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La comisión de Mata Hari

Juan Carlos Escudier

Tras investigarse concienzudamente a sí misma y a su entorno por espacio de unos minutos, Esperanza Aguirre ha confirmado que nadie de los suyos espió a los otros, que también eran de los suyos pero recelaban de sus calcetines. No tenía sentido, por tanto, mantener abierta la comisión en la Asamblea de Madrid ni un segundo más. Sus conclusiones determinarán que los culpables son, por este orden, la prensa canalla, los espiados, que mienten más que hablan y, además, afanan portátiles al descuido, y el conde de Romanones, que inspiró a Leguina la creación de un servicio de información que heredó Gallardón y que éste, sin avisar, dejó en activo para que Aguirre pudiera espiar a sus rivales políticos, algo que tras arduas indagaciones se ha demostrado falso.

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