Minuto a Minuto A bordo del Open Arms
Día 1. Rumbo a la zona de rescate
Ya estamos a bordo del Open Arms. Amanecemos en el buque de la ONG catalana a 124 millas de la zona de rescate. No ha sido fácil. Los obstáculos para dejar atrás Malta y zarpar en busca de vidas en peligro han sido muchos, pero no han logrado frenar a su tripulación. “Mientras estamos aquí, están pasando cosas. Podría haber gente a la que salvar”, decía Oscar Camps, presidente de la ONG cuando aún se encontraba en tierra maltesa.
A medianoche, la tripulación, ya unida, logró por fin emprender el camino. Su equipo recargó el barco de rescate con decenas de bolsas cargadas de mantas, medicinas, productos de higiene, raciones de emergencia, pañales...
Aquellas mantas que ya han cubierto a miles de personas durante las casi 50 misiones que acumula en el Mediterráneo Pro Activa Open Arms. Los medicamentos que estabilizarán a los náufragos en caso de rescate. Una veintena de bidones de gasolina para llegar allá donde los necesiten. Intentan no dejar nada, todo puede hacer falta.
Entre aplausos y cantos despedían este sábado a parte de la tripulación que debía volver a puerto. Víctor, el cocinero que ha cuidado y alimentado al equipo desde su salida de Valencia, decía hasta pronto entre lágrimas de emoción: “Suerte”.
La tripulación del Open Arms ordenó el nuevo material y suministros en tiempo récord. “Venga, ahora ya podemos empezar a hacer nuestro trabajo”, decía otro miembro de la tripulación.
Es la primera misión del Open Arms después del secuestro del buque por parte de la justicia italiana. Su presencia, como la del resto de ONG de rescate, es incomóda. Tres meses después, había ganas de dejar a un lado las trabas burocráticas, los problemas jurídicos, la incertidumbre sobre en qué puerto terminarán.
Mientras los jefes de Estado europeos se reúnen en una cumbre informal sobre asuntos europeos; mientras hablan de ellos en los despachos, el Open Arms se dirige a la zona donde pueden hacer lo que saben hacer: salvar vidas.