Las cinco claves de una psicóloga experta en pareja para frenar las discusiones por el orden en casa

Unos calcetines en el suelo, un montón de ropa sobre una silla o una pila de platos sin fregar pueden ser simplemente tareas pendientes o pueden convertirse en la mecha que encienda un reproche o una tensión acumulada. El orden es el origen habitual de discusiones en el 17% de los hogares españoles, según el estudio Hábitos y Actitudes hacia el orden en los hogares españoles elaborado por Ikea, que también recoge que el 52% de los españoles siente culpa por no saber gestionarlo mejor y el 32% experimenta ansiedad directamente vinculada al caos doméstico.

“Detrás de todas estas discusiones, lo que nos encontramos en terapia de pareja es que hay un conflicto que tiene que ver mucho con los estilos de apego: uno puede sentir que no se le tiene en cuenta, que sus necesidades no son importantes para el otro, y la otra parte suele sentir que no es suficiente porque no hace las cosas lo suficientemente bien nunca”, explica Diana Sánchez, directora de Psicólogas en Torrelodones y terapeuta de pareja, que asegura que cada parte interpreta la situación desde su propia herida.

A este choque en cómo cada uno percibe el desorden se suma la respuesta biológica de cada cual. “Hay personas que experimentan el desorden físico como una especie de sobrecarga ambiental que les eleva incluso el cortisol, mientras que el orden espacial les da sensación de control cognitivo y autorregulación”, señala la especialista, que contrapone el ejemplo de quien convive cómodamente con el caos y no lo percibe como amenazante, sino como funcional.

“Hay estudios que dicen que la tolerancia al desorden depende también de la interacción que cada persona tenga entre su regulación emocional, la socialización y la personalidad. Es bastante curioso porque la necesidad individual frente a la tolerancia al desorden tiene que ver con cómo hemos aprendido a regularnos con el estrés”, apunta la psicóloga.

Romper el círculo de la discusión

“Cuando las discusiones se convierten en cíclicas, normalmente estamos repitiendo lo que llamamos un 'tango', una especie de baile en el cual yo te digo y tú me respondes, pero entramos en un bucle infinito de malestar”, ilustra Sánchez sobre estas dinámicas que pueden ser difíciles de romper si perpetuamos los reproches. “Quizá el error más común es intentar querer que la otra persona haga las cosas exactamente como nosotros las hacemos o como nosotros deseamos que las hagan”, advierte la especialista.

A pesar de que el desorden llega a condicionar la vida social de casi dos de cada cinco españoles, según el estudio citado, existe un amplio margen para el entendimiento, ya que el 76% de los encuestados se muestra abierto a negociar la convivencia con el desorden ajeno. ¿Cómo transformar esas broncas en acuerdos?  

Buscar el momento para hablar

“Lo primero es hablarlo mucho, no en el momento de los enfados, sino en otro momento, y buscar soluciones consensuadas”, aconseja Sánchez, que alerta de que abordar el problema en pleno enfado solo alimenta el conflicto. 

Explicar el porqué

Exponer la necesidad profunda que hay detrás de una petición cambia la disposición del otro, defiende la terapeuta: “Cuando uno le explica al otro por qué le ha pedido hacer una cosa y por qué se la pide de una determinada manera, el otro lo entiende y lo hace, porque sabe por qué lo está haciendo de esa manera”.

Ponerse en el lugar del otro

Si hay una reacción desmedida es pertinente tratar de desescalar y preguntarse si esa reacción responde al momento presente o a vulnerabilidades pasadas. “Lo que puede ser para nosotros algo que no tiene importancia, a la otra persona le puede estar detonando con otras cosas mucho más profundas”, explica la especialista. “Hay que negociar sintiendo que yo puedo dar, pero que también puedo recibir”, añade. 

Ejercitar la paciencia

“Roma no se construye en dos días; es poquito a poquito alcanzando pequeñas cosas y reconstruyendo”, recalca la psicóloga, que asegura que modificar hábitos arraigados requiere tiempo y progresividad. 

Además de lo anterior, Sánchez abre la puerta a pedir ayuda cuando la situación sobrepasa los recursos de la pareja. “Ya no digo de forma externa, que también si es posible, pero a veces incluso a los propios hijos, que pueden ayudar a establecer esos consensos”, concluye.