obligación: los móviles estaban prohibidos. Personal de seguridad armado con potentes linternas iluminaba la cara del que veían enfocando al escenario. Incluso penetraban entre la masa del público de la pista para acercarse a cualquier luz que asomara entre la masa. Poco a poco, todo el mundo obedeció. Antes de acometer Whitout You I'm Nothing, Brian Molko comenzó a explicar, primero en español y luego pasándose al inglés, por qué no quería ver móviles entre el público: “No teníamos putos móviles en 1996”, dijo. Por ser polite, añadió: “Agradezco tu comprensión” y “gracias por tu cooperación”, pero luego, un mucho más tajante: “Guarda tu móvil o vete”. Y, por si no había quedado del todo claro: “Yo lo veo todo desde aquí, así que recibiréis una advertencia de mi parte”. Y efectivamente, Molko no se cortó en señalar con su dedo índice estirado, sin dejar de cantar, cuando veía un móvil entre el público.

La lucha de Placebo contra los móviles no es nueva. En la gira de 2022, teléfonos, relojes, cámaras y cualquier otro cacharro grabador se metía dentro de una bolsa que no podía abrirse hasta la salida. Según ellos, el objetivo era “vivir el momento”. Ahora, parece que el público no necesitaba medidas tan coercitivas, y lo cierto es que, mientras transcurría el concierto, comenzaban a verse las diferencias.

Primero: es verdad que parecía 1996. Sin los móviles, vuelve a haber brazos arriba, cabezas moviéndose, cuerpos bailando y sin duda una mejor visibilidad del escenario. Segundo, vuelven los aplausos. De unos años para acá, es evidente que cada vez se aplaude menos en los conciertos. No se puede saber si este fenómeno se da porque el gesto está dejando de significar como reacción sonora de agradecimiento hacia el artista, o porque el público tiene una mano ocupada sujetando el móvil. Sin datos científicos con los que llegar a una conclusión, lo cierto es que bajo el estricto régimen de Placebo, volvieron a sonar los aplausos con volumen.

Además de momentos de éxtasis como los vividos con una inmensa interpretación de Lady of Flowers y, por supuesto, Nancy Boy (aunque más controvertida fue una nueva versión ralentizada de 36 Degrees), como novedad no estrictamente de este regreso al pasado se encuentra una canción nueva, HELEN KELLER, que en realidad tiene algo de vieja. Titulada como una activista sordociega estadounidense (“una de mis personas favoritas de la historia”, dijo Molko en una ocasión), no es una canción que pase a la historia, pero su curiosidad reside en estar inspirado en el instrumental oculto del primer disco, H.K. Farewell.

Tras la despedida para el bis, el concierto culmina con un final apoteósico gracias a un hit que siempre hará enloquecer a sus fans —o a cualquiera que haya salido, bebido o amado a finales de los 90— Every You Every Me, seguido de dos versiones, que nos llevan al tema del principio de esta cróncia: reconocer el homenaje, de donde viene uno, a quien admira, hacia donde se quiere dirigir.

Para esta misión, Placebo ha elegido su versión de Depeche Mode I Feel You, del disco que más cercano les resulta en la carrera de los de Basildon (Songs Of Faith And Devotion, de 1993), durante la que Molko pretende bailar como Dave Gahan pero no le acaba de salir de todo, y una Running Up The Hill (A Deal With God) de Kate Bush (1985) ejecutada con menos suerte. Quizás ahora resulta más obvia, pero Placebo lleva versionando esta canción desde 2003 y es probable que después de Stranger Things este tema tenga ya otros matices, pero no pierde nunca esa inmensa carga de melancolía que tan bien le viene al grupo para despedir un concierto que es, sobre todo, un viaje al pasado, un broche, un ouroboros, una forma de decir que, porque fuimos somos, y porque somos, seremos.