Luis de Guindos acaba su periplo como el vicepresidente del BCE más halcón del Sur
“Me enorgullece que, durante mi mandato de los últimos ocho años, no hayamos tenido ningún incidente importante en materia de estabilidad financiera en la zona del euro”. Con estas palabras, Luis de Guindos (Madrid, 1960) hacía su propio resumen de su carrera en el Banco Central Europeo (BCE) como vicepresidente, que llega a su fin este 31 de mayo tras ocho años en el cargo. En este sentido, De Guindos no engaña. El que fuera ministro de Economía e Industria con Mariano Rajoy y secretario de Estado de Economía con José María Aznar siempre ha estado más preocupado por los bancos que por los ciudadanos.
En la semana de su salida, sin embargo, De Guindos ha tratado de redimir su figura como un moderado dentro del consejo de gobierno del BCE. “Yo estoy en el centro. Sí fui más halcón antes”, comentó en una entrevista en El País el expresidente en España de la fallida entidad Lehman Brothers, cuya caída fue precursora de una de las mayores crisis económicas de la historia. Sin embargo, la trayectoria de De Guindos apunta que ha sido uno de los más duros dentro de la institución que dirige la política monetaria, siempre haciendo seguidismo de los halcones más rígidos, como la alemana Isabel Schnabel.
Cada seis semanas, en las reuniones del consejo de gobierno del BCE junto a los gobernadores centrales de los bancos nacionales europeos, De Guindos ha mostrado su faceta más inflexible. Su talante se endureció especialmente a partir de febrero de 2022, cuando la invasión de Ucrania por parte de Rusia encendió una crisis inflacionaria que llevó al BCE a aplicar la medicina de ahogar a la economía para rebajar los precios.
Entonces, al ex ministro de Economía poco le interesaron los intereses de España, un país de la zona euro más sobreendeudado y con un fuerte desequilibrio presupuestario al que la subida de tipos provocaba una fuerte contracción tanto para las familias como para las empresas, según recuerda un cargo del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Eran los tiempos en los que pedía contención fiscal a los Gobiernos, pese a las carencias que sufrían ciudadanos y empresas.
De Guindos actuó siguiendo el manual ortodoxo de la economía, aplicando un fuerte castigo que pagaron, sobre todo, los ciudadanos y enriqueció a los bancos. Solo hay que recordar que las grandes entidades financieras han tenido beneficios récords en los últimos años. “La resiliencia de los bancos europeos es una de las pocas ventajas estructurales de Europa”, comentó esta semana el vicepresidente del BCE en la presentación del informe de Estabilidad Financiera.
Aunque siempre ha sido un ardiente defensor del objetivo del BCE para controlar la inflación -“nuestro mandato es claro, la inflación. El objetivo es claro: la estabilidad de precios, definida por el 2% de inflación a medio plazo”, ha declarado en reiteradas ocasiones-, ahora Guindos ha cambiado levemente el discurso.
Ya sea porque no estará en el comité que el próximo 11 de junio tomará la decisión sobre una posible subida de los tipos debido al conflicto de Oriente Medio, o por tratar de marcharse dando la imagen de preocupación por otros aspectos económicos, De Guindos apuntó en una entrevista en Bloomberg que “hay que tomar en consideración el impacto sobre el crecimiento. Si se observan los indicadores blandos, los indicadores de confianza, estos apuntan claramente a un impacto importante sobre el crecimiento” a la hora de tomar una decisión de política monetaria.
A partir del próximo lunes, De Guindos apunta que se va a dedicar a la enseñanza, con la dirección de la Cátedra de Política Económica Europea de la Universidad de Comillas, y colaborando con la escuela de negocios IESE.
Parte de la historia económica más oscura de España
Echando una mirada al pasado, De Guindos justificó su nombramiento para la vicepresidencia del BCE como culmen de un objetivo del que se cree merecedor tras su papel en el rescate financiero de España y la negociación de las prórrogas del déficit con la Comisión Europea. “He hecho aportaciones con humildad, he puesto mi granito de arena y en el aspecto económico la verdad es que no ha salido mal”, apuntaba en una entrevista en el diario ABC.
