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Crónicas marcianas

Manuel Rico

El principal elogio que puede hacerse del último libro firmado por José María Aznar es que resulta de fácil lectura. Un feliz acontecimiento producto de dos factores. Primero: el lenguaje en que está escrito, que combina el tono de bloguero primerizo cuando habla del Gobierno socialista con la grisura de unos apuntes universitarios en las páginas dedicadas a explicar la crisis mundial y las bondades (infinitas) de las políticas económicas que Él puso en práctica en España. Segundo: la falta de cualquier idea original, de cualquier propuesta que no haya sido manoseada por los conservadores del planeta durante las últimas tres décadas, lo que ahorra al lector todo esfuerzo intelectual.

Son unos folios que ha podido escribir perfectamente Aznar, pero también el último becario aterrizado en Faes. Llamarle ensayo sería un verdadero atrevimiento; difícilmente llega a cuento corto. Circunstancia esta que obliga a realizar un segundo elogio de España puede salir de la crisis: sus 202 páginas con letras (hay otras 17 felizmente en blanco) se leen en 120 minutos.

Sería injusto, en todo caso, detallar sólo los elogios. El libro tiene también serios defectos, entre los que sobresale esa inclinación aznariana hacia la mentira o la manipulación. Hay falsedades groseras, que insultan a la inteligencia del lector, por ejemplo cuando el autor afirma que los socialistas españoles han prohibido por ley los contratos temporales (página 101). Hay mentiras evidentes, como sostener que la presión fiscal en España “ha subido más de tres puntos del PIB” desde 2004 (pág. 103), cuando en realidad ha caído en 2008 al nivel más bajo en 13 años. Hay manipulaciones descaradas, como escribir que se ha producido un “desplome de la inversión extranjera en nuestro país” desde que gobierna Zapatero (pág. 110), cuando el gran recorte de la inversión extranjera se produjo precisamente durante la segunda legislatura del PP –pasó de 40.700 millones de euros anuales en 2000 a tan solo 22.700 en 2003–, mientras que en 2008 registró un máximo histórico de 43.967 millones. Y así se podría seguir poniendo un ejemplo tras otro.

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