La culpa es de los turcos por no hablar en cristiano
Tuvimos suerte. El general Navarro sólo firmó el acta turca sobre los cadáveres del Yak-42 y no una declaración de guerra. “Si llego a saber lo que decía el acta ¿cómo voy a firmar?”, dice ahora impasible el general, que responsabiliza a Turquía del desastre en la identificación de los cuerpos. Sin embargo, el general de la firma confiada también ha apuntado en su declaración al gran ausente en el juicio, el ministro que nunca dimitió: Federico Trillo.
Según el general, Trillo sólo le encargó recoger los cuerpos, no identificarlos. Y si tampoco Defensa ordenó después, al llegar a España, que se identificasen los cadáveres, ¿cómo esperaba el ministro que se aclarase qué cuerpo iba en cada bolsa?
Federico Trillo, como máximo responsable de aquel Ministerio de Defensa, traicionó dos veces a las víctimas del Yak. La primera, cuando permitió que soldados españoles volasen en un avión impropio hasta para el contrabando de opio. La segunda, cuando las prisas por enterrar políticamente su error provocaron que muchas familias llorasen a un muerto que no era el suyo.
Aún queda mucho juicio. Tal vez más adelante descubramos que el mando militar que firmó el contrato del Yak tampoco sabía ruso. Saber idiomas es útil. No enterarse puede serlo mucho más.