“El fichaje”, como le llamaban sus compañeros de consejo de ministros, al que se incorporó directo desde el consejo de administración de Endesa, por su negativa a afiliarse al Partido Popular, es licenciado en Ciencias Económicas, técnico comercial y economista del Estado. Esta independencia ante el partido no era obstáculo para ser un fijo en los seminarios y publicaciones de FAES, el think tank del expresidente del Gobierno José María Aznar, ni le impidió ir subiendo peldaños en su carrera impulsado por sus participaciones en los sucesivos Ejecutivos populares.
Si hay algo que caracteriza a De Guindos es que siempre se ha mostrado ajeno a las repercusiones negativas de los años de la política económica del aznarismo o de su actuación al frente del Ministerio de Economía durante el Gobierno de Rajoy en los años más duros de la gran crisis económica.
La sumisión a los postulados alemanes no solo ocurrió en el BCE. El ex ministro griego de Economia Yanis Varoufakis describió a De Guindos en su libro Adultos en la Habitación como un “cheerleader del ministro alemán, Wolfgang Schäuble. Estaba constantemente luchando por demostrar que era más schaublista que Schäuble”. Las grabaciones del #EuroLeaks evidencian cómo fueron las discusiones del Eurogrupo sobre la crisis profunda que azotaba a Europa y el papel del ministro español: mucho más próximo a un país como Alemania que a uno del sur como Grecia.
Precisamente, como titular de la cartera de Economía prometió una reforma laboral “extremadamente agresiva” y tuvo que enfrentarse a la salvación del sistema bancario español con un rescate que solicitó a la Unión Europea y que anunció el sábado 9 de junio de 2012. Guindos aseguró que ese rescate no era tal (“Esto no tiene que ver con un rescate, es un préstamo en condiciones muy favorables”, afirmó) y que no costaría un euro a los españoles. Pero la factura superó los 60.0000 millones de euros, una cifra que no evitó que el ministro de Economía se pusiera la medalla como salvador de la economía española en su libro de memorias, España amenazada.
En las maniobras para el rescate bancario tuvo que sacrificar a su padre político y arquitecto del supuesto milagro económico de Aznar, Rodrigo Rato, que entonces era presidente de Bankia. Rato cuenta en un libro que De Guindos lo citó en su despacho del Ministerio junto a los presidentes del Santander (Emilio Botín), del BBVA (Francisco González) y de La Caixa (Isidre Fainé) y allí se fraguó su defenestración para “poder pedir un rescate bancario porque España no tenía dinero en el invierno-primavera del 2012” y “el rescate tipo Grecia era inviable por el tamaño de la economía española”.
El banco malo, la denominada Sareb, que creó De Guindos para albergar los activos inmobiliarios tóxicos de la banca española en crisis nunca ha terminado de funcionar correctamente. Ese 2021 el diario Financial Times lo calificó como el peor ministro de Economía europeo junto con el húngaro Gyorgy Matolcsy. Pero además, la UE anunció en 2021 que los 35.000 millones de euros que eran deuda de Sareb tenían que ser definidos como deuda pública.
Aunque estos elementos deberían servir para que De Guindos admitiera el fracaso de su gestión, cuando se le preguntó por el banco malo en una comisión del Parlamento Europeo, el ex ministro salió a defender su creación: “Yo tengo la experiencia del banco malo que se incorporó en España, la Sareb. A mi modo de ver, el banco malo es el instrumento más poderoso para limpiar la situación de algunos bancos, esos activos tóxicos se transfieren directamente al banco malo. Y no es una cuestión solo de limpiar, por así decirlo, sino de gestión del banco, porque así el banco se puede centrar plenamente en los negocios bancarios y olvidarse de cómo gestionar esos créditos tóxicos y esos activos tóxicos que tienen”. Siempre pendiente de que a los bancos les vaya bien.