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De telonera de Coldplay a versionar a Mari Trini: el viaje de Ona Mafalda para sobrevivir a la “montaña rusa” de la música

Cada 31 de diciembre, y para los más rezagados 1 de enero, suele ir acompañado de la tradicional —y no siempre sana ni realista— 'lista de propósitos para el año que viene'. Esos retos, metas, ilusiones, a veces incluso excusas que nos ponemos para empezar cada año nuevo dejando atrás lo que nos hizo daño o se nos enquistó; y poder recibir el siguiente con los brazos abiertos, liberados, reseteados. Porque en realidad nunca empezamos de cero, solamente nos reconvertimos, e incluso reencontramos, para seguir siguiendo adelante, con la mejor de las energías posibles, la que nos quede, la que nos llegue, la que nos caracterice, la que nos cueste. Y junto a ella, resetear como lo hizo Ona Mafalda en su segundo disco, al que concedió su título al Reset que ella misma necesitó para continuar con su carrera.

Desde entonces ha lanzado otros dos temas más, Nada y Otra, y está de gira por España. Ona Mafalda nació en 1994, pertenece a la generación milenial, que defiende que aunque no hayan vivido “lo que una persona de sesenta, sí que han pasado muchas fases, muchos cambios”. “Vivimos en la ola que va cambiando. Siento que siempre estamos renovándonos porque entramos en situaciones que no sabemos bien cómo son”, reconoce haciendo referencia a ejemplos como Instagram o TikTok.

Antes de su último trabajo discográfico, la cantante pasó por un mal momento personal que le obligó a parar. “Tuve que decirme a mí misma que tenía que frenar para sanar y cuidar, porque si no, esto te come. Tuve la suerte de poder hacerlo y acabar dándole mucho amor al proyecto, cuando ya estaba bien”, agradece. Se enfrentó igualmente a los ritmos que imperan en la industria discográfica, que empuja a que los artistas tengan que estar continuamente lanzando nuevas composiciones, hits, con presencia continua en las redes sociales: “Existe ese miedo a que se olviden de ti porque pares un tiempo. A que vayan a bajar tus números, porque son cosas que pasan”.

Existe ese miedo a que se olviden de ti porque pares un tiempo, a que vayan a bajar tus números

En sus letras habla de la necesidad de romper con el perfeccionismo que muta en una autoexigencia muy tóxica. “Hay prejuicios que me encasillaron en un lugar desde el que no me veía capaz de hacer cosas por miedo a que saliera mal”, comenta sobre el proceso que vivió hasta entender que, y así lo reflejó musicalmente, por muy fan que sea de las canciones tristes, “no quería entrar en ese dolor que luego iba a tener que recordar y cantar toda la vida”.

“Quería temas que me sacaran de ahí, que me hicieran sentir mejor, empoderada y satisfecha con lo que estaba haciendo”, expresa sobre la misma emoción que quería transmitir a su público, ese “tomar las riendas”. Su necesidad de resetear nació el mismo día que cumplió uno los grandes sueños de su vida: ser telonera de Coldplay en la visita a España de la banda en 2023: “Fue uno de los primeros conciertos a los que fui de pequeña. Si me hubiera dicho entonces que 17 años después estaría tocando para ellos, no me lo hubiera creído”.

“Pasó tiempo hasta que volví a componer desde ese momento, pero ese volver a la raíz de lo que significan para mí Coldplay, regresar a las cosas que me inspiraron y explican por qué sigo haciendo lo que hago, me hizo darme cuenta de cómo quería que fuera lo siguiente”, reconoce haciendo alusión a otros referentes como Florence and the Machine, The Strokes, Blondie y Patti Smith. “Esto es un negocio superdifícil, es una montaña rusa, y este es el tipo de cosas que te pasan en la vida y te siguen empujando y haciendo creer en lo que haces. Por eso estoy tan agradecida del apoyo que recibo de mi equipo”, celebra.

Una industria menos edadista

El reseteo de Ona Mafalda ha pasado también por el look con el que ahora se sube a los escenarios. “He recuperado la t-shirt y los jeans. No me complico mucho, porque así es como empecé cuando tocaba de pub en pub en Londres. No tenía ni estilismo, ni make up ni nada. Era yo, mi guitarra, y a tocar”, recuerda mezclando palabras en castellano e inglés, herencia del tiempo que estuvo viviendo en Reino Unido.

Desde entonces han cambiado aspectos en la industria como que “ahora ya no solo tienes que ser artista, tienes que ser una business woman [mujer de negocios]. Ser como una araña, tener muchas patas”. La cantante reconoce que no lo lleva mal porque es “muy workaholic”. Sobre el ambiente entre los compañeros de profesión, explica que “no todos” son mejores amigos: “Sería mucho decir, pero hay un apoyo muy grande y bonito en esta industria”.

Ona Mafalda considera igualmente que el mundo de la música se ha vuelto menos edadista, al detectar “un cambio generacional muy grande”. “Cuando antes mirabas programas como Factor X, si tenías 27 años ya eras vieja y se te había pasado el arroz para hacer música. Esto ya no es así para nada”, aplaude, al tiempo que señala que esta “presión y miedo” ha afectado siempre más a las artistas mujeres que a los hombres. “Quiero que mi música inspire a otras mujeres a que se sientan cómodas con sus cuerpos, tengan la edad que tengan, sean como sean, y sigan adelante pese a lo que veamos, leamos y lo que nos digan que es lo que se lleva o cómo hay que ser. Cada una somos como somos”, recuerda.

En este tiempo, otro de sus más valiosos aprendizajes ha sido a “tener más paciencia y que no te dé un bajón si no haces un sold out”. “Al principio me daba más cosa pensar que no estaba tocando en el WiZink [ahora Movistar Arena], pero bueno, ya vendrá, o no. Y si no, seguiré tocando en las salas y teatros en los que lo estoy haciendo. Yo con seguir tocando el resto de mi vida y poder vivir de esto, estoy feliz”.

Las mujeres también nos hartamos

Harta fue otra de las canciones que le nacieron componer en este nuevo contexto, en cuyo estribillo lo único que hace es repetir esta palabra una y otra vez. “Es un grito a no tener que aguantar las cosas. Nadie nos puede limitar en sentir lo que queramos sentir. No tenemos que ser señoritas sentaditas perfectas, al contrario”, sostiene.

Para seguir ampliando mensaje eligió también versionar a Mari Trini y su Ya No Soy Esa, porque para ella representa todo lo que quería transmitir en sus canciones, ese “dejar las cosas atrás, dejar a la persona que otra gente cree que eres y hacerlas a tu manera”. A la cantante le impresiona que el tema fuera compuesto en 1971: “Había que tener narices para hacerlo. Estuvimos dándole muchas vueltas y la verdad, me decidí a hacer la versión porque es un sueño haber podido escribir esta canción”.