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Entrevista

Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia

Comprar una entrada de cine o encender la televisión después de cenar y dejar el móvil en modo avión puede ser un hábito cotidiano de pura evasión. Apagar las luces, acallar las preocupaciones del día y dejar que las vivencias de un personaje centren nuestra atención durante un par de horas. Sin embargo, hay quien en una secuencia cinematográfica de apenas tres minutos consigue todo lo contrario: no huir de los problemas, sino mirarlos de frente.

“Muchas cosas pueden resultarnos terapéuticas en la vida cotidiana, pero eso no es un proceso de terapia. Por eso nosotros no prescribimos películas; lo que hacemos es analizar pequeños fragmentos que funcionan como un recurso clínico preciso dentro de un tratamiento individualizado”, dice el psicólogo sanitario Jesús Rivero, coautor junto al también psicólogo y guionista Fernando Samper del libro Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia (Ediciones Psara, 2026).

El manual, gestado tras años de experiencia en consulta y formación docente de ambos profesionales de la plataforma yees!, recopila una selección totalmente heterogénea de cien escenas de películas, series y cortometrajes, con sus respectivas fichas técnicas, orientadas a trabajar problemas tan frecuentes como fobias, depresiones o la baja autoestima. 

“Una secuencia concreta puede reflejar con exactitud el comportamiento que una persona tiene, el que teme tener o el que desea modificar”, explica Rivero, especializado en el análisis de conducta y las terapias contextuales. “Cuando una persona intenta entender sus conflictos, la vergüenza o la culpa a menudo bloquean el relato. Ver esa misma dinámica proyectada en la pantalla de un televisor permite tomar perspectiva: ya no es algo 'mío' que me abruma, sino algo que observo desde fuera y que puedo analizar con distancia”, añade.

Este tipo de aproximación indirecta es especialmente útil con pacientes que se encuentran estancados o les cuesta poner en palabras vivencias traumáticas. “No es necesario conocer la película entera ni ser un apasionado del séptimo arte”, defiende el psicólogo. “La secuencia funciona por sí misma dentro de la sesión y lo que ocurre en esos tres minutos de metraje basta para detonar el objetivo terapéutico que estamos trabajando”, señala.

Los cien fragmentos del manual recorren la historia audiovisual en orden cronológica desde el Hollywood dorado con Ciudadano Kane (1941) de Orson Welles, a la televisión española más contemporánea con Física o Química: las nuevas generaciones (2025), que retoma el universo de la serie original emitida entre 2008 y 2011.

Cuando una persona intenta entender sus conflictos, la vergüenza o la culpa a menudo bloquean el relato. Ver esa misma dinámica proyectada en la pantalla de un televisor permite tomar perspectiva

“Organizarlo por temas habría significado restringir el propio recurso”, argumenta Rivero sobre la estructura del libro. “Una misma escena puede servir para objetivos clínicos muy diferentes en función del paciente y el momento del proceso. Preferimos mantener una estructura cronológica y añadir al final un índice temático orientativo, invitando a que cada terapeuta elabore su propio mapa”, justifica. 

Preguntado sobre a qué personaje de ficción le gustaría recibir en su consulta de Gijón, Rivero revela su cariño por Fox Mulder, el agente de la serie Expediente X: “Con todo el trauma no resuelto en torno a la desaparición de su hermana, arrastra una carga enorme de sufrimiento que condiciona cada una de las decisiones de su vida”. En el plano infantil, se decanta por un clásico de los ochenta: “Bastian, de La historia interminable, es un niño golpeado por el acoso escolar que busca refugio desesperado en la fantasía de los libros. Trabajar con él desde la psicología infantil sería fascinante”. “Son personajes que a mí personalmente me gustan y que no me importaría poder ayudarles, si ellos lo decidieran así”, añade.

Annie Hall, Tiburón, Los Simpson, El Resplandor, Buscando a Nemo, Cisne negro, La red social o Los Vengadores conviven entre las páginas de este libro, concebido como un manual de recursos para psicólogos, que ha terminado desbordando las paredes de la consulta. “Inicialmente, lo enfocamos para el trabajo en sesión, pero nos llega un gran feedback de personas ajenas a la psicología a las que el libro les permite ver el cine de otra manera”, afirma Rivero, que cree que cualquier lector curioso puede disfrutar descubriendo los pliegues psicológicos que esconden sus películas favoritas, aunque insiste en que no se trata de una guía de autoayuda ni autoterapia para aplicarse uno mismo. “Incluso desde el mundo del cine, directores, guionistas, incluso actrices y actores nos han dicho que les sirve también para poder ver la repercusión que puede tener aquello que están mostrando en pantalla, cómo construir los guiones o cómo dirigir”, confiesa.

“Este libro no le dice al profesional 'usa esta película para la ansiedad' o 'aplica esta otra para la depresión'. Nosotros facilitamos el análisis de la secuencia y el trabajo previo, pero el terapeuta tiene que moldear el recurso en función de la persona que tiene delante. La psicología rigurosa exige contextualizar siempre”, advierte el especialista. “No somos nada fans de las recetas en psicología”, asegura con rotundidad, ante la tendencia de las soluciones fáciles y el consumo rápido de autoayuda en cuanto a la salud mental.

Tras la gran acogida y el interés por Psicosecuencias desde más allá de la psicología, Jesús Rivero y Fernando Samper han empezado grabar un videopodcast divulgativo con el mismo nombre. “En cada episodio analizaremos una secuencia acompañados por invitados del ámbito de la cultura, el cine, el deporte o las artes escénicas. Queremos cruzar miradas: ver qué descubre un psicólogo en una escena, pero también qué aprecia en ella un actor o un deportista de élite. En definitiva, invitar a la gente a mirar el cine con otros ojos”, adelanta Rivero, que declara que no estará enfocado únicamente a especialistas, sino que será accesible para todos los públicos.

Para comprender en detalle el método planteado por Psicosecuencias, a modo de ejemplo, Rivero analiza para elDiario.es cinco escenas míticas, desde la conducta y la emocionalidad, lejos de juzgar su estética o de la pura crítica cinematográfica.

Casablanca y el duelo bloqueado

En la escena final del aeropuerto, Rick Blaine renuncia a su deseo personal por un bien mayor. “Con esa serenidad, Rick evita entrar en contacto con el miedo y la tristeza que le produce la despedida. Actúa según las normas de su época, que pedían a un hombre cumplir con su deber sin mostrar debilidad. Así protege su imagen, pero se queda sin llorar la pérdida y el duelo se atasca”, observa el psicólogo, que aunque cree injusto juzgar a Rick con los criterios actuales, ante esa imagen del hombre fuerte, “decir que algo me está doliendo permite que los demás sepan cómo estamos y puedan acompañarnos”, valora.

Pulp Fiction y la comunicación informal 

En la primera escena de la película se muestra a Vincent y Jules charlando distendidamente en el coche sobre comida rápida y si es aceptable echar mayonesa a las patatas, justo antes de una situación de alto riesgo. “Esa charla les ayuda a bajar la tensión y a llegar al momento difícil sintiéndose parte de un equipo. Cuando el trabajo exige mucho, el apoyo de los compañeros amortigua el estrés y, con el tiempo, ayuda a prevenir el agotamiento profesional”, considera el especialista, dejando a un lado el trabajo que realizan ambos compañeros. “Su humor les sirve para aguantar la presión y no indica que se tomen a la ligera lo que está en juego”, explica Rivero, que cree conveniente cuidar esos ratos en los equipos de trabajo, ya que “después de hablar del fin de semana a veces resulta más fácil decir ‘últimamente estoy bastante agobiado'”.

The Office y las formas del acoso laboral

En el segundo episodio de la segunda temporada de la serie estadounidense, Michael Scott confiesa que asigna a sus empleados personajes de Friends. Más tarde, insiste en que un vídeo obsceno de un mono no ofende a nadie y, por último, Todd Packer, un amigo suyo que viene de fuera, hace un comentario despectivo sobre la orientación sexual de Jim, un empleado. “Los personajes son tan exagerados que es fácil pensar ‘yo no soy así’, pero el episodio sirve para reconocer las versiones pequeñas de acoso laboral, como el mote que nadie eligió o los comentarios sobre el aspecto de una compañera”, detalla Rivero, que distingue tres formas distintas de acoso, de la menos a la más explícita. 

“Decir ‘era una broma’ explica la intención de quien habló, pero deja sin atender cómo lo vivió quien la recibió. Si la empresa tolera estas conductas, se repiten y van a más”, declara.

Her y la ansiedad tecnológica

Cuando Theodore intenta comunicarse con Samantha, su sistema operativo, pero no obtiene respuesta y recibe el mensaje de “sistema operativo no encontrado”, entra en pánico, reinicia el dispositivo de forma compulsiva y corre desesperado. “Theodore reacciona como alguien a quien le retiran de golpe aquello de lo que depende: se angustia, la busca con desesperación y su cuerpo se altera por completo. Cuanto más ocupa un aparato el lugar de las personas, más indefenso queda uno cuando falla”, aporta el psicólogo.

“Algo de lo que vive Theodore aparece cuando revisamos una y otra vez si alguien ha contestado un mensaje, o cuando sentimos que el día depende de recibir una respuesta. El riesgo crece cuando casi todo el bienestar pasa por un solo contacto y la tecnología ocupa el sitio de las personas cercanas. Tener otras relaciones y actividades propias da más sitios donde apoyarse cuando uno falla”, compara.

Call me by your name y la validación emocional

El potentísimo monólogo de Mr. Perlman, el padre de Elio, cuando al final de la película, le habla a su hijo de la naturaleza del dolor, para acompañarlo y ayudarlo a comprender su tristeza. “El padre no intenta arreglar la situación ni le pide que pase página. Le dice que esa tristeza refleja la alegría y la conexión que ha vivido, y le pide que no se cierre para dejar de sufrir. Así le transmite que su dolor tiene sentido y que puede sentirlo”, examina Rivero, que anima a ayudar a los demás de la misma manera, sin quitar importancia a lo que sienten “o, simplemente, quedándonos a su lado en silencio”. 

El experto también advierte de que es posible sentir envidia o pena al ver la escena si nunca se contó con una figura así. “Conviene tomarla como ejemplo de lo que ayuda y no como la medida de lo que debió ser su pasado”, concluye.