La nube de caspa
La nube de caspa franquista que todo lo cubre desde que el Tribunal Supremo comenzó esta nueva fase de volcánica actividad tendrá consecuencias terribles, y no sólo para el reo Baltasar Garzón o para la propia imagen de la Justicia en España. Las toneladas de partículas grises que aún emiten esos cenizos y sus colegas del Constitucional también afectan a los dos grandes partidos, al PSOE y al PP. No gripan sus reactores, al contrario. La nube de caspa les hace despegar.
En el caso del PP, las ventajas del proceso a Garzón son claras. Por algo fueron ellos quienes cebaron el volcán. Con su inhabilitación, abren la puerta al archivo de la Gürtel por defecto de forma y dejan claro quién manda en la Justicia española –por si algún otro juez se olvida en el futuro–. Ya de paso, van a lograr que el caso Faisán pase a un nuevo magistrado que, con suerte, lo podrá vestir de pavo hasta que parezca un nuevo GAL. La nube de caspa además es una fantástica cortina de humo que sirve para que no hablemos de esa tontería que también tiene pendiente el Supremo: la reapertura del caso de los trajes y la financiación ilegal del PP en Valencia; la probable nueva imputación de Francisco Camps.
Pero no sólo el PP florece entre la caspa. En el PSOE, dentro de lo malo, también saben reciclar. La persecución a Garzón ha conseguido movilizar a gran parte del votante de izquierdas; precisamente a ese sector más desencantado con la política económica de Zapatero y su viraje a la ortodoxia liberal de la mano de MAFO, el apóstol de la reforma laboral. Con la derecha mediática, judicial y política en pleno eructo, Zapatero ya no necesita nuevos guiños a la izquierda. Basta con explotar el miedo al volcán.