Mi Jaguar
“Escolar, el troskista con jaguar deportivo”, dice un comentario anónimo en Menéame. No es la primera vez que me acusan de conducir un coche de lujo y, como ya he contado en varias ocasiones, no es verdad. Tengo un coche bastante más normal, un Volkswagen Golf de segunda mano que reemplazó, hace unos meses, a un Renault Megane prestado. No creo que ser de izquierdas te obligue al voto de pobreza, pero tampoco me gustan mucho los automóviles. Sin embargo, me sorprendió la obsesión con esa marca en concreto, pues no es la primera vez. Hace unas semanas, Alfonso Ussía también atizó a Público como “el periódico de los troskistas con Jaguar descapotable”.
Tanta fijación con Jaguar me hizo sospechar. Así que recapacité. Y sí, ahora que recuerdo, hace poco me compré un Jaguar y presumí de ello en Facebook; tal vez venga de ahí la copla. Es de color rojo eléctrico, con pastillas activas, acabados de madera lacada y un arrebatador aire retro en sus mandos. No salió demasiado caro, pues lo traje de Estados Unidos y el petroeuro ayuda. Me encanta su rugido y gasta poco, aunque no tiene nada de deportivo ni tampoco es descapotable. Es un bajo eléctrico: un Fender Jaguar Bass. Lo afino a diario pero no pienso tunearlo.