Mireia Font, psicóloga: “La confianza consiste en observar si la otra persona es coherente y respeta nuestros límites”
Confiamos en las personas que tienen integridad y cuyas acciones se corresponden con sus palabras. Confiamos en alguien con quien podemos contar en cualquier momento. Y la confianza se define también como una acción basada en tener seguridad o confianza en uno mismo. Pero, ¿qué hace que algunas personas no logren confiar en la gente? Algunas lo pueden atribuir al hecho de que cada vez que han depositado esa confianza las han decepcionado, por lo que les es más fácil y menos doloroso no hacerlo, pero es importante descubrir las razones que hay detrás de la lucha por decidir si confiar o no en alguien.
“No elegimos confiar o desconfiar. La confianza es una experiencia que se va construyendo a lo largo de nuestra vida”, explica Mireia Font, psicóloga sanitaria, que añade además que es importante dejar claro que confiar o no en alguien no es algo racional.
Razones por las que nos cuesta confiar en los demás
Con los años, y de una forma inconsciente muchas veces, aprendemos que vincularnos a otras personas puede implicar sufrimiento y esto hace que desarrollemos formas de protección. “La desconfianza es una de ellas”, afirma Font, para quien más que preguntarnos por qué alguien desconfía lo más adecuado sería plantearnos qué es lo que ha vivido esa persona para que necesite protegerse de esa manera.
Muchas veces, la dificultad para confiar en los demás suele deberse a experiencias pasadas, patrones de apego y estrategias de supervivencia que tenían sentido en su momento, pero que ahora nos frenan. No se trata de debilidad personal. Esta forma de protegernos la aprendemos, en parte, de “nuestras primeras relaciones: cuando somos niños, dependemos completamente de las personas que nos cuidan. Si responden de forma suficientemente estable y nos hacen sentir seguros, vamos aprendiendo que el otro puede ser alguien en quien apoyarnos”, afirma Font.
De esta manera, podemos construir una confianza básica en los vínculos. Pero, cuando el entorno no ha favorecido todo esto y, en cambio, “ha habido rechazo, abandono, imprevisibilidad o traiciones importantes, es comprensible que aprendamos otra cosa: que vincularnos puede ser peligroso”, reconoce Font. “En estos casos la desconfianza pasa a entenderse como una forma de protección para seguir adelante en ese entorno”, añade la psicóloga.
La construcción de vínculos más allá de la infancia
Pese a todo, “la infancia no determina cómo nos vamos a relacionar el resto de nuestra vida porque seguimos construyendo vínculos a lo largo de los años y esas nuevas experiencias también pueden ayudarnos a revisar esa manera de relacionarnos con los demás y a recuperar poco a poco la confianza”, admite Font.
Detrás de la dificultad para confiar es común pensar que hay un tipo de persona controladora, pero Font afirma que esto descirbe en realidad una “persona que intenta sentirse segura; no siempre la desconfianza se traduce en querer controlarlo todo porque también hay quien evita, quien no pide ayuda, quien se distancia emocionalmente o quien necesita comprobar siempre que el otro no le va a fallar poniéndolo a prueba. Son formas distintas de hacer frente a un mismo miedo”.
Podemos perder la confianza en alguien de mil maneras distintas. Si ha traspasado los límites de nuestras relaciones, probablemente lo veremos como una amenaza para nuestra seguridad y bienestar. El engaño o la infidelidad son ejemplos comunes.
“Desde la psicología entendemos que las defensas no aparecen porque sí: son estrategias que en algún momento tuvieron una función, no porque quiera controlar o no sea capaz de confiar, sino porque quizás no puede tolerar el riesgo de volver a sentirse desamparada o de volver a experimentar un sufrimiento que ya conoce”, admite Font.
Los problemas de confianza pueden afectar muchas áreas de nuestra vida, así como las relaciones personas y profesionales. Estos problemas pueden derivar en dificultades en las relaciones, soledad, aislamiento, estrés, agotamiento y perfeccionismo, que pueden “acabar dificultando precisamente aquello que necesitamos y deseamos: construir relaciones donde sentirnos seguros. Para poder abrirnos a alguien, para dejarnos conocer y establecer un vínculo profundo, necesitamos asumir cierto grado de confianza”, afirma Font.
Cómo mejorar la confianza en los demás
La buena noticia es que podemos aprender a superar los problemas de confianza. La clave está en empezar a tomar riesgos emocionales seguros con personas que no nos han hecho daño ni nos han traicionado. Aunque esto no significa que no dejemos de protegernos.
“La confianza se construye poco a poco a través de la experiencia relacional con el otro, no consiste en creer ciegamente en una persona, sino en ir observando si hay coherencia entre lo que dice y hace, si respeta nuestros límites y cómo responde cuando aparecen los conflictos propios de cualquier relación”, explica Font.
Nadie es perfecto, a veces los otros nos fallan y en otras ocasiones fallamos nosotros. Por tanto, debemos aceptar el riesgo que implica confiar. La realidad es que, tarde o temprano, alguien nos decepcionará. Pero eso no significa que nuestra relación con esa persona haya terminado, se trata de establecer y comunicar las expectativas adecuadas, así como los límites.
“Un límite no es una forma de castigar al otro ni significa cerrar la puerta a la relación. Tiene que ver con saber reconocer qué necesito, qué es importante para mí, qué puedo aceptar y qué no, y poder expresarlo. Tampoco significa conseguir que el otro cambie sino poder posicionarme yo ante aquello que ocurre en el vínculo y actuar en consecuencia si algo no me hace bien”, aclara Font, para la que unos límites claros suelen facilitar la confianza.
¿Y cuando la confianza se ha perdido? ¿Puede volver a recuperarse?
La confianza puede tardar años en conseguirse, y puede destruirse en un instante. “Reconstruir la confianza tiene más que ver con poder elaborar lo que nos ocurrió, entender cómo nos afectó y permitir que nuevas experiencias tengan la oportunidad de mostrarnos que no todas las relaciones son iguales”, admite Font.
El camino para reconstruir la confianza es muy personal y distinto para cada persona y es importante recordar que no se puede acelerar el proceso. “La confianza no se recupera de golpe y porrazo, sino cuando vivimos relaciones en las que, de forma repetida, experimentamos que el otro puede ser alguien fiable”, afirma Font. Intentar esta recuperación y lograrla nos permite dejar de lado la losa que supone tener que estar pendientes de que algo puede salir mal, todo esto requiere mucho esfuerzo.
Pero volver a confiar no significa creer en un mundo idílico, porque no existe. “Si esperamos que el otro nunca falle, en realidad no estamos confiando, sino idealizando, y eso es fácil que termine mal. Confiar implica aceptar que el vínculo siempre conlleva cierto riesgo, pero también es lo que hace posible sentirnos acompañados, pedir ayuda cuando lo necesitamos y experimentar cierta intimidad que sería imposible si siempre estuviéramos a la defensiva”, concluye Font